Sin recibir gasolina desde diciembre, con apagones masivos y el transporte colapsado, el régimen pide sacrificios y “creatividad” a una población exhausta.

Andy es un joven taxista habanero que en las últimas semanas se ha acostumbrado a una rutina desgastante, pero efectiva, para sobrevivir a la actual escasez de combustible en Cuba. Un día a la semana lo dedica íntegramente a hacer una cola de entre 12 y 15 horas —la primera vez estuvo 26— para comprar 40 litros de gasolina en las gasolineras estatales, que ahora venden el producto exclusivamente en dólares. Solo 40 litros: ni uno más ni uno menos, desde que las autoridades regularon la cantidad que cada usuario puede adquirir a partir del fin de semana pasado.

Este jueves, mientras el taxista cumplía con esa ya habitual gestión, el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez apareció ante las cámaras en una comparecencia con medios oficialistas y la prensa extranjera.

El mandatario dejó claro, en medio de las tensiones con Washington, que “Cuba está dispuesta a un diálogo con Estados Unidos”, admitió que la “asfixia económica de la principal potencia del mundo” pasa factura a la ya grave situación de la isla y pidió a los cubanos “sacrificios” y “creatividad” para hacer frente a la crisis.

Durante cerca de dos horas intentó responder preguntas relacionadas con los acontecimientos de los últimos días. “Tanta muela para dejarnos con más dudas que respuestas”, comenta Andy, que siguió la intervención desde la radio de su coche.

Quienes pudieron ver al mandatario por televisión en La Habana fueron afortunados, hasta cierto punto: tener pantalla encendida era señal de contar con fluido eléctrico. A la hora de la comparecencia, media ciudad —por no hablar del resto de las provincias— estaba sumida en apagones.

“El que tenga corriente que diga de qué se trató”, se leía en grupos de WhatsApp entre amigos, gente expectante ante algún anuncio, medida o solución a la endiablada realidad de la isla, sacudida por una tormenta perfecta que combina crisis económica, deterioro de las condiciones de vida, insalubridad creciente en las calles, apagones persistentes y escasez de medicamentos, todo ello aderezado con la renovada agresividad de la Administración de Donald Trump tras el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela, el pasado 3 de enero.

“Vamos a tomar medidas que no serán permanentes, pero que, según la disponibilidad de combustible, demandarán esfuerzos”, aseguró Díaz-Canel, sin precisar cuáles, aunque dejó entrever que se conocerán en los próximos días.

Fiel a la retórica habitual, volvió a pedir “sacrificio” a los cubanos dentro de la isla y reiteró que “la rendición [frente a Estados Unidos] no es una opción”, aunque dijo estar dispuesto a dialogar con la Administración republicana “sin presiones”.

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