El país tiene más de 1,5 millones de personas de 65 años o más. La falta de ingresos, el trabajo informal, la soledad y las dificultades para acceder a atención especializada revelan las brechas de una población que crece.
Quito, octubre de 2026.- Los homenajes por el Día Internacional de las Personas de Edad, celebrado cada 1 de octubre, contrastan con una realidad que persiste el resto del año en Ecuador: 44 % de las personas adultas mayores no recibe ingresos laborales ni una pensión de vejez y, entre quienes tienen entre 65 y 75 años y trabajan, el 82 % lo hace en el sector informal, según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Adultos mayores en Ecuador: los homenajes terminan, la precariedad y la soledad persisten
El desafío adquiere mayor dimensión porque Ecuador está envejeciendo. El Censo de 2022 contabilizó 1.520.590 personas de 65 años o más, equivalentes al 9 % de la población. En 2010 representaban el 6,2 %. Las cifras anticipan una creciente demanda de atención sanitaria, protección social, cuidados y espacios que permitan conservar la autonomía durante la vejez.
El problema no es únicamente económico. Especialistas consultados advierten sobre dificultades para acceder oportunamente a servicios de salud, aislamiento social, discriminación por edad y ausencia de suficientes redes de cuidado.
El 82 % de los trabajadores de 65 a 75 años está en la informalidad
La inseguridad económica constituye una de las principales brechas.
Un estudio sobre Ecuador publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en mayo de 2024 determinó que el 44 % de las personas adultas mayores no recibía ingresos laborales ni una pensión de vejez, contributiva o no contributiva. El indicador era superior al promedio de América Latina y el Caribe, situado en 34,5 %.
La brecha es especialmente pronunciada entre las mujeres: 58,1 % carecía de ingresos laborales o pensiones, frente al 27,5 % de los hombres.
La falta de protección económica también prolonga la permanencia en el mercado laboral. En 2022, el 39 % de la población adulta mayor estaba trabajando o buscando empleo.
El dato más crítico aparece al analizar la calidad de esos trabajos: el 82 % de las personas ocupadas de entre 65 y 75 años estaba en el sector informal, según la OIT.
Para quienes dependen de ingresos inestables, gastos esenciales como alimentación, vivienda y transporte pueden competir con consultas médicas, medicamentos o tratamientos.
La OIT recomienda ampliar la cobertura de protección social, fortalecer la inserción laboral formal de las personas mayores que continúan trabajando y mejorar el acceso a atención sanitaria.
Ecuador tiene más de 1,5 millones de adultos mayores
El envejecimiento de Ecuador ya es visible en la estructura demográfica.
El Censo de Población y Vivienda de 2022 registró 1.520.590 personas de 65 años o más, frente a una participación proporcional considerablemente menor doce años antes.
El grupo pasó de representar 6,2 % de la población en 2010 al 9 % en 2022.
Las mujeres son mayoría: 815.136, equivalentes al 53,6 %, mientras 705.454 son hombres.
El INEC también contabilizó 2.738 personas de 100 años o más en el país.
Estos cambios demográficos plantean un desafío de largo plazo: a medida que aumenta la proporción de personas mayores, también crece la necesidad de sistemas de salud, cuidados de larga duración, seguridad económica y ciudades adaptadas al envejecimiento.
Atención médica tardía puede reducir la autonomía
La geriatra Evelyn Campoverde, especialista en medicina del adulto mayor, advierte que la discusión no debería concentrarse únicamente en cuántos años viven las personas, sino en las condiciones y autonomía con las que llegan a edades avanzadas.
Según la especialista, una de cada tres personas adultas mayores enfrenta algún grado de limitación funcional o de movilidad. Enfermedades crónicas como diabetes y afecciones cardiovasculares pueden complicar todavía más esa situación cuando el diagnóstico, tratamiento o rehabilitación no llegan oportunamente.
Campoverde sostiene que en determinados servicios del sistema público los pacientes pueden enfrentar esperas de tres a cuatro meses para una valoración especializada, situación que, según su experiencia profesional, puede retrasar tratamientos o rehabilitación.
La médica estima además que Ecuador dispone de alrededor de 150 especialistas en geriatría. Esta cifra corresponde a su valoración profesional y no a un registro oficial verificado para este reportaje.
El problema, explica, no se limita al número de médicos. El envejecimiento requiere también profesionales de enfermería, terapia ocupacional, rehabilitación, asistencia gerontológica y equipos multidisciplinarios.
La soledad también es un problema de salud
Envejecer acompañado y envejecer solo pueden producir realidades profundamente diferentes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la soledad y el aislamiento social como factores relevantes para la salud física y mental. Su información más reciente estima que alrededor del 11,8 % de las personas mayores experimenta soledad y aproximadamente una de cada cuatro está socialmente aislada.
Entre las consecuencias se encuentran una peor salud mental y física, menor calidad de vida y efectos sobre la longevidad.
Para Campoverde, fortalecer las redes familiares y comunitarias resulta especialmente importante entre personas con bajos ingresos, problemas de movilidad o enfermedades crónicas.
