Dos magistrados decidirán, a lo largo de dos días de vista pública, si el cofundador de Wikileaks es puesto en manos de Washington, donde se le acusa de 18 infracciones contra la Ley de Espionaje
Una gran campaña internacional en defensa de Julian Assange, pero sobre todo en defensa de la libertad de prensa, intentará esta semana frenar la inminente extradición del cofundador de Wikileaks a Estados Unidos. Dos magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Inglaterra y Gales escucharán, a lo largo de las dos jornadas de vista preliminar que comienzan este martes, los argumentos de la defensa del hacker australiano para defender el derecho de Assange a interponer un recurso de apelación contra la decisión final de su entrega, autorizada por el Tribunal Supremo en 2022 y confirmada en junio de ese mismo año por la entonces ministra británica del Interior, Priti Patel. La decisión de los jueces podría darse a conocer al final de la sesión del miércoles.
“Su salud se está deteriorando. Mental y físicamente. Su vida está en peligro cada día que permanece en prisión, y va a morir”, advertía su esposa, la abogada Stella Assange, en un encuentro con corresponsales organizado en Londres por la Asociación de la Prensa Extranjera, en el que participaron también representantes de Wikileaksy de la organización Reporteros Sin Fronteras.
Si los magistrados Jeremy Johnson y Victoria Sharp deciden dar luz verde a la extradición, se agotaría para Assange la vía judicial en el Reino Unido. Siempre queda la posibilidad de que sus abogados recurran al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, pero los plazos correrían en contra del fundador de Wikileaks. Incluso si el tribunal europeo dictara una orden de suspensión inmediata ―la misma con la que frenó el primer avión con inmigrantes deportados a Ruanda—, el Gobierno británico no se consideraría obligado a obedecerla.
Assange pasó encerrado siete años en la Embajada de Ecuador en Londres y otros cinco en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh, también en la capital inglesa, donde sigue hoy. “Tiene 52 años, y está siendo tratado con medicación. En octubre de 2021 sufrió un infarto leve. Ha tenido desde entonces todo tipo de problemas de salud, después de cinco años recluido en una celda de dos metros de ancho por tres de largo. Está aislado. Aunque intente moverse dentro, le da para poco”, explicaba su esposa.
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