El Times fotografió una munición sin estallar en el sur de Colombia, cerca de la frontera con Ecuador. Rápidamente, se produjo un enfrentamiento entre ambos países.

Un equipo de periodistas de The New York Times que se encontraba en la frontera entre Ecuador y Colombia la semana pasada se enteró por medio de campesinos locales de un hecho alarmante: nos contaron que habían encontrado una gran bomba sin explotar en un campo de cultivo.

Los campesinos, en la región del Putumayo, al sur de Colombia, a aproximadamente un kilómetro y medio de un río que divide Colombia de Ecuador, nos llevaron a un campo. Allí, entre cultivos de coca y plataneras, yacía un cilindro de acero de casi 2 metros de largo, con forma de cigarro, cuya pintura verde oliva oxidada se descascaraba bajo el sol intenso.

Los campesinos se reunieron alrededor de la munición, bromeando nerviosamente.

Inspeccionaron el gran cráter que la munición parecía haber dejado al aterrizar.

La bomba que hallaron en su patio trasero pronto desencadenaría una disputa diplomática entre Colombia y Ecuador.

Los expertos que el Times consultó identificaron la munición como una Mark-82 de diseño estadounidense, una bomba de 227 kilogramos muy utilizada en la guerra aérea moderna.

La familia que vive en una casa de campo localizada a solo unas decenas de metros del explosivo dijo que descubrió la bomba a principios de marzo, más o menos cuando el ejército ecuatoriano dijo que llevaba a cabo operaciones de bombardeo aéreo contra grupos de narcotraficantes en las cercanías, en el norte de Ecuador.

El Times entrevistó a testigos, fotografió la munición y, preocupado por la seguridad de los residentes, el lunes por la noche alertó al gobierno colombiano sobre la existencia del artefacto.

Poco después, en la televisión nacional, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, sugirió que Ecuador había lanzado la bomba en territorio colombiano.

Petro no aportó pruebas de la afirmación, pero dijo que la bomba no pertenecía al ejército de Colombia y descartó la posibilidad de que se tratara de grupos armados colombianos al decir que no disponían de aviones.

“Se va a investigar bien”, dijo Petro, quien ordenó a los militares colombianos que se deshicieran de la bomba.

“La bomba está activa”, añadió Petro. “Es peligrosa”.

Un cable de activación aún colgaba de una de las argollas de suspensión de la bomba, los gruesos bucles metálicos que conectan el arma al sistema de eyección de un avión de combate.

Mas información en The New York Times

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