Por supuesto que solo a mis amistades y a quienes leen este blog les interesa mi pronóstico sobre quién ganará el Oscar 2026 a la Mejor película. No he seguido como un apostador profesional los premios que cada una de las producciones ha ganado en la temporada previa al Oscar, pero algo he leído al respecto y he visto casi todas las nominadas, excepto una[1], y todas las favoritas de las quinielas. Entre las favoritas están Sinners, One Battle After Another,Hamnet, Marty SupremeySentimental Value, que son propuestas de cine tan disímiles que vuelven muy difícil el intento de compararlas. Esta tentativa de pronóstico, por lo tanto, es una mezcla de mis gustos de cinéfilo, la cercanía emocional con los asuntos tratados y la profundidad de la problemática ética que el filme plantea.

Fuente original: Oscar 2026 a la Mejor película: tentativa de pronóstico
Antes que nada, quiero descartar algunas nominadas. F1: The Movie, dirigida por Joseph Kosinski, me dio una inesperada jornada de entretenimiento para un domingo de tarde. Se trata de la reivindicación de un viejo piloto de Fórmula 1 con un final feliz y mesurado. Está interpretada por un Brad Pitt que todavía camina y sonríe como en Thelma & Louise. Ni siquiera la fanaticada de Fórmula 1 o de BP alberga alguna esperanza de que gane la estatuilla. Bugonia, dirigida por Yorgos Lanthimos, es una disparatada comedia de ciencia ficción que trivializa el impacto mortal de las farmacéuticas en la salud de una comunidad, haciendo que una de las víctimas sea un lunático violento y que la despiadada gerente de la farmacéutica, finalmente, calce en las alucinaciones conspiranóicas de aquel. Afortunadamente, la tierra plana del filme es destruida, lo que incluye a la propia película.
Train Dreams, dirigida por Clint Bentley, es un western íntimo, cargado de afectos profundos, con una actuación descollante de Joel Edgerton como el leñador que trabaja en la tala de árboles para los durmientes de la línea férrea en el Oeste norteamericano, a comienzos del siglo XX y que, al perder a su esposa, intenta reconstruir sus vida. Asistimos a una bella meditación sobre la vida, sus visicitudes y el espíritu del amor que permanece hasta la muerte, pero, dado el nivel de las favoritas, la sensibilidad de su propuesta no le alcanza para el Oscar.
One battle after another, dirigida por Paul Thomas Anderson, está protagonizada por un Leonardo DiCaprio que es capaz, como dice mi hija, de crear un personaje con solo sujetarse el pelo con un moñito. La problematización de una revolución imposible en la sociedad norteamericana, de la existencia de una organización de millonarios supremacistas que se sienten por encima de la ley, y de los vínculos afectivos entre un padre desastroso y una hija vehemente, valiente y con conciencia de clase, está muy bien lograda. Es un drama de acción con una fuerte carga política que consigue un cierre optimista a pesar de reconocer la existencia de un poder militar, casi invencible, que sostiene el engranaje de la dominación. Es mi favorita, pero no creo que gane.
Marty Supreme, dirigida por Josh Safdie, es una comedia de humor oscuro sobre un antihéroe más antipático que el ganster barrial o el millonario esposo de la actriz que se convierte en la amante del microtenista, interpretado impecablemente por Timothée Chalamet. A propósito, en los últimos días, Chalamet ha hecho lo posible por ser más antipático que el propio Marty o que Karla Sofía Gascón, al declarar, con la franqueza de los idiotas que se sienten brillantes, que no querría trabajar en la ópera o el ballet porque son artes que ya no le interesan a nadie. Enseguida dijo la típica frase de los que acaban de insultarte: «Con todo el respeto a la gente del ballet y la ópera», y añadió riendo: «Acabo de perder 14 centavos en audiencia. Estoy disparando sin motivo alguno». Pero no estoy votando por el Señorito Simpatía. La película tiene un ritmo trepidante, aunque a ratos el delicuente de barrio que es el Marty fullero se transforma en socio de un gánster o quema una gasolinera o se humilla ante un financista con tal de conseguir un ticket para jugar ping-pong. Es una gran película, pero me causa repulsión.
[1] Para la escritura de esta entrada no alcancé a ver El agente secreto, dirigida por Kleber Mendonça Filho. Luego de los azotes correspondientes, me comprometo a verla algún día de esta semana.
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