CHENGDU, 21 ago (Xinhua) — En un verano inundado por el calor abrasador y acompañado por el canto ruidoso de las cigarras en Chengdu, en el suroeste de China, Sebastián Andrés Mancero Hidalgo, un joven ecuatoriano de 29 años, se concentra en el registro de datos experimentales, en medio del zumbido del sistema de análisis por imágenes de resonancia magnética nuclear a alta temperatura y alta presión.

   Mancero estudia ingeniería de petróleo y gas en la Universidad Tecnológica de Chengdu y cursa su primer año de maestría. Este verano decidió quedarse en la escuela para continuar con su investigación, pues para él, pasar el tiempo en el laboratorio es algo «enriquecedor» que le permite sostener numerosos intercambios con profesores y compañeros.

   Tras obtener el año pasado la licenciatura en geología, otorgada por la Universidad Yachay Tech, en Ecuador, trabajó en logística al no haber empleos relacionados disponibles, una experiencia que le hizo sentir muy incómodo, ante la incertidumbre respecto a cómo sería su futuro.

   Decidió cruzar medio planeta con el propósito de estudiar ingeniería petrolera en China, gracias a los comentarios de su supervisor universitario, quien citó las tecnologías avanzadas del país asiático en el sector petrolero, tales como captura, uso y almacenamiento de carbono, entre otras.

    Su investigación actual, llevada a cabo junto con el profesor Wang Heng, se centra en la Recuperación Mejorada de Petróleo (EOR, por sus siglas en inglés) mediante CO₂ en yacimientos petrolíferos, de medianos a pesados, con posterioridad a la inyección de agua. «La idea es mejorar la producción en mi país y también reducir las emisiones de carbono en el medio ambiente. Esto es lo más fascinante de mi trabajo», contó el joven.

   Mancero calificó su actividad académica en China como un nuevo punto de partida para la vida. «Después de completar mis estudios de posgrado, mi plan es regresar a Ecuador y aplicar los conocimientos de CO₂-EOR que aprendí, con el fin de desarrollar nuestro país», explicó.

Imagen de referencia  

En los últimos años, han sido cada vez más los ecuatorianos que han elegido rumbos similares. Otro de ellos es Miller Ariel Guevara Domínguez, quien realiza el programa de logística y gestión de la cadena de suministro en la Universidad de Finanzas y Economía del Suroeste, también en Chengdu. 

   «El transporte y la industria de mensajería en China están muy desarrollados y los pagos son muy convenientes», comentó Guevara, quien llegó al país hace tres años.

   Durante este tiempo, ha experimentado el gusto de tomar trenes de alta velocidad para conocer lugares, sentir la cultura y las tradiciones, y conversar con la gente, así como de recorrer las calles de Chengdu en bicicleta, en busca del auténtico sabor de la cocina de Sichuan, provincia de la cual esta ciudad es su capital. 

   Asimismo, ha destacado la «gran comodidad» de vivir en China y le han impresionado tanto el «ritmo rápido» de la moderna urbe donde se encuentra, como su «sensación relajada y llena de vida cotidiana». 

   Confesó que ya considera a este como su segundo hogar, en donde espera encontrar un trabajo adecuado una vez se haya graduado, para seguir así su exploración por tan hermosa tierra.

   En mayo de 2025, China prometió brindar 3.500 becas gubernamentales y 10.000 cupos de capacitación profesionales, entre este año y 2027, a los países miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, como parte de una serie de propuestas orientadas a fomentar los intercambios entre pueblos.

   En el caso ecuatoriano, el Gobierno chino ha becado a cerca de 1.000 de sus más destacados estudiantes y, en años recientes, ha ofrecido más de 2.600 oportunidades de formación profesional para sus ciudadanos.

   La de Isabel Chuma es una historia especial. Fue atraída por la medicina tradicional china y, luego de tan solo dos años de esfuerzos, ya es capaz de aplicar la técnica de la acupuntura a quienes van a su consulta.

   «El momento más feliz e inolvidable de mis estudios es cuando un paciente pasa de dudar de mí por mi rostro extranjero a reconocer que he aliviado su dolor», relató Chuma, sin ocultar la gran alegría que siente cuando depositan en ella esa confianza. 

   Por esta misma razón eligió adentrarse en la medicina: para ser una buena doctora y proporcionar ayuda a quienes la necesitan. 

   Su vínculo con la medicina tradicional china se remonta a su adolescencia. En aquellos años, encontró en la biblioteca de su padre unos libros sobre el tema y el misterio de las teorías y técnicas orientales le generaron enorme interés e inspiración.

   Antes de obtener la beca gubernamental otorgada por China y viajar a este país, era médica interna en un hospital de la provincia de Cañar. 

   Allí atendió a una persona que padecía artritis y, además, había desarrollado gastritis por tomar antinflamatorios. Posteriormente, al volver para un chequeo de seguimiento, su condición había mejorado, gracias a haber abandonado los medicamentos y recibir tratamiento con acupuntura, como supo la joven al preguntarle. 

   Este episodio le hizo comprender la importancia de la medicina ancestral del país asiático en la rehabilitación y el cuidado de la salud, por lo tanto, decidió ir allí y explorar ese «misterioso campo».

   Ahora, con los dos años transcurridos en la Universidad de Medicina Tradicional China de Chengdu, ha conseguido dominar, junto con la acupuntura, las técnicas de ventosas y raspado. Aun así, considera que se trata de un conocimiento «demasiado profundo».

   Su sueño es graduarse, retornar a su ciudad de origen y abrir una clínica que combine saberes medicinales chinos y occidentales. 

   «He observado a muchos pacientes que se benefician de la rehabilitación con técnicas de la medicina china. Quiero promover su conocimiento y llevar la acupuntura a mi tierra natal», manifestó, con una mirada llena de determinación y esperanza. Fin

Con información de Agencia Xinhua

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *