El fenómeno de los restaurantes con una oferta gastronómica no originaria del Ecuador no es algo reciente ni tampoco una novedad periodística. Aun así, constituye una clara muestra de la influencia de las corrientes globales en el comportamiento cultural de los habitantes del territorio ecuatoriano.

Este ámbito no es menor ni irrelevante. Es una manifestación de las preferencias de la población que trasciende el mundo de la gastronomía y alcanza un ámbito más amplio y determinante, como es la economía familiar, dentro de un rubro que mueve millones de dólares: la alimentación.

A partir del periodo de la posguerra y del inicio de la Guerra Fría, la humanidad experimentó un esfuerzo deliberado de los dos proyectos históricos que prevalecieron tras el conflicto armado por ejercer una influencia política, económica y tecnológica en los países alineados con estos bloques. Si bien la academia, y la historia en particular, dan cuenta de este periodo desde perspectivas macro, como la política y la economía, es comprobable que la influencia en la cotidianidad y en el comportamiento social en el mundo fue efectiva desde una de las grandes potencias solamente. Lo vemos a diario en el uso del idioma inglés, la réplica de sus modelos educativos y la instalación de la economía liberal como marco para las naciones occidentales.

Dentro de este complejo flujo de interacciones internacionales, la cadena estadounidense de comida rápida McDonald’s ingresó oficialmente a Ecuador en 1997, utilizando las herramientas que el mercado y el marketing moderno ofrecen a través de la publicidad y los medios tradicionales de comunicación. De esta manera, entró a competir dentro del mercado de alimentos y bebidas, en el que ya existía una amplia oferta local y autóctona y, por supuesto, una histórica influencia de la gastronomía china, expresada en los restaurantes conocidos como chifas.

Con 114 locales ubicados a nivel nacional, McDonald’s entró a competir con más de 100 años de historia de los chifas en Ecuador, con miles de restaurantes desplegados en toda la geografía ecuatoriana y con millones de usuarios que mantienen esta preferencia por una comida de fusión entre lo local y la tradición china, que tiene en el “chaulafán” un platillo que sintetiza la unión de dos culturas y establece una tradición gastronómica que ni el marketing ni el nuevo concepto de comida rápida han podido destronar.

En un contexto histórico de posguerra, y como resultado de la migración de ciudadanos chinos a Perú y, específicamente, a la ciudad de Guayaquil en los primeros años del siglo XX, el crecimiento y la expansión del concepto de los chifas fueron rápidos y se transformaron en un componente esencial de la oferta de restaurantes tradicionales en cada rincón del Ecuador, no solo por su valor gastronómico, sino también por su aporte a la economía familiar.

Este ejemplo, tomado desde la gastronomía, es el marco perfecto para ilustrar el justo equilibrio en la influencia de las potencias globales, en el contexto de lo que el presidente chino Xi Jinping, en su documento “Una gobernanza global más justa y equitativa”, elabora como una reflexión que apunta hacia una gobernanza mundial equilibrada, donde el unilateralismo y la tendencia hegemónica tienen que ser erradicados de las prácticas de interacción globales para privilegiar el multilateralismo y el natural intercambio cultural entre tradiciones, naciones y pueblos, en aspectos que van en directo beneficio del ciudadano común y corriente, aun en elementos tan cotidianos como la alimentación.

La cuestión no es hacer competir a un buen “chaulafán” con una “Big Mac Burger”, pues, al final, las preferencias de los públicos son diversas y el mercado local permite que coexistan y no mueran en el intento de sobrevivir como empresas. El objetivo de utilizar esta figura retórica de la comparación entre dos grandes industrias de la alimentación va en concordancia con la reflexión del documento mencionado anteriormente.

Según el texto, el respeto a la diversidad de civilizaciones se contrapone directamente al proyecto de algunas naciones que hacen de la imposición cultural, mediante las herramientas del mercado y la mercadotecnia, una forma de apropiación cultural de las prácticas sociales de un grupo determinado. Por el contrario, la promoción de los intercambios culturales, la comprensión mutua entre pueblos y el respeto civilizatorio son los fundamentos que garantizan la paz mundial y, por ende, la paz en Ecuador.

Por: Javier Sepúlveda Sánchez, PhD en Estudios Hispanos



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