En medio de la crisis hídrica que afecta a Ecuador y compromete la generación eléctrica, la operación de Coca Codo Sinclair se ha convertido en una pieza esencial para evitar apagones más prolongados y frecuentes. Si la hidroeléctrica más grande del país no estuviera en funcionamiento, la capacidad de generación se vería drásticamente reducida, incrementando los cortes de energía y afectando gravemente a la población.
Con una capacidad instalada de 1.500 MW, Coca Codo Sinclair es responsable de generar cerca del 30% de la electricidad que consume el país. En estos momentos críticos, su operación responde a las demandas establecidas por el Centro Nacional de Control de Energía (CENACE), alcanzando rangos de generación que van del 20% al 50% de la producción total de energía en Ecuador.
Aunque la central ha enfrentado críticas y desafíos, su aporte es decisivo para mitigar la crisis energética. Sin ella, el país experimentaría apagones de mayor duración durante todo el año, no solo en los meses de estiaje. En condiciones normales, Coca Codo Sinclair ha garantizado la estabilidad del sistema eléctrico, minimizando interrupciones y cubriendo las horas pico de consumo.
Desde su entrada en operación, la central ha generado un promedio de más de 8.600 GWh anuales, lo que representa hasta el 35% de la demanda eléctrica nacional. Además, ha reducido la dependencia de fuentes térmicas más costosas y sujetas a la volatilidad internacional, así como la necesidad de importar electricidad de países vecinos. Su producción hidroeléctrica ha aliviado las finanzas del país al disminuir el gasto en la compra de energía externa y en generación térmica, la cual puede ser hasta tres veces más costosa que la hidroeléctrica.
A pesar de las dificultades, expertos de distintas tendencias coinciden en que, a cualquier costo, se debe proteger esta obra, que sigue siendo un pilar fundamental para la seguridad energética de Ecuador.
