Juan J. Paz-y-Miño Cepeda

La Inteligencia Artificial (IA) está en medio de las preocupaciones mundiales. Bajo ese ambiente, un artículo en el diario español El País se refiere al impacto de la IA sobre diversas profesiones que se volverán “sustituibles” (https://t.ly/qbM19). Las ciencias sociales tienen un riesgo “muy alto” y entre ellas la historia.

Aproveché de la misma IA para adentrarme en el tema. Economía, sociología, politología, antropología, historia o filosofía ya se sirven de la IA. Se ha producido una verdadera revolución en todas estas áreas del pensamiento humano. En economía, por ejemplo, la IA procesa datos no tradicionales en tiempo real e incluso con uso de imágenes satelitales; y pueden seguirse simulaciones masivas o previsiones de producción o consumo, además de predecir variables macroeconómicas complejas, como el rumbo de la pobreza, empleo y desempleo o mercado laboral. En las otras áreas, la IA logra, en cuestión de segundos o pocos minutos: procesar datos, comparar series, fijar tendencias, identificar patrones, hacer predicciones electorales, esclarecer desinformaciones, estudiar culturas, procesar lenguas indígenas y dialectos orales, traducir obras y artículos, acceder a libros y journals o seguir el impacto de las máquinas sobre la ética y el sentido humano. Para ello se cuenta con herramientas como Atlas, Nvivo, Otter.ai/Whisper, Gephi, Spacy/Hugging Face, Elicit/Consensus. Y esto es solo una parte de las posibilidades actuales con la IA.

En cuanto a la historia, la IA cuenta con capacidades para traducir e interpretar manuscritos antiguos e incluso lenguas muertas, cruzar datos de archivos históricos para encontrar sus conexiones, recrear simulaciones activas de hechos y procesos, trazar líneas de tiempo, utilizar millones de documentos originales de archivos para fundamentar estudios de todo tipo y época. Transkribus (https://t.ly/Qh_ca) reconoce manuscritos al instante, digitaliza textos antiguos de diferentes idiomas o épocas como el medioevo o la Edad Moderna. El testamento manuscrito de un comerciante de 1640 y fotografiado, se sometió a la IA que lo convirtió en archivo de texto.

El acceso de la IA a los archivos históricos rompe con las distancias y ahorra meses o años de investigación. Para los investigadores latinoamericanos es una ventaja enorme y aprovechable de inmediato. Hay la posibilidad de acceder a la Biblioteca Digital Mundial (WDL) de UNESCO, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Internet Archives, Mapas de David Rumsey. Además, están: Portal de Archivos Españoles (PARES), FamilySearch o la Biblioteca Digital Hispánica; también los Archivos Nacionales de Argentina o Chile. En Brasil Archivo Nacional y BNDigital. Existen múltiples páginas web con documentación en línea para temas específicos de carácter histórico. El Archivo General de la Nación de México, un gigantesco repositorio sobre la época colonial, ha servido para desarrollar un proyecto que entrena a la IA para transcribir códices indígenas, mapas y manuscritos. El Archivo Regional de Arequipa usa Transkribus para procesar documentos que antes requerían exclusivamente de paleógrafos. En México, Perú o Bolivia los archivos contienen textos en náhuatl, maya, quechua o aimara, que pueden ser leídos por la IA. En Colombia y Chile los archivos se han integrado a la Asociación Latinoamericana de Archivos (ALA) que incorpora la IA para diversos fondos multimedia. De particular interés pueden ser los “archivos del terror” en Argentina (Berruti), Chile y Uruguay (CONADEP), con millones de páginas maltratadas en documentos de inteligencia que, a través de Lenguaje Natural (PLN) y Reconocimiento de Entidades Nombradas (REN) y el uso de la IA, “cruza miles de cables de inteligencia militar y detecta patrones: cada vez que el código “Operación X» aparece en un documento en Santiago de Chile, tres días después aparece una lista de personas «trasladadas» en Buenos Aires. Esto permite a los sociólogos e historiadores demostrar científicamente la coordinación transnacional de la represión (como el Plan Cóndor) y aporta pruebas clave en juicios de derechos humanos actuales” (IA).

