En el Ecuador de 2025, la operación del Sistema Nacional Interconectado (SNI) enfrenta nuevamente uno de sus retos más crónicos: la variabilidad hidrológica estacional. En épocas secas, como la vivida entre agosto y noviembre, las afluencias de agua que alimentan las centrales de mayor embalse se reducen significativamente, presionando la oferta eléctrica. En ese escenario, la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair —la más grande del país con 1 500 MW de capacidad instalada— se convierte en un elemento clave del despacho renovable, aportando un porcentaje sustancial de la generación total cuando otros recursos decrecen.
La central CCS fue construida sobre el río Coca, en las provincias de Napo y Sucumbíos, y entró en operación en 2016 con una capacidad instalada de 1 500 MW distribuidos en ocho turbinas Pelton diseñadas para aprovechar un salto hidráulico considerable.
Su diseño es de tipo run-of-river (riego por desviación), lo que significa que no tiene un embalse de regulación grande: depende directamente del caudal natural del río para generar, lo que permite aprovechar mejor los recursos hídricos cuando las condiciones lo permiten.
Técnicamente, esta configuración combina un alto salto neto (más de 600 m) con caudales promedio de unos 290 m³/s, lo que maximiza la conversión energética del flujo de agua en condiciones normales.
La hidrología ecuatoriana es altamente estacional. Las cuencas andinas que alimentan complejos como Paute–Mazar–Sopladora suelen experimentar reducciones marcadas de caudal durante los meses secos, reduciendo su aportación al SNI. En contraste, aunque el río Coca también disminuye, suele presentar variaciones menos extremas por su régimen más pluvial y su ubicación en transición entre los Andes y la Amazonía.
Los datos operativos del CENACE muestran que, aun en contextos de menor disponibilidad hídrica general, la central Coca Codo Sinclair puede sostener una porción estabilizada de generación gracias a una combinación de diseño hidráulico eficiente y operación prioritaria del recurso cuando otros embalses no pueden extraer más volumen de agua.
Aunque no existe todavía una publicación pública detallada de CENACE con porcentajes mes a mes de 2025, diferentes boletines y análisis técnicos internos han señalado que, durante la temporada seca, Coca Codo puede responder por más del 50% de la energía hidroeléctrica generada en el país, y cerca del 30% de la generación eléctrica total en momentos críticos de despacho.
Estas cifras son coherentes con informes previos que indican que la planta puede llegar a cubrir aproximadamente un tercio de la demanda nacional cuando opera cerca de su potencial y que su generación anual rondó los 6 800–8 700 GWh en años recientes.
A las 18h30 en un día seco típico de octubre de 2025, los operadores del CENACE observan cómo las curvas de demanda comienzan su ascenso hacia el pico vespertino. Las interfaces de despacho muestran en tiempo real el aporte de cada recurso.
Las grandes represas del sur ya han reducido su generación por caudal limitado. Paute opera con niveles bajos de agua; Sopladora y Mazar han ajustado al mínimo sus turbinas. En contraste, la línea correspondiente a CCS permanece firme cerca de su máxima salida disponible, mitigando la caída de generación renovable.
Ecuador ha dependido históricamente de hidroeléctricas como el motor principal de su matriz eléctrica —con más del 60% de su capacidad renovable total basada en hidroelectricidad según proyecciones del Plan Maestro de Electricidad 2023–2032—.
Cobertura de demanda básica y picos: al operar cerca de su capacidad disponible, asegura que se pueda cubrir un porcentaje considerable de la demanda nacional, reduciendo dependencia térmica, especialmente en horas de mayor consumo.
Costos del sistema: la generación hidroeléctrica tiene costos marginales significativamente menores a las unidades térmicas que operan con diésel o fuel oil, lo que implica menores costos promedio de despacho y menor volatilidad en los precios de la energía para consumidores residenciales e industriales.
Reducción de emisiones: sustituir generación fósil por hidroelectricidad evita emisiones directas de CO₂ y otros contaminantes locales.
Sin la disponibilidad de Coca Codo —especialmente en sequía—, el SNI tendría que recurrir más intensamente a plantas térmicas de diesel y gas, incrementando gastos operativos y emisiones, y aumentando el riesgo de cortes programados de energía, como ya ocurrió en 2024 durante un episodio de sequía intensa que llevó a apagones de hasta 14 horas diarias y pérdidas económicas significativas.
Coca Codo Sinclair no es solo otro componente de la matriz eléctrica ecuatoriana: es, en épocas secas, el recurso renovable más firme y determinante del despacho, con capacidad de sostener cerca de un tercio de la demanda nacional, reducir costos y evitar emisiones que de otra forma recaerían sobre planta térmica.
Sin este recurso, el país enfrentaría una matriz más vulnerable, costosa y contaminante, especialmente durante estiajes donde la hidrología tradicional ya está comprometida. La central representa una pieza crítica tanto técnica como socialmente para la estabilidad energética del Ecuador, y su gestión eficiente es esencial para garantizar que cuando el agua escasea, la energía no lo haga. Fin
