La candidata del bloque oficialista a la presidencia de Chile, Jeannette Jara, que se impuso con un 26 por ciento de los votos en la primera vuelta del 16 de noviembre, competirá con el abanderado de la ultraderecha, José Antonio Kast, en el balotaje que se realizará este domingo, en el marco de un escenario particularmente adverso para la centroizquierda.
Hija de un mecánico industrial y de una dueña de casa, esta abogada y administradora pública de 51 años inició su trayectoria política como dirigente estudiantil, militando en el Partido Comunista (izquierda), del que es integrante hasta hoy. En su carrera en el Estado, Jara ha desempeñado dos cargos públicos de alto perfil: fue subsecretaria de Previsión Social (2016-2018) y ministra del Trabajo (2022-2025). Sin embargo, la oficialización de su candidatura no fue sencilla.

El bloque oficialista que representa, Unidad por Chile, enfrentó inicialmente varios obstáculos para encontrar un candidato presidencial. El alcalde de Maipú (centro) Tomás Vodanovic, militante del Frente Amplio (izquierda) muy bien evaluado en las encuestas, rechazó postularse pese a las insistencias del bloque. Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018), en tanto, dos veces presidenta del país y la carta más fuerte del sector, optó por una candidatura a la secretaría general de la ONU.
Jara, que fue la encargada de la cartera de Trabajo durante el mandato del actual presidente, Gabriel Boric, resultó ser una suerte de opción de última hora. No obstante, sorprendió a todos cuando ganó la primaria oficialista de junio por sobre Carolina Tohá, una avezada política que venía de liderar el ministerio del Interior. En esa oportunidad, los expertos destacaron su cercanía, su carisma y su espontaneidad como atributos que explicaban su victoria.
«Jeannette Jara en su cargo como ministra consiguió construir la figura de una persona cercana, que muestra capacidad de diálogo con distintos actores, con cierta flexibilidad y dispuesta a escuchar a su contraparte. La gente la vincula con una política que invita a conversar a las partes», dijo a la Agencia Sputnik la directora académica y de investigación de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile, Isabel Castillo.
El contexto de la elección, empero, es complejo. Todas las encuestas publicadas después de la primera vuelta indican que Kast se quedará con la presidencia, con una ventaja de 15 y hasta 20 puntos porcentuales. Se esperan también volúmenes significativos de votos blancos y nulos.
Castillo advirtió que el respaldo de la candidata oficialista proviene principalmente del electorado de izquierda que actualmente aprueba la gestión de Gobierno, más que de un apoyo personal consolidado a su figura. «Jara tiene un apoyo de la gente de su sector, pero no un apoyo específico a ella», explicó.
El trasvase de votos de la primera vuelta a los candidatos del balotaje es lo que más preocupa al oficialismo. El tercer, cuarto y quinto lugar lo obtuvieron Franco Parisi, Johannes Kaiser y Evelyn Matthei, todos vinculados a sectores de derecha cuyos adherentes se espera, en su mayoría, opten por Kast en los comicios del domingo.
La académica consideró que la campaña de Jara ha sido «bastante pasiva» y no ha mostrado «grandes propuestas ni promesas que se puedan identificar». Afirmó asimismo que la candidata presenta pocas «ideas fuerza», y «las que hay, cuesta identificarlas». De acuerdo con Castillo, en general, Jara «ha sido reactiva a las declaraciones de los demás candidatos y cuesta asociarla a un eslogan o una marca».
TEMPORERA, ABOGADA Y JARANETA
El origen humilde de Jara es uno de los atributos que ha explotado la izquierda durante la campaña. La candidata nació y se crio en El Cortijo, una población pobre de la comuna de Conchalí, en el sector norte de Santiago. Al ser la mayor de cinco hermanos, tal como ha explicado en reiteradas entrevistas, su primer trabajo -a los trece años- fue de temporera, recolectando kiwis en un fundo agrícola.
Estudió luego Administración Pública y Derecho, titulándose en ambas carreras, e inició su trayectoria política en las filas de los movimientos estudiantiles, llegando a ser presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Santiago. En 1989 comenzó a militar en las Juventudes Comunistas y fue dirigente sindical, trabajando como funcionaria en el Servicio de Impuestos Internos.
Su primer cargo gubernamental, en tanto, fue en la segunda administración de Bachelet, como subsecretaria de Previsión Social. Más tarde, ejerció durante años como docente, alejada de la política de primera línea, hasta que el presidente Boric la nombró ministra del Trabajo en 2022, siendo la primera militante del Partido Comunista en ocupar ese cargo desde el emblemático Gobierno de Salvador Allende (1970-1973).
Como ministra, consiguió sacar adelante dos reformas que significaron poderosas victorias para el Ejecutivo: la previsional, que logró subir las pensiones de vejez de los trabajadores, y la ley de 40 horas, que impide que las empresas contraten a sus empleados por una carga horaria semanal superior.
