Aunque Ecuador no participa directamente en la guerra comercial global, sus exportaciones se han visto gravemente afectadas. Tensiones arancelarias entre grandes potencias, como Estados Unidos y China, han distorsionado las cadenas de suministro y provocado una caída en la demanda internacional de productos ecuatorianos como banano, camarón, cacao y flores.

Según Javier Lécaro, docente de la Business School de la UIDE en Guayaquil, los efectos colaterales de esta disputa han generado una competencia desleal y una reducción de precios que golpea a sectores clave de la economía nacional. Sin embargo, también se abren oportunidades: la transformación de materias primas en productos con valor agregado en países de destino y la exploración de nuevos mercados pueden ser estrategias efectivas frente a la incertidumbre global.
Lécaro propone que Ecuador asuma una estrategia comercial proactiva: diversificar sus socios, negociar nuevos tratados de libre comercio y fomentar la innovación tecnológica en la producción local. Estas medidas podrían proteger a los sectores más vulnerables y elevar la competitividad nacional ante un entorno económico internacional cada vez más incierto.
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