La CEPAL actualizó el debate con un pronunciamiento de alto nivel que confirma la vigencia de las ocho rupturas y plantea que América Latina debe actuar con estrategia y cooperación para convertir sus activos en poder real.
Lo que en 2023 fue un mapa de riesgos y oportunidades, hoy es un manual de urgencia. Eso ocurre con el documento de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sobre las “ocho rupturas” que vuelve ahora a la conversación mundial al posicionarse como un insumo prospectivo para interpretar transformaciones que siguen desplegándose.
El informe elaborado en su momento por la División de Desarrollo Estratégico y Prospectiva liderada por Mario Cimoli, entonces Secretario Ejecutivo Interino, se nutre de cifras comparativas sobre comercio, inversión extranjera, innovación tecnológica y gobernanza democrática en la región que poco se han modificado.
Hace unos días el informe “Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica” fue presentado en Santiago de Chile con respaldo, además, de la Organización de Naciones Unidas y pone en la palestra el tema.
Las rupturas ya no son escenarios posibles, sino hechos palpables que redefinen el lugar de América Latina en el mundo. La región concentra cerca del 40% de la biodiversidad mundial y más del 30% de las reservas de agua dulce, lo que la convierte en un actor clave en la transición energética y en la agenda de sostenibilidad.
Pero participa con apenas 8% de la inversión global en investigación y desarrollo, lo que refleja la urgencia de fortalecer capacidades tecnológicas frente a las revoluciones en curso.
América Latina se enfrenta a un tablero internacional que ya no tiene un centro único de gravedad. La CEPAL alerta hoy que las ocho rupturas simultáneas están reconfigurando el orden mundial.
La globalización, antes símbolo de eficiencia, hoy se percibe como un riesgo. El multilateralismo, que sostenía acuerdos globales, se fragmenta en alianzas selectivas. La hegemonía estadounidense se transforma en un escenario multipolar donde China, Europa e India disputan influencia.
El poder blando –la capacidad de atraer más que imponer– se redistribuye: mientras EE. UU. pierde atractivo, China gana terreno con inversión y cultura. Al mismo tiempo, la democracia retrocede y la polarización política erosiona consensos.
La desinformación y la crisis de la verdad, potenciadas por algoritmos y la inteligencia artificial, minan la confianza en las instituciones. A ello se suman revoluciones tecnológicas que redefinen la producción y el trabajo, y un cambio profundo en valores: sostenibilidad, equidad y diversidad se convierten en nuevas banderas globales.
¿Qué significa esto para América Latina? Que la región no puede permanecer pasiva. La CEPAL insiste en que existen activos estratégicos -recursos naturales, talento humano, biodiversidad, energía limpia- que deben movilizarse con gobernanza efectiva y cooperación regional.
El mensaje es claro: el futuro no se construye resistiendo las rupturas, sino navegándolas con inteligencia. América Latina tiene la oportunidad de dejar de ser espectadora y convertirse en protagonista de un mundo que ya no gira alrededor de un solo poder.
Fuente: CEPAL
Contenido elaborado con apoyo de inteligencia artificial, a partir de información proporcionada y verificada por la redacción.
