Los gobiernos de todo el mundo gastan cientos de miles de millones de dólares anualmente para mantener a más de 11,5 millones de personas detrás de las rejas, en su mayoría hombres. El costo global exacto no está claro, pero solo en Estados Unidos -el país con la mayor población carcelaria del planeta- el presupuesto penitenciario es de 80 700 millones de dólares (69 100 millones de euros) al año, frente a los 4000 millones de dólares de Brasil. India, con la cuarta población carcelaria más grande, gasta casi 1000 millones de dólares.

En muchos países, las empresas privadas también se benefician del sistema penitenciario, ocupándose desde la construcción de celdas hasta la venta de llamadas telefónicas. Las organizaciones criminales operan imperios del contrabando y la extorsión dentro de las cárceles. Mientras, los reclusos luchan por sobrevivir en una economía sumergida donde los fideos son su moneda corriente, ganando un trabajo que a menudo les genera solo unos pocos centavos por hora.
Además de las bajas tasas de rehabilitación, los gobiernos tampoco logran contener otra crisis creciente: el hacinamiento carcelario. Penal Reform International, una organización no gubernamental que aboga por sistemas de justicia penal justos en todo el mundo, informa que 155 países luchan contra el hacinamiento en las prisiones, y once países han duplicado con creces su capacidad. Los centros penitenciarios en el Congo, Camboya y Filipinas operan al 300 por ciento o incluso al 600 por ciento de su capacidad.
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