En los últimos meses, el Gobierno ha insistido en presentar el incremento del valor total de las ventas declaradas al Servicio de Rentas Internas (SRI) como prueba de una “reactivación económica” y de la “confianza empresarial”. Sin embargo, un análisis técnico más cuidadoso muestra que este indicador, lejos de evidenciar un verdadero proceso de recuperación, constituye un espejismo estadístico que oculta las profundas debilidades estructurales de la economía ecuatoriana.
El aumento de las ventas declaradas no puede interpretarse por sí solo como señal de crecimiento económico, ni mucho menos como un logro gubernamental. Estas son las razones:
1. Crecimiento nominal no es crecimiento real
El incremento reportado por el SRI es nominal: refleja valores en dólares, no la cantidad de bienes y servicios efectivamente producidos o vendidos.
Ecuador atraviesa uno de los ciclos inflacionarios más fuertes de la última década, con picos superiores al 5% en alimentos debido al aumento del precio de los combustibles, y con una inflación acumulada del 3% en 2025, en plena dolarización. El efecto es automático: si los precios suben, las ventas declaradas también aumentan, aunque el volumen vendido se mantenga igual o incluso caiga.
Presentar este dato como “reactivación” es equivalente a que una empresa suba sus precios por inflación y declare que creció, ocultando que vende menos unidades. Un escenario crítico se evidencia en que apenas el 9% de familias afirma no preocuparse por pagar gastos esenciales como alimentación o vivienda, según la Encuesta de Capacidades Financieras 2025; mientras que el 60% no llega a fin de mes y se ve obligada a recurrir al endeudamiento para subsistir.
El Gobierno celebra una cifra distorsionada por la inflación, no un aumento genuino de la actividad económica.
2. Las remesas inflan artificialmente el consumo
Ecuador recibe remesas equivalentes a cerca del 5% del PIB, un récord histórico. Este dinero no proviene de mejoras en el empleo o la productividad interna, sino del trabajo de ecuatorianos que migraron por razones económicas y por la inseguridad.
Las remesas alimentan directamente el consumo de los hogares: alimentos, alquileres, medicinas e incluso bienes suntuarios. Sin ellas, la demanda interna caería drásticamente. La economía parece moverse, pero lo hace sostenida por ingresos externos, no por dinamismo propio.
Celebrar esto como “crecimiento” es confundir dependencia con fortaleza.
3. El consumo que crece es el de supervivencia, no el productivo
Las ventas que aumentan corresponden sobre todo a bienes de primera necesidad. Pero los sectores que impulsan una recuperación sostenible —construcción, manufactura, maquinaria, bienes duraderos— siguen estancados o en retroceso.
Un país no se reactiva porque compra más arroz o más medicinas por efecto inflacionario. Una economía se reactiva cuando aumenta la inversión, la industria, la construcción y el empleo adecuado.
Con una inversión pública que no llega a USD 1.000 millones y una inversión extranjera directa de apenas el 0,2% del PIB (la más baja en 14 años), no se están creando capacidades productivas para el futuro.
4. Parte del aumento responde a mayor formalización, no a mayor actividad
La presión fiscal del SRI, la exigencia ciudadana de facturas y el combate a economías ilegales aumentan el registro formal de transacciones. Esto incrementa el valor declarado de las ventas, aunque la economía real no cambie de tamaño.
No es crecimiento: es visibilidad. Encender la luz no hace más grande la habitación.
5. El consumo de élites eleva el promedio, mientras la mayoría empeora
Con una tasa de empleo precario que ronda el 60% de la PEA, la mayoría de los ecuatorianos sufre una pérdida acelerada de poder adquisitivo. Mientras tanto, las élites económicas mantienen o aumentan su consumo en segmentos de alto valor.
Ese gasto selectivo mejora las cifras globales, pero no representa bienestar general.
6. Los verdaderos indicadores de reactivación están en caída
Si el país estuviera recuperándose, se vería reflejado en indicadores como:
- Formación Bruta de Capital Fijo: estancada o a la baja.
- Inversión pública: en mínimos históricos.
- Entrada de capitales: afectada por riesgo país e inseguridad.
- Empleo adecuado: sin recuperación real.
- Crédito productivo: restringido por fragilidad financiera.
- Exportaciones con valor agregado: concentradas nuevamente en primarios.
- Retención de talento humano: afectada por una migración masiva.
- Crecimiento económico: estadísticamente insignificante y absorbido por la inflación poblacional.
Ninguno de estos indicadores sustenta el relato oficial.
El Gobierno muestra cifras que construyen una narrativa de recuperación inexistente. La realidad es otra: Ecuador no está creciendo; está resistiendo. Y el aumento de ventas del SRI no es un logro, sino otro síntoma de una economía frágil, sostenida por factores externos y por consumo básico sin bases para un crecimiento sostenido.
El dato existe. El logro, no.
Artículo firmado por Héctor Rodríguez Chávez, Asambleísta
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