Por Christoph Driessen (dpa)

Colonia (Alemania), 2 jun (dpa) – El grupo terrorista «Clandestinidad Nacionalsocialista» (NSU) hizo estallar hace 20 años una bomba con clavos en la Keupstrasse, calle con multitud de comercios turcos en Colonia (en el este de Alemania), pero no consiguió destruir la socidad multicultural: hoy la convivencia es mayor que nunca.

Una de las tiendas más antiguas es la pastelería Özdag, regentada por siete hermanos. Su padre, Hasan Özdag, llegó a Alemania desde Turquía en 1971 con una sola maleta.

Al principio, Hasan vendía dulces timbrando a las puertas de las casas habitadas por turcos, y más tarde fundó la pastelería que ahora es conocida por sus tartas de boda de varios pisos, que ya no solo son solicitadas para celebraciones turcas, sino también para muchas otras ocasiones. Algunos clientes encargan tartas con decoraciones que dicen «Felicidades» en diez idiomas distintos.

Meral Sahin, propietaria de un comercio de decoración, preside desde hace once años el grupo de empresarios locales de la Keupstrasse. En su opinión, el éxito del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) tiene una cosa buena: ahora nadie puede negar que hay un problema de racismo en Alemania.

«Muchos amigos alemanes lo han negado durante mucho tiempo. Ahora es visible. Para todo el mundo. Y eso es una oportunidad para que actuemos juntos contra ello», asegura Sahin.

Una de esas acciones conjuntas tuvo lugar hace 10 años con el festival cultural «Mantenerse Unidos». Decenas de miles de personas acudieron no solo para recordar el atentado y debatir sobre el racismo, sino también para celebrar la tolerancia y la apertura.

De hecho, la Policía sospechó durante mucho tiempo que los autores del atentado provenían de la comunidad turca y no se investigó en la dirección del extremismo de derecha hasta que el suicidio de dos miembros del NSU destapó la conexión.

El 9 de junio, en el vigésimo aniversario del atentado, se celebrará una nueva edición del festival, a la que está previsto que asista el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier.

Sahin explica que, a lo largo de estos años, los vecinos también han aprendido a lidiar con su propio racismo. Agrega que nunca se decía abiertamente, pero a menudo el kurdo evitaba al turco y el turco al kurdo. «Hoy tenemos una convivencia mucho mejor», asegura.

En cuanto al tipo de negocios, hoy en día la Keupstrasse se ha convertido aún más en una calle con comercios relacionados con bodas, los restaurantes han mantenido su tradicional sabor turco y las joyerías se han multiplicado.

«La industria joyera ha hecho que la calle sea más alegre, colorida e iluminada», dice el joyero Muhammed Özkan. La única pena, añade, es que la clientela alemana sigue siendo escasa: «Mucha gente de Colonia no ha estado nunca en la Keupstrasse, aunque es una atracción. Hay muchas calles en Alemania donde se concentran tiendas turcas. Pero no encontrarán nada como la Keupstrasse».

Con información de Agencia DPA