Si no habría Coca Codo Sinclair, los apagones serían aún más extendidos e incluso hay quienes han afirmado que sufriríamos de un apagón extendido con escasas horas de luz. Esto ha hecho que las críticas politizadas y sesgadas se vean acalladas por los hechos: el impresionante desempeño de la central más grande del país, cuya capacidad instalada es de 1.500 MW y que aún en esta etapa de dura crisis y de sequía ha llegado a sostener iluminado al país.
La Ministra del Ambiente, quien está encargada de la cartera de Energía y Minas, Inés Manzano, destacó la “generación extraordinaria” de Coca Codo Sinclair al inicio de la semana en que llegó a producir 1.000 MW, lo que permitió que “descanse” Mazar y se pueda preservar el embalse.

Pero no es la única que se ha expresado así. Para expertos como Edison Pogo, miembro del Consejo Mundial de Energía con sede en Londres, cada país tiene una matriz energética y que indiscutiblemente la del Ecuador es la hidroenergía, en su cuenca amazónica, por las condiciones naturales que tiene y en la que despunta Coca Codo Sinclair por su aporte energético.
La Asamblea Nacional, desde la Comisión de Fiscalización que en períodos pasados criticó duramente la obra y cuestionó precio y calidad de construcción, hace pocas semanas emitió un nuevo informe en que reconoce la potencia de la obra y el rol fundamental en la provisión eléctrica y, por tanto, en el desarrollo del país y de la vida de sus habitantes.
Es aún más notorio el reconocimiento al funcionamiento de Coca Codo Sinclair, construida por la empresa china Sinohydro, en la conversación generada en las redes sociales, en que los navegantes de distintas plataformas dan gracias a la existencia de la obra y a la energía que provee.
Con reconocimientos espontáneos en que el humor popular se expresa, lo dicho por los técnicos se traduce en el lenguaje popular en frases como “mi madre me dio la vida, pero Coca Codo Sinclair, las ganas de vivir” o “Si tengo una hija se llamará Coca y si es varón, Codo”.
El esfuerzo que está realizando la central amerita que el Estado le dé el mantenimiento y las actualizaciones tecnológicas en correspondencia a ocho años de rendimiento sin pausa. Si bien las arcas fiscales están más afectadas aún con la crisis energética, expertos, sectores empresariales y organismos crediticios también se han referido a la urgencia de que la empresa privada -nacional o internacional- asuma esas responsabilidades y que no se arriesgue al Ecuador a situaciones más severas que puedan concluir en una debacle.
Al respecto, es importante considerar que la constructora de la central expresó su disposición a asumir la obra. Lo hizo ante Fernando Santos Alvite, ministro de Energía del gobierno de Guillermo Lasso, y fue una posibilidad bien vista, pero lamentablemente no progresó, sin embargo, sería fundamental dar seguimiento a la posibilidad que significaría Coca Codo Sinclair para rato, aún más allá de los 50 años de su vida útil.
FIN
