Los analistas coinciden en que a Bruselas le faltó firmeza desde el inicio de las negociaciones por temor a desencadenar una guerra comercial

La valoración del acuerdo comercial que alcanzaron la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, este domingo en Escocia cambia mucho según la mayor o menor proximidad con la mesa de negociación. Quienes han discutido con los enviados de Washington sienten alivio y ponen mucho énfasis en que podría haber sido peor: “Parémonos un momento para pensar en la alternativa: una guerra comercial, como algunos parecen pedir, traería serias consecuencias”, ha clamado este lunes el comisario de Comercio, Maros Sefcovic. Los analistas que se dedican a estudiar el resultado y valorarlo tienden a verlo con decepción. Y, entre unos y otros, están quienes tienen que validarlo, los mandatarios que, como ha dejado claro el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, asumen lo negociado sin calidez alguna (“Respaldo este acuerdo comercial, pero lo hago sin ningún entusiasmo”) o con críticas duras como las del primer ministro francés, François Bayrou (“Es un día sombrío cuando una alianza de pueblos libres, reunidos para afirmar sus valores y defender sus intereses, decide someterse”).

Analistas críticos con lo pactado empiezan por no ver clara la estrategia seguida. Olivier Blanchard, antiguo economista jefe del FMI y eterno candidato al Nobel de Economía, lanzó la piedra pocas horas después de que se conociera el pacto. “Cuando la ley de la jungla prevalece, el débil no tiene otra opción que aceptar su destino. Pero Europa podría haber sido fuerte. Podría haber obtenido un acuerdo mejor y enviar un fuerte mensaje al mundo. Una oportunidad perdida”, escribió en X el ahora investigador del Instituto Peterson para Economía Internacional.

“Desde el primer momento se dieron muchas concesiones a EE UU, una técnica de muchas zanahorias y pocos palos”, señala Víctor Burguete, investigador sénior del centro de investigación de política internacional barcelonés CIDOB. Se refiere al hecho de que cuando Washington abrió las hostilidades con aranceles al acero y al aluminio primero, después a los automóviles y sus componentes, y finalmente a los falsamente llamados “aranceles recíprocos”, Bruselas tardó en responder. Y, además, cuando logró articular una primera respuesta para aumentar derechos aduaneros a un listado de importaciones norteamericanas por valor de 21.000 millones de euros, la suspendió inmediatamente para dar una oportunidad a la negociación. En ese tiempo, la Administración de Trump ha mantenido el 25% adicional para el sector automovilístico, el 50% para el acero y el aluminio; y un 14,8% para un amplio listado de productos. “Es un mal acuerdo comercial y manda un mensaje preocupante, que la Unión Europea puede ser extorsionada con éxito”, afirma.

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