La gestión que realizó Jara en ambas iniciativas le otorgó notoriedad pública y le valió una masa de seguidores que hoy afirman humorísticamente estar subidos a «la Jaraneta», con el objetivo de que la candidata triunfe y continúe con el legado de Boric.
PROPUESTAS
La candidatura de Jara se articula en torno a un programa que busca fortalecer el rol del Estado y mejorar las condiciones de vida de la población mediante cambios estructurales.
Entre sus propuestas centrales se encuentra la creación de un «sueldo vital» de 750.000 pesos (795 dólares), que es presentada como una medida para elevar el estándar mínimo de ingresos y disminuir la precariedad laboral. Sin embargo, esta iniciativa ha generado debate: mientras sus defensores sostienen que tendría un impacto social inmediato, economistas y representantes de pequeñas y medianas empresas advierten que podría incrementar los costos de producción, impulsar la inflación y poner en riesgo la sostenibilidad financiera de negocios de menor tamaño.
Jara también propone avanzar en la construcción de 360.000 viviendas para reducir el déficit habitacional y ampliar el acceso a servicios esenciales, además de implementar una Sala Cuna Universal gratuita que facilite la participación laboral, especialmente de las mujeres.
Otro eje de su programa es el fortalecimiento del Estado como actor relevante en la economía, con énfasis en las industrias estratégicas del litio y el cobre. La idea es que el Estado no sólo regule y coordine la inversión privada, sino que participe directamente en áreas clave para el desarrollo del país, mediante asociaciones público-privadas y ampliación de la provisión pública de servicios.
En el ámbito de los derechos sociales, confirmó que apoyará e impulsará la legalización del aborto libre hasta las 14 semanas. Esta postura la alinea con los sectores progresistas y feministas, aunque abre un flanco de tensión con sectores más moderados y conservadores, dentro y fuera de su coalición.
En materia de seguridad, Jara prometió que los primeros cien días de gobierno realizará cien operativos policiales en los cien barrios más peligrosos del país, buscando a prófugos de la Justicia, personas con orden de captura, lugares de venta y acopio de droga, e inmuebles cooptados por narcotraficantes.
Sobre inmigración irregular, propuso empadronar a los 330.000 extranjeros que residen en el país de manera irregular, creando un registro sobre sus identidades, sus familiares y dónde viven. El objetivo es crear políticas públicas más dirigidas, debido a la incertidumbre que existe en la actualidad sobre el paradero y la condición de vida de los migrantes. Quienes no se registren, sostuvo Jara, serán expulsados del país.
CONTRA EL PC
La candidata no solo enfrenta presiones por derecha. La tienda política que la albergó durante décadas -el Partido Comunista (PC)- se volvió, irónicamente, uno de los principales obstáculos en su campaña.
Por un lado, los adversarios de la candidata le han demandado frecuentemente que se desmarque de algunas máximas del «dogma» comunista, esperando que tome algunas definiciones; por ejemplo, que diga que en Venezuela «hay una dictadura» -algo que finalmente ha hecho- que aclare si adhiere al marxismo o no, o que critique al Gobierno cubano, entre otras.
Por otro lado, los mismos dirigentes del PC -reconocido por la disciplina de sus militantes-, han bombardeado constantemente su candidatura, dejando en evidencia un profundo quiebre entre el sector más tradicional de la organización y el que representa a la renovación, que la propia Jara integra.
De este modo, por ejemplo, algunos líderes comunistas más veteranos han criticado la reforma de pensiones que impulsó la candidata cuando fue ministra. En tanto, el presidente del Partido, Lautaro Carmona, la ha presionado para que apoye la iniciativa de un nuevo proceso constitucional, asunto que había quedado atrás luego de dos procesos fallidos.
A fines de septiembre, tras meses de evitar el confrontamiento, Jara se atrevió a dar el paso para desvincularse de los altos mandos de su partido. Entonces, aunque no renunció a su militancia, declaró que existe una «falta de fraternidad» de parte de los dirigentes comunistas, y aseguró que tiene objetivos distintos a los que plantea el presidente Carmona. Se refirió además por primera vez al Gobierno cubano, afirmando que «no es una democracia», una línea que hasta entonces no había cruzado.
En el último debate presidencial organizado por la Asociación Nacional de Televisión (Anatel) esta semana, Jara reiteró que, si es electa el domingo, renunciará a su larga militancia comunista para ser «la presidenta de todos los chilenos».
Unos 15,7 millones de personas están habilitadas para votar este domingo en la segunda vuelta de las elecciones en Chile, las primeras presidenciales con voto obligatorio en la historia del país.
En la primera vuelta sufragó el 85,6 por ciento del padrón electoral, según cifras oficiales.
Quien resulte electo este domingo, asumirá el 11 de marzo de 2026 por un periodo de cuatro años.
