Dos proyectos de generación geotérmica se encuentran en fase exploratoria y de explotación en Caldas y Casanare. Esta energía renovable tiene un impacto ambiental muy reducido, pero plantea retos financieros importantes por las altas inversiones que requiere.

VILLAMARÍA, Colombia – El calor que se generó hace más de 4500 millones de años con la formación de la Tierra —y del que aún algo se conserva—, sumado a las fricciones entre rocas, minerales y fluidos, hacen que del centro del planeta emanen temperaturas que se estiman superiores a los 5000 °C. A la superficie apenas llegan algunos rastros de ese calor, con temperaturas que usualmente rondan los 30 a 50 °C, aunque en algunas zonas pueden superar los 100 °C.

En un viaje por carretera en Colombia, en Boyacá o Tolima, por ejemplo, las señalizaciones avisan: “Termales a dos kilómetros”. Dependiendo del lugar, puede tratarse de piscinas naturales en las que las personas se bañan o pozos que solo pueden observarse para ver el burbujeo del agua hirviendo. Otra de las manifestaciones de ese calor en la superficie, aunque a temperaturas mucho más altas, es el magma que se encuentra al interior de los volcanes.

Hacia la década de 1970, Colombia estaba dando sus primeros pasos en el desarrollo de una forma novedosa de producir energía a partir de este calor, pero de la que poco se sabía. Para hacerlo, se hicieron estudios geofísicos y geoquímicos que, en palabras simples, consisten en tomar una radiografía del suelo para saber de qué está compuesto bajo la superficie.

Para entonces, los geólogos mostraron un interés particular por el complejo de volcanes que se encuentra entre Tolima, Caldas, Risaralda y Quindío, compuesto por algunos como el Cerro Bravo, el Cerro Machín, el Nevado del Tolima o el Nevado del Ruiz.

En esos años, explica el geólogo Julián López, “se hicieron los primeros estudios que mostraron que había potencial para generar energía. Eso hizo que se preparara un análisis sistemático para identificar, dentro de ese gran complejo de volcanes, cuáles eran los puntos de mayor interés para un aprovechamiento geotérmico”.

Para 1983, se había definido a Villamaría, en Caldas, un municipio muy cerca de Manizales, como una zona de especial interés para poner en marcha un proyecto de exploración geotérmica. Sin embargo, la tragedia de Armero, ocurrida el 13 de noviembre de 1985 luego de la erupción del volcán Nevado del Ruiz, cambió los planes.

Los investigadores, las empresas y los recursos que se destinarían a la geotermia, se utilizaron para crear el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, que hoy es responsable de monitorear los doce volcanes activos del país.

El sueño de generar energía a partir del calor que viene del centro de la Tierra tuvo que apagarse por varios años. Ahora recuperó su impulso y está cerca de materializarse, pero aún necesitaría de varios años para entrar en funcionamiento.

La energía geotérmica

En las zonas volcánicas, explica López, quien también es vicepresidente de la Asociación Colombiana de Geotermia, es más probable encontrar altas temperaturas cerca de la superficie. “Basta con perforar entre uno y tres kilómetros para encontrarse con fluidos a 200-300 °C”.

En Colombia, estas zonas abundan debido a que su territorio se encuentra sobre el “Cinturón de fuego del Pacífico”, que va desde Argentina hasta Alaska, en América, y atraviesa la costa Pacífico de Asia y Oceanía.

Allí se estima que están 75 % de los volcanes activos que hay en el mundo. En geotermia, a estas se les conoce como zonas de alta entalpía, porque generan temperaturas superiores a los 200 °C, capaces de generar energía eléctrica.

El sistema, como en casi todas las formas de generación eléctrica, consiste en mover una turbina. Para esto, los científicos encuentran reservas de agua bajo la superficie que, por el calor, se encuentra como una mezcla de vapor y líquido.

“Lo que uno busca es desarrollar una perforación que pueda acceder a esas reservas, que fluyen naturalmente por la presión y la temperatura en que están. En la superficie se separa el agua caliente del vapor, que se va a una turbina, mueve un generador y hace la electricidad”, apunta López.

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