La calidad de vida en la vejez, sostiene, no depende únicamente de decisiones individuales: también requiere condiciones para alimentarse adecuadamente, movilizarse, recibir atención sanitaria y conservar vínculos sociales.
Edadismo: la discriminación que llega con los años
A las dificultades económicas y sanitarias se suma una barrera menos visible: la discriminación basada en la edad.
El periodista Kleber Paredes, especializado en temas relacionados con las personas adultas mayores, advierte que el edadismo continúa manifestándose en Ecuador mediante expresiones, estereotipos y conductas que presentan a las personas mayores como incapaces, improductivas o dependientes.
La OMS define el edadismo como los estereotipos, prejuicios y discriminación dirigidos hacia otras personas o hacia uno mismo debido a la edad.
Sus consecuencias pueden ser importantes. La organización relaciona el edadismo con peor salud física y mental, menor calidad de vida, aislamiento y soledad.
Cuando una persona mayor es considerada automáticamente incapaz de decidir, participar o aprender por su edad, la discriminación puede terminar reduciendo su autonomía y presencia en la sociedad.
Quito tiene ocho centros y cerca de 700 puntos para adultos mayores
Los gobiernos locales también enfrentan el reto de responder al envejecimiento.
En Quito funcionan ocho Centros de Experiencia del Adulto Mayor (CEAM) y cerca de 700 puntos del programa 60 y PiQuito. Entre enero y agosto de 2026, los servicios municipales alcanzaron a más de 23.000 usuarios, de acuerdo con información publicada por el Municipio.
La red incluye atención gerontológica diurna, temporal y permanente, además de actividades dirigidas al envejecimiento activo, prevención de violencias, transmisión de conocimientos y alfabetización digital.
Durante 2026 también se implementó el servicio de Acompañamiento Familiar, destinado a personas adultas mayores y personas con discapacidad en condiciones de alta vulnerabilidad dentro de sus domicilios.
La dimensión económica aparece nuevamente en estos programas.
Un estudio del Instituto de Investigaciones de la Ciudad (IIC) analizó a 172 personas adultas mayores —92 usuarias de servicios municipales y 80 que no los utilizaban— y encontró una importante concentración en los segmentos de menores ingresos.
La investigación determinó que la mayoría de las personas no usuarias y una proporción considerable de quienes sí utilizaban los servicios municipales vivían con menos de USD 470 mensuales.
El resultado debe interpretarse dentro de los límites de la muestra estudiada y no como un ingreso promedio de todos los adultos mayores de Quito.
Loja, Bolívar y Cañar concentran proporcionalmente más adultos mayores
El envejecimiento tampoco se distribuye de manera uniforme en Ecuador.
Según el Censo de 2022, Loja registró la mayor proporción de adultos mayores respecto de su población provincial, con el 11,9 %, equivalente a 57.799 personas.
Le siguieron Bolívar, con 11,7 % y 23.272 personas, y Cañar, con 11,6 % y 26.481.
Entre las personas centenarias, el INEC identificó que Morona Santiago, Zamora Chinchipe y Loja registraban las mayores proporciones respecto de su propia población adulta mayor.
Las diferencias territoriales son relevantes porque determinan dónde será necesario fortalecer servicios sanitarios, programas sociales, movilidad, cuidados y redes comunitarias durante los próximos años.
Educación y pobreza profundizan las brechas en la vejez
Las condiciones con las que una persona llega a la vejez son el resultado de desigualdades acumuladas durante décadas.
Información atribuida al Consejo Nacional para la Igualdad Intergeneracional (CNII) para 2025 señala brechas educativas entre las personas adultas mayores, con indicadores de analfabetismo, analfabetismo funcional y bajos porcentajes de culminación de educación básica y bachillerato.
Estas condiciones pueden convertirse en nuevas barreras en una sociedad cada vez más digitalizada: desde realizar trámites públicos y bancarios hasta solicitar citas médicas, comunicarse o acceder a información.
La pobreza agrega otra capa de vulnerabilidad porque limita las posibilidades de pagar vivienda, alimentación, transporte, medicamentos y cuidados.
El reto ya no es solo vivir más, sino vivir mejor
Ecuador tiene hoy una proporción de personas mayores considerablemente superior a la registrada hace poco más de una década y esa transformación continuará presionando a los sistemas de salud, seguridad social y cuidados.
Los homenajes del 1 de octubre ayudan a visibilizar a esta población, pero las cifras muestran que el desafío permanece durante los otros 364 días del año.
El 44 % sin ingresos laborales ni pensión, la elevada informalidad entre quienes continúan trabajando y el crecimiento sostenido de la población mayor revelan que el envejecimiento ya no puede tratarse únicamente como un asunto familiar o sanitario.
El próximo desafío para Ecuador será adaptar sus políticas públicas a una población que vive más años y garantizar que esa mayor longevidad esté acompañada de ingresos, atención médica oportuna, autonomía, participación social y redes de cuidado.
Fuente: Licenia Espinel – Radio Pichincha
