La inteligencia artificial en la educación dejó de ser una tendencia para convertirse en una realidad cotidiana. Un nuevo informe global de Pearson revela que el 64% de los estudiantes ya utiliza herramientas de IA para sus actividades académicas y que el 80% las emplea al menos una vez por semana. Sin embargo, el estudio advierte que este avance tecnológico también puede generar una peligrosa «ilusión de aprendizaje», donde los alumnos completan tareas sin desarrollar realmente los conocimientos y habilidades que requieren.

La investigación, realizada con más de 1.000 educadores de colegios, institutos y universidades de distintas regiones del mundo, incluida América Latina, concluye que el uso indiscriminado de la inteligencia artificial puede profundizar las brechas educativas que dejó la pandemia si las instituciones no adaptan sus modelos de enseñanza y evaluación.

La inteligencia artificial cambia la forma de aprender, pero también plantea nuevos riesgos

El estudio muestra que el 60% de los estudiantes utiliza la IA para resolver dudas, el 51% para corregir o editar textos y el 48% para resolver tareas escolares. Aunque estas herramientas mejoran la productividad, Pearson advierte que existe el riesgo de que los estudiantes deleguen el proceso de razonamiento a la tecnología, debilitando competencias fundamentales como el análisis, la memoria y el pensamiento crítico.

Alejandra Baca, especialista en Educación de Pearson Latinoamérica, señala que estas conclusiones son especialmente relevantes para Ecuador, donde cada vez más instituciones incorporan herramientas de inteligencia artificial en sus procesos educativos. La recomendación no es prohibir la IA, sino enseñar a utilizarla de manera crítica, validando información, detectando errores o «alucinaciones» y aprendiendo a formular instrucciones efectivas para obtener mejores resultados.

Los docentes evolucionan frente a la inteligencia artificial

El informe identifica cuatro perfiles de docentes que hoy conviven en las aulas. Están los tradicionalistas, que rechazan completamente la IA; los escépticos protectores, preocupados por la pérdida de autonomía de los estudiantes; los exploradores cautelosos, que experimentan con reservas; y los innovadores proactivos, quienes ya integran la inteligencia artificial en sus clases y evaluaciones.

No obstante, la transformación avanza más rápido que las normas. Apenas el 54% de las escuelas y el 60% de las universidades cuentan con políticas formales para regular el uso de estas herramientas, lo que deja un amplio margen de incertidumbre sobre su implementación responsable.

El desafío ya no es prohibir la IA, sino enseñar a pensar con ella

En áreas como la enseñanza del inglés, la inteligencia artificial facilita la corrección gramatical, la ampliación del vocabulario y la escritura. Sin embargo, Pearson advierte que utilizar estas herramientas no equivale a desarrollar competencias lingüísticas reales. El verdadero reto consiste en formar estudiantes capaces de cuestionar las respuestas generadas por la IA, contrastar fuentes y construir conocimiento propio.

Para enfrentar este escenario, Pearson propone fortalecer la alfabetización digital de docentes y alumnos mediante estrategias que integren la inteligencia artificial como un apoyo al aprendizaje, pero sin reemplazar el pensamiento crítico. El informe incluye además una guía práctica para educadores con recomendaciones para adaptar las evaluaciones y las dinámicas de clase a esta nueva realidad. Fin

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *