La «Oda a la Alegría» hizo vibrar Quito en una noche inolvidable para la música clásica
La Casa de la Música fue escenario de una de las veladas culturales más memorables del año. Ante un auditorio completamente lleno y con público de todas las edades, la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador (OSNE) ofreció una interpretación magistral de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven, una obra considerada una de las cumbres de la música universal.
Bajo la dirección del maestro Davit Harutyunyan, junto a la directora coral Magdalena Carbonell y los solistas Valeria Pinoargote, Lídice Robinson, Andrés Córdova y Diego Zamora, la presentación arrancó prolongados aplausos y una ovación de pie, reflejo del impacto que produjo una ejecución impecable de la monumental partitura.
Una interpretación que emocionó a todo el auditorio
Desde los primeros compases quedó en evidencia el alto nivel artístico de la orquesta y del coro, que lograron transmitir la intensidad dramática y la profundidad emocional de una obra que, más de dos siglos después de su estreno, sigue conmoviendo al público.
El momento más esperado llegó con el cuarto movimiento, cuando la fuerza de las voces se unió a la orquesta para interpretar la célebre «Oda a la Alegría», inspirada en el poema de Friedrich Schiller. La sala respondió con un silencio reverente que dio paso, al finalizar la obra, a una larga ovación para los músicos.

La interpretación convirtió la noche en una auténtica celebración de la música, reafirmando el papel de la OSNE como uno de los principales referentes culturales del país.
La obra que revolucionó la historia de la música
Estrenada en 1824, la Sinfonía N.º 9 en re menor, Op. 125, conocida como la «Coral», marcó un antes y un después en la música clásica al incorporar por primera vez un coro y solistas vocales dentro de una sinfonía.
Aquella innovación transformó para siempre el género sinfónico y convirtió a la «Oda a la Alegría» en un símbolo universal de paz, libertad, fraternidad y esperanza, reconocido en todo el mundo.
Más de 200 años después, la obra mantiene intacta su capacidad para emocionar y unir a personas de distintas generaciones, como quedó demostrado en la presentación realizada en Quito.

Mozart, Gluck y Cherubini prepararon una noche inolvidable
Antes de la interpretación de Beethoven, el público disfrutó de un programa cuidadosamente seleccionado con tres grandes obras del repertorio europeo.
La velada comenzó con la Obertura de Las bodas de Fígaro, de Wolfgang Amadeus Mozart, continuó con la Obertura de Alceste, de Christoph Willibald Gluck, y siguió con la Obertura de concierto en sol mayor, de Luigi Cherubini.
Este recorrido permitió apreciar la evolución del lenguaje sinfónico antes de culminar con la monumental Novena, considerada una de las composiciones más influyentes de todos los tiempos.
La música clásica conquista nuevas generaciones en Quito
Uno de los aspectos más destacados de la jornada fue la diversidad del público. Familias completas, jóvenes, estudiantes y aficionados a la música clásica llenaron la sala, demostrando que este repertorio continúa despertando interés y emoción entre nuevas generaciones.

La presentación confirmó también el creciente protagonismo de la Casa de la Música como uno de los principales escenarios culturales del Ecuador y el compromiso de la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador con la difusión de obras fundamentales del patrimonio musical universal.
La ovación final fue el mejor reconocimiento para una interpretación que convirtió una noche de concierto en una experiencia artística inolvidable. Fin
