Mientras la audiencia preparatoria de juicio por el caso INA Papers/Sinohydro avanza en la Corte Nacional de Justicia, vuelven las intenciones de mezclar temas que deberían mantenerse separados. La hidroeléctrica Coca Codo Sinclair —la mayor obra energética del país— reaparece en titulares y posts relacionada a corrupción, mencionada como elefante blanco y legado político de un gobierno. Pero ¿es justo ese encuadre?

 Una obra con desempeño probado

Desde su entrada en operación en 2016, Coca Codo Sinclair ha generado más de 50.000 GWh, aportando hasta el 30% de la energía eléctrica nacional en momentos clave. 

Incluso durante los períodos de sequía más severos, como el registrado en el primer trimestre de 2024, la planta mantuvo su operación con ajustes técnicos que evitaron apagones masivos.

Su impacto en la conectividad energética ha sido decisivo: permitió la expansión de redes en zonas rurales y la reducción de la dependencia de fuentes térmicas contaminantes. En términos de cobertura, más de un tercio del país se beneficia directa o indirectamente de su generación.

¿Obra fallida?

A Coca Codo Sinclair la está defendiendo el país por su valor estratégico. Su carácter estratégico es destacado por las acciones desplegadas por el actual Gobierno a través de CELEC con mantenimiento y protección de un fenómeno inédito en el mundo como es la erosión regresiva del río Coca. ¿Habría tanto interés e inversión si la obra fuera un elefante blanco, símbolo de un Gobierno de intereses diferentes al actual? La respuesta es obvia.

Sus demostrados estándares de construcción, supervisión y operación han sido revisados y auditados a lo largo de los años y es tan demostrado que hay interés de una empresa internacional de amplio prestigio de hacerse cargo de su operación y mantenimiento, lo que es gestionado por el Gobierno de Daniel Noboa.

La narrativa de “obra fallida” ignora los récords de generación y el desempeño sostenido en condiciones adversas.

 Lo judicial no implica lo técnico

El proceso judicial por presunto cohecho involucra a exfuncionarios y familiares del expresidente Lenín Moreno, pero no a la empresa constructora Sinohydro como parte procesal. La figura penal de cohecho, según el Código Orgánico Integral Penal, requiere la existencia de un servidor público que reciba una dádiva a cambio de una acción. En este caso, la empresa no está imputada ni ha sido llamada a juicio.

Confundir un proceso judicial con el desempeño técnico de una obra es un error de enfoque o una actitud malintencionada. La hidroeléctrica fue construida durante un gobierno y desde entonces, por su propio desempeño técnico y fortaleza de diseño y construcción ha evidenciado su valor esencial en la conectividad eléctrica del país.

Evitar el simplismo

Reducir Coca Codo Sinclair a un símbolo de corrupción es tan injusto como atribuirle virtudes políticas. Es una infraestructura estratégica que debe ser evaluada por su impacto energético, su desempeño técnico y su valor para el país. La justicia debe avanzar, sin arrastrar consigo el prestigio de una obra que ha demostrado su utilidad.

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