Daniel Noboa desde sus extendidas vacaciones, al iniciar 2026 lanzó una noticia que parecía demasiado buena para ser verdad: en apenas un año 2024-2025, la pobreza por ingresos en Ecuador habría disminuido en casi siete puntos porcentuales (6.96%).

Inmediatamente, este dato fue presentado como la prueba máxima de que su gestión genera resultados espectaculares para los más pobres. Se armó una campaña mediática en torno a este «milagro económico». Pero hay un problema enorme: es un espejismo, un truco estadístico. Este «milagro» no refleja una mejora real en la vida de la gente. Por el contrario, sirve para tapar una realidad muchísimo más dura: la pobreza multidimensional. La cual mide carencias como falta de agua potable, el hacinamiento, empleo precario, la deserción escolar y la educación truncada. Esta medida de la pobreza estructural se mantuvo congelada en el 41.7% a nivel nacional. Y en el campo, la situación es catastrófica: el 66.9% ecuatorianos que viven en la ruralidad es objetivamente pobre. Esto significa que dos de cada tres personas en el campo no tienen acceso a lo más básico para una vida digna.

Entonces, ¿cómo se logra ese «milagro» en el papel, si la realidad no mejoró? La respuesta está en cuatro mecanismos que inflaron artificialmente la cifra de ingresos.
a) El Reparto de Bonos de Última Hora (El «Alivio» que no soluciona nada)
Cuando el gobierno eliminó el subsidio al diésel, el precio de casi todo, transporte, comida, materiales, insumos, se disparó. Para calmar el descontento y en un entorno electoral, lanzó a finales de 2025 un paquete masivo llamado «Ecuatorianos en Acción». Este paquete incluía al menos 14 tipos de ayudas: bonos de 150 dólares, condonación de deudas de agua, becas, subsidios, etc.
El truco: Estos bonos llegaron justo cuando el Instituto de Estadística (INEC) estaba haciendo la encuesta de hogares (ENEMDU) que mide la pobreza. Entonces, muchas familias reportaron un «ingreso» temporal más alto gracias al bono. Pero ese dinero no es sostenible, no crea empleo y no resuelve el problema de fondo. Es como dar un paracetamol para una fractura expuesta: alivia el dolor un momento, pero no cura el hueso roto. El bono se gasta, la pastilla se disuelve y la familia vuelve a la misma situación precaria, el dolor empeora, pero en el papel ya «salió de la pobreza».
b) El «Ajuste Mágico» de la Línea de Pobreza (La trampa matemática)
¿Cómo se decide quién es pobre y quién no? El INEC traza una «Línea de Pobreza»: un monto de dinero mínimo para sobrevivir. Cada año, esa línea se actualiza según la inflación (cuánto subieron los precios).
El truco: si el INEC, por presión o por error, usa un cálculo de inflación que subestima lo que realmente subieron los precios para los pobres (como la comida y el pasaje), entonces la línea de pobreza queda “artificialmente baja”. El resultado es perverso: una familia puede estar pasando más hambre porque su dinero le rinde menos, pero, como la línea de pobreza oficial está maquillada, su ingreso parece superarla. En los papeles, «dejó de ser pobre». En la vida real, está peor. Esto se llama «optimización estadística» y es un maquillaje puro.
A ello se suma que la muestra que usa el INEC está desgastada, es decir tiene más de 15 años de uso, muchos de los encuestados, que se asumen como pobres, ya salieron de esa condición. Por eso el margen de error es tan alto y una diferencia de más de 6% se describe como “estadísticamente significativa”.
c) El Efecto de las Remesas (el dinero del dolor migrante que tapa el problema de adentro)
En 2025, los ecuatorianos en el exterior mandaron un récord de más de 7 mil millones de dólares en remesas 6% del PIB. Este dinero llega a las familias más humildes y les ayuda a sobrevivir.
El truco: El gobierno se atribuye como un logro propio la reducción de la pobreza que este dinero genera. Pero eso es falso. Las remesas no son política pública ni gestión extraordinaria. Son la expresión más pura de la solidaridad a costa de la ruptura de las familias. Representan un salvavidas privado que depende de la economía de otros países (como EE.UU. o España). Son inestables y no crean desarrollo aquí: no abren fábricas, no generan empleos dignos con seguro social, no construyen escuelas. Simplemente, son un paliativo que se disuelve en gasto inmediato de sobrevivencia y que enmascara la incapacidad del Estado para generar prosperidad desde dentro.
d) La «Economía» del Narcotráfico (El Dinero Sucio que Contamina las Estadísticas)
Este es el factor más oscuro. Se estima que la narcoactividad mueve en Ecuador un volumen de dinero equivalente a otro 5% del PIB. Este dinero ilícito de la droga, la extorsión, el lavado se gasta en barrios marginales, en comercios locales de zonas controladas por bandas.
El truco: Ese gasto también entra en la encuesta como «ingreso» de las familias, aunque venga del crimen. Esto contamina las estadísticas oficiales, haciendo parecer que hay más actividad económica y más ingresos donde en realidad hay miedo, violencia y economía ilícita. Es la peor forma de «crecimiento»: una que destruye el tejido social mientras infla un número en un gráfico.

Mientras el gobierno celebra el espejismo del ingreso, la pobreza real y estructural sigue intacta. La Pobreza Multidimensional mide las carencias que realmente definen una vida digna, y la foto es desoladora:
Salud y Agua: uno de cada cinco hogares rurales no tiene agua por red pública (18.5%). Esto no ha mejorado sustancialmente en años.
Vivienda y Saneamiento: el déficit de vivienda digna ha empeorado, pasando del 9.7% al 11.1% en 16 años. En las ciudades, más gente carece de alcantarillado y recolección de basura. Y el gobierno nacional no transfiere los recursos necesarios a los GADs para que se trabaje en profundidad sobre este problema.
Trabajo y Seguridad: Aquí está el corazón del problema. El indicador de «no afiliación a sistema de pensiones» (IESS) creció, mostrando que cada vez más gente trabaja en la informalidad, sin futuro ni jubilación, el 54% de la PEA trabaja en la informalidad. El empleo inadecuado o desempleo subió al 16%. Esto significa que la pobreza en Ecuador es, sobre todo porque no hay empleo adecuado: trabajos mal pagados, inestables y sin derechos.
Educación: 250.000 niños no pueden asistir la escuela por razones económicas, el sistema fracasa en darles un futuro. Las barreras económicas para entrar a la universidad se duplicaron, ahora mismo más de 680.000 jóvenes entre 18 y 25 no estudian ni trabajan. Y un altísimo porcentaje de adultos no terminó sus estudios, perpetuando el ciclo de pobreza de padres a hijos.
En resumen, el 41.7% de los ecuatorianos (y el 66.9% en el campo) padecen de la falta de agua segura, baño decente, techo digno, un buen trabajo, seguro social o educación completa. Esta es la película real del país, y el selfie ecuatorial no ha cambiado aunque Noboa quiera meterle filtros a fuerza de propaganda. Ningún bono temporal, trampa estadística o suma de cifras incorrectas puede arreglar esto. Se necesita una transformación profunda.
La verdadera tragedia no es que el gobierno haya maquillado un gráfico. La tragedia es que, mientras se gasta energía defendiendo este espejismo, el Ecuador real, con casi la mitad de su población en la pobreza y dos tercios del campo en la miseria, sigue esperando soluciones de fondo.
Artículo firmado por Héctor Rodríguez Chávez, asambleísta
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