En un momento en que la presión sobre los ecosistemas naturales aumenta en Ecuador, la provincia de Tungurahua da un paso estratégico hacia la conservación. El Instituto Nacional de Biodiversidad (INABIO) y la Prefectura firmaron un convenio clave para investigar y proteger la riqueza biológica del territorio, uno de los más diversos del país.
Tungurahua: laboratorio natural de biodiversidad en Ecuador
Durante el 3er Congreso Cumbre de los Páramos 2026, autoridades del INABIO y del Gobierno Provincial formalizaron un acuerdo orientado a generar conocimiento científico sobre especies y ecosistemas.
El convenio permitirá levantar información detallada sobre mamíferos, aves, anfibios y reptiles, consolidando una base técnica que servirá para fortalecer el ordenamiento territorial y las políticas de conservación en zonas prioritarias.
Uno de los aspectos más relevantes es que Tungurahua, pese a su tamaño, posee un amplio gradiente altitudinal que concentra una diversidad única de ecosistemas en un espacio reducido, lo que la convierte en un territorio estratégico para la investigación científica en Ecuador.
Datos clave: riqueza natural bajo presión
Los primeros diagnósticos evidencian tanto el potencial como los riesgos:
- Cerca de 4.000 especies de plantas registradas
- 574 especies endémicas
- 208 especies en algún grado de amenaza
- 649 especies de hongos identificadas
Estos datos reflejan un patrimonio natural de alto valor, pero también expuesto a amenazas como la expansión agrícola, los incendios forestales y el sobrepastoreo en páramos.
Además, el convenio contempla productos técnicos concretos como diagnósticos de biodiversidad, caracterización ecológica de zonas y la identificación de áreas prioritarias para su protección.
Conservación y desarrollo: el desafío de equilibrio
Más allá del componente científico, el acuerdo pone sobre la mesa un tema crítico: cómo equilibrar la conservación ambiental con las necesidades económicas de las comunidades locales.
El enfoque actual plantea dejar atrás visiones tradicionales y avanzar hacia modelos integrados, donde la biodiversidad no solo se protege, sino que también se convierte en un eje para el desarrollo sostenible.
Esto implica reconocer que ecosistemas como los páramos no solo son reservas naturales, sino también fuentes clave de agua, producción agrícola y estabilidad ambiental. FIN
