El contraste entre los discursos oficiales y la realidad social vuelve a evidenciarse en Ecuador.
El presidente Daniel Noboa afirmó que “la banca ha tenido su mejor año de la historia” y que, así como lo hará el Gobierno, invita a las instituciones financieras a “pagar el décimo tercer sueldo el 14 de noviembre”. Según Noboa, “si al Ecuador le va bien, a todos debe irles bien”, enfatizando su deseo de que “cada sector y ciudadano prospere”.

Sin embargo, la realidad mostrada por estudios nacionales e internacionales cuenta otra historia.
El alcalde de Quito, Pabel Muñoz, citando una encuesta de CID Gallup, advirtió que “el 55% de las familias ecuatorianas dijo que le faltó dinero para comprar comida en el último mes”. En la capital, los datos del Municipio refuerzan la alerta: “el 14% de los hogares encuestados refirió haber dejado de comer por falta de recursos”.

Mientras el sistema financiero celebra ganancias históricas, millones de ecuatorianos enfrentan inseguridad alimentaria y precariedad económica.

Desde la Alcaldía de Quito, se ha impulsado el programa ABI (Ayudas, Becas e Incentivos), que incluye un bono alimentario para niñas y niños menores de cinco años, como respuesta a la creciente pobreza alimentaria.

El contraste entre ambos discursos —el optimismo del Gobierno y la advertencia de las autoridades locales— refleja la profunda brecha entre los indicadores macroeconómicos y la vida cotidiana de las familias ecuatorianas.


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