También se cuenta con archivos parroquiales y eclesiásticos examinados en proyectos como Family-Search, con miles de registros microfilmados y digitalizados incluso en pueblos remotos de toda Latinoamérica. Igualmente están los archivos legislativos y parlamentarios tratados con IA como el ArchileBot de la Cámara de Diputados de Chile que “procesa instantáneamente todas las actas, leyes históricas y debates parlamentarios para dar respuestas automatizadas y fundamentadas tanto a legisladores como a ciudadanos”. La historia económica latinoamericana se ha enriquecido con diversos repositorios y el uso de la IA: Oxford Latin American Economic History Database (MOXLAD), CEPAL, varios Bancos Centrales de la región, PARES Sección Contaduría del Archivo de Indias, British Documents on Foreign Affairs (Internet Archive), Harvard Open Collections Program (Latin American Development).

Frente a los adelantos descritos, países como Ecuador están en la última fila. Repositorios institucionales como los del Banco Central o el Servicio de Rentas Internas, algunos ministerios y otras entidades públicas, tienen la posibilidad de contribuir al estudio de las realidades del país, pero ha sido frecuente el cambio de registros y hasta el ocultamiento de datos. Buena información generada desde el Estado se ha perdido en las páginas web cada vez que se produce un cambio de gobierno. Lo mismo ocurre en los organismos seccionales. Además, los repositorios de las universidades normalmente solo dan acceso a sus profesores y estudiantes. Los más importantes fondos documentales en archivos históricos no han sido digitalizados. De acuerdo con una nota de prensa, en enero de 2026 el Archivo Histórico Nacional del Ecuador (AHNE) contaba con apenas el 6% de sus fondos documentales digitalizados (https://t.ly/HPhSd). Organizaciones como la CONAIE, en convenio con la Cinemateca Nacional, inició la digitalización de sus audiovisuales. “Historia Viva: Memoria audiovisual de Ecuador” (https://t.ly/na5wg) es el resultado de un esfuerzo periodístico individual. La Biblioteca Archivo Aurelio Espinosa Pólit fundada por los jesuitas, que contiene la mejor documentación sobre la época republicana de Ecuador, ha digitalizado, por ejemplo, los periódicos del siglo XX, pero todavía no se hallan en línea. De otra parte, años atrás, como Cronista de la Ciudad de Quito (2011-2014) y con el equipo del Archivo Metropolitano de Historia (AMH) que conserva documentos desde el siglo XVI, logramos iniciar la digitalización. También inauguramos una página web y otra de FB que difundía una nota diaria sobre la historia de la ciudad. Sin embargo, en años posteriores, buena parte de esos materiales dejaron de aparecer en el internet. Un escáner-planetario, especial para la documentación antigua, no llegó al AMH porque lo retuvo una dirección departamental para usarlo en fotocopias de oficina. Resulta paradójico que en plena era de la IA el Ecuador, por falta de recursos y sobre todo por una limitada cultura sobre lo que significa todo tipo de documentación histórica, se encuentre entre los países con retraso digital. Mientras el futuro no luce esperanzador, quienes mantienen archivos y bibliotecas con ilusión y amor por la historia, a pesar de las adversidades, merecen el reconocimiento social.

Como se puede advertir, la IA propiamente no ha acabado con la profesión del historiador, pero queda en claro que modifica su forma de trabajo, así como la metodología de la investigación, acelerando, con ritmos impresionantes, las posibilidades de desarrollar cualquier tema. Un enriquecimiento que en América Latina hay que aprender a manejar.

Fuente: Historia y Presente



El contenido y los criterios expuestos en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor y no comprometen la línea editorial ni la postura institucional de Confirmado.net

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *