Los ciberdelincuentes aprovecharon una vulnerabilidad de los monederos fríos Coldcard y sustrajeron 96 millones de euros en bitcoin, en un incidente todavía en curso.

Ver el capítulo de una serie, hacer la compra de la semana o viajar en tren entre Madrid y Toledo lleva unos 41 minutos. Ese fue el tiempo que necesitaron unos hackers para sustraer cerca de 70 millones de dólares, unos 60,8 millones de euros, en bitcoin de uno de los sistemas considerados más seguros para custodiar criptomonedas: los llamados monederos fríos. En apenas tres cuartos de hora, el jueves pasado unos hackers aprovecharon una vulnerabilidad en los dispositivos de Coldcard para vaciar miles de monederos. Pero los cibercriminales siguen atacando y a los 70 millones ya mencionados se suman otros 40 sustraídos en los últimos días, por un total de 1.755 bitcoin robados de unas 5.000 billeteras, según datos de Galaxy Research.

Los monederos fríos son el equivalente digital a una caja fuerte. Se consideran la forma más segura para guardar las claves de acceso a los activos digitales. No están conectados a internet, lo que reduce drásticamente el riesgo de sufrir ataques, robos o accesos no autorizados. Empresas, gobiernos y particulares recurren a esta tecnología para proteger su información y patrimonio digital, e incluso los usuarios pueden utilizar esta solución por cuenta propia, mediante autocustodia.

Sin embargo, el incidente de Coldcard ha demostrado que ni siquiera esta solución es infalible. Cuando un usuario configura un monedero, el dispositivo genera una secuencia aleatoria de 12 a 24 palabras, una llave maestra conocida como frase semilla, a partir de la cual se derivan todas las claves privadas necesarias para controlar los fondos. Ese código ejerce de clave de bóveda de la cartera: quien la conoce puede recuperar el acceso a los bitcoin almacenados en ella.

Las claves privadas, en cambio, son una cadena de letras y números generada de forma matemática a partir de la semilla, y se utilizan para firmar y autorizar transacciones en la cadena de bloques. “Estas claves proceden de una semilla. Por ello, si alguien la conoce, podría acceder a todas las claves privadas”, explica Ferdinando Ametrano, CEO de CheckSig.

El origen de la vulnerabilidad de estos dispositivos se remonta a 2021. Algunos monederos, en lugar de crear combinaciones completamente aleatorias e imposibles de adivinar, generaban semillas utilizando un sistema más predecible de lo previsto y las combinaciones eran menores de las que deberían haber sido. Así, los atacantes fueron probando las combinaciones posibles en un ordenador corriente hasta encontrar la correcta, y luego vaciaron los monederos, sin necesidad de instalar un malware, recurrir al phishing o tener acceso físico a los dispositivos, detalla Ametrano.

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