EL PAÍS reconstruye a través de una decena de entrevistas el arresto de medio centenar de migrantes en un almacén aduanero de Nueva Jersey en octubre de 2025. Los meses de detención y las deportaciones han desgarrado a docenas de familias.

La segunda hija de María Eugenia García nació prematura. Killy Tatiana Yangquen García llegó a este mundo a los siete meses, pequeñita y frágil, dependiente de la protección total de su madre. Vivió sus primeros 20 años pegada a María Eugenia, nunca lejos la una de la otra. Hasta que a Killy Tatiana la apresaron en una redada en el almacén aduanero donde trabajaba sin papeles una mañana maldita de octubre. “¿Entiendes el cuidado que he tenido con ella y que me la arranquen así? ¿Y yo no poder protegerla? No la he vuelto a ver, solo por videollamada”, solloza la madre desde su hogar en Elizabeth, donde se mantiene escondida desde que a su hija la detuvieran y enviaran de vuelta a Colombia, el país del que emigraron hace más de una década.

Sentada en el comedor de su casa bajo el amparo del aire acondicionado una tarde calurosa de junio, entre llantos y golpes sobre la mesa cuando la angustia la supera, María Eugenia, de 53 años, relata lo que EL PAÍS ha podido reconstruir a través de tres meses en una decena de entrevistas: cómo una redada truncó las vidas de medio centenar de personas y sus familiares.

Era temprano en la mañana el 29 de octubre pasado. Se suponía que Killy Tatiana trabajaría remoto, pero le pidieron que fuera a la oficina. María Eugenia fue la primera en salir de la casa. Se fue, como de costumbre, a ayudar a cuidar a la bebé de la hermana de Killy Tatiana. “Llegué, acosté a dormir a la niña y me dormí también. No sabía qué pasaba detrás de la puerta. Dormí una hora, pero en un sueño profundo; no entendí cómo ese día me dio tanto sueño”, cuenta la madre.

Cuando despertó, lo primero que vio fue la cara de angustia de su hija mayor. “Me dice: ‘Mamá, siéntese, ¿quiere una aromática, agua? No le tengo buenas noticias. Hubo una redada en Savino. Llegó Migración y se llevó a Tatiana”, narra María Eugenia, recordando nítidamente uno de los peores momentos de su vida.

María Eugenia García muestra una captura de pantalla de una videollamada con su hija durante los meses en que Killy Tatiana Yangquen García estuvo recluida.Corrie Aune

Agentes migratorios irrumpieron aquel día en el almacén de Savino del Bene, una empresa italiana de transporte marítimo internacional que mueve artículos de moda y de lujo. La instalación está ubicada en la zona de Avenel, en la localidad de Woodbridge, Nueva Jersey, a menos de una hora en coche de Manhattan. Según testigos consultados por este periódico, al lugar llegaron más de 50 agentes de varias agencias del Departamento de Seguridad Nacional: del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), entre otros.

“El operativo fue grande. Llegaron con armas largas —el Ejército, la Policía y el ICE— y rodearon el lugar. Hasta con un helicóptero. Se subieron a los tejados. No dejaron salir a nadie. Llegaron con escáneres que detectan las paredes, así como con perros que iban por cada zona, buscando a las personas”, recuerda Sandra Suero, cuyo hijo, Jhonatan Bello Cabrera, de 18 años, se encontraba dentro del almacén durante la redada. El joven colombiano alcanzó a llamar a su madre mientras se escondía de los agentes y ella llegó al lugar al instante.

En total, 46 personas fueron arrestadas —una cuarta parte de los empleados presentes ese día— en el operativo. De acuerdo con el grupo promigrante Movimiento Cosecha, que ha asesorado a las familias, al menos 30 de los trabajadores tenían solicitudes de asilo pendientes y muchos contaban con permisos de trabajo. Algo que en la era Trump importa poco: “Una tarjeta de autorización de empleo, por sí sola, no le otorga a una persona un estatus legal en Estados Unidos. Además, una solicitud de asilo pendiente, por sí sola, no confiere un estatus migratorio legal a un extranjero”, recordó un portavoz de Seguridad Nacional a este periódico.

“Me preguntaron si tenía permiso de trabajo. Se lo mostré a ellos. Les dije que yo estaba en proceso de residencia y ellos chequearon ahí en un computador y me quitaron el permiso. Me dijeron que dónde estaban mis cosas personales y luego me esposaron y me sacaron”, asegura Jhonatan.

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