El subcampeón, resignado, compara el nivel de Alcaraz con el de Nadal y Djokovic

El discurso de Jannik Sinner es como su tenis, siempre lineal, sumamente recto. Tipo sin extravagancias él, al que esta noche, fundido por dentro y por fuera después de las más de cinco horas de paliza y después de haber encajado un golpe anímico de considerables dimensiones, le cuesta expulsar las palabras. Siempre elegante, las escupe con profesionalidad, pero su rostro habla. Cara larga, voz monocorde, tono lúgubre: tremendo el impacto. De los 50 últimos partidos que ha disputado, el número uno ha ganado 47 y tan solo ha perdido tres; los tres contra Alcaraz, que en el tú a tú sigue inclinando la balanza a su favor. Severa la dentellada que recibe el de San Cándido.

“Por supuesto, estoy contento con el torneo que he hecho, pero esta derrota duele. No hay mucho más de lo que hablar”, señala, mientras su subconsciente viaja una y otra vez hacia ese punto crítico del partido en el que todo se ha torcido para él, por mucho que luego regresara. Esas tres bolas pesan y pesarán, y quién sabe si podrían marcar decisivamente la rivalidad que definirá la nueva era. Le sucedía a Roger Federer con Rafael Nadal, quien fundía al suizo y le condujo hasta el llanto en Australia. “Dios, esto me está matando”, dijo entonces el de Basilea, hombre sensible que exteriorizaba con facilidad los sentimientos. No así Sinner, tocado, pero una roca.

Se sostiene al hablar la cabeza con el brazo, como si todo pesase demasiado después de un episodio en el que comenzó arrasando y acabó ahogándose en la orilla. Recuperó el terreno perdido en el quinto set, ya demasiado tarde. “Estoy feliz por la manera en la que intento mejorar cada día para llegar hasta este tipo de partidos y por haber formado parte de él, pero duele”, admite. Y reconstruye: “Intenté borrar cada set, intentar empezar de cero. Por supuesto, estoy decepcionado con el cuarto y con los puntos de partido, con mi saque, pero luego me mantuve ahí mentalmente. No le regalé ningún punto”.

“Cuando acabó, acabó”, prosigue. “Es un sentimiento diferente cuando termina, porque no puedes cambiar nada. Al inicio del quinto set pude haber cambiado las cosas”, lamenta el rey del circuito, que no atribuye la derrota al declive físico, sabiendo que los duelos más prolongados todavía se le resisten. Cuenta pendiente. “No puedes comparar este partido con ningún otro. Físicamente estaba bien, cansado, pero igual que él. Ha sido un partido muy físico y mental. ¿Qué puedes hacer? Ahora, sabiendo el resultado, es lo que hay, no puedes cambiarlo. Sigo feliz por haber sido parte de este encuentro, fue largo y de un gran nivel. Son cosas que pasan, hoy me ha ocurrido a mí”, agrega.

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