Por Katherine Alcívar | Docente de Psicología Clínica, UIDE Guayaquil
Guayaquil.- Están juntos, comparten la misma mesa y quizá hasta intentan conversar, pero basta una notificación para que la mirada cambie de destino. El celular entra en escena y quien está al frente queda, por unos segundos o minutos, relegado. Este comportamiento tiene un nombre: phubbing, y la evidencia científica advierte que, cuando se vuelve habitual, puede deteriorar la intimidad, aumentar los conflictos y afectar la calidad de las relaciones.
El fenómeno cobra especial relevancia en un Ecuador cada vez más conectado. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en julio de 2025 el 80,1 % de las personas de 5 años y más utilizaba internet, mientras que el 59,3 % tenía un teléfono inteligente.

La tecnología amplía las posibilidades de estudiar, trabajar, informarse y mantener contacto con personas que están lejos. Pero esa hiperconectividad abre una paradoja cada vez más visible: podemos estar disponibles para alguien a kilómetros de distancia mientras ignoramos a quien tenemos a pocos centímetros, señaló Katherine Alcívar | Docente de Psicología Clínica, UIDE Guayaquil.
¿Qué es el phubbing y por qué puede afectar las relaciones?
La palabra phubbing nace de la combinación de los términos ingleses phone —teléfono— y snubbing —ignorar o desairar—. Describe el comportamiento de prestar atención al celular mientras otra persona está presente, desplazando la interacción cara a cara.
No significa que revisar ocasionalmente un mensaje sea necesariamente perjudicial ni que el teléfono deba convertirse en un enemigo. El problema aparece cuando mirar la pantalla se vuelve una conducta repetitiva y comienza a instalarse como una manera habitual de relacionarse.
Desde la psicología, la preocupación no está únicamente en cuántas horas pasamos frente a una pantalla, sino en lo que sucede con nuestros vínculos durante ese tiempo.
Revisar constantemente el celular mientras alguien habla puede transmitir mensajes no verbales poderosos: “esto es más importante que tú”, “puedes esperar” o “no estoy completamente presente”.
La ciencia advierte: menos intimidad y más conflicto
Los efectos del phubbing ya han comenzado a ser estudiados de manera sistemática. Una revisión y metaanálisis publicada en 2025, que reunió 52 estudios sobre phubbing en parejas, encontró asociaciones entre esta conducta y una menor satisfacción y calidad de la relación, menor intimidad y cercanía emocional, además de un mayor nivel de conflicto.
Otra revisión publicada en 2024 identificó una relación positiva entre el phubbing y el llamado FOMO (fear of missing out), es decir, el temor de perderse conversaciones, acontecimientos o experiencias que están ocurriendo en internet.
La contradicción resulta evidente: el miedo a perderse algo en la pantalla puede terminar haciendo que nos perdamos lo que ocurre frente a nosotros.
Ecuador se conecta cada vez más: el reto ahora es saber desconectarse
El fenómeno adquiere mayor importancia conforme avanza la digitalización del país. De acuerdo con el INEC, el porcentaje de hogares ecuatorianos con acceso a internet pasó del 60,4 % en 2022 al 71,3 % en 2025.
En ciudades como Guayaquil, el teléfono inteligente prácticamente acompaña toda la jornada: sirve para trabajar, estudiar, movilizarse, comprar, pagar, entretenerse y mantener contacto con familiares y amigos.
La discusión, por tanto, no debería centrarse en renunciar a la tecnología, sino en desarrollar una capacidad cada vez más necesaria: saber cuándo utilizarla y cuándo apartarla para proteger la interacción humana.
Cuando los padres miran el celular, los hijos también reciben un mensaje
El phubbing tampoco se limita a las relaciones de pareja. Niños y adolescentes construyen parte de sus formas de relacionarse observando a los adultos y experimentando cómo estos responden a sus necesidades de atención.
Investigaciones recientes han relacionado el phubbing parental con variables como la soledad y la ansiedad social en adolescentes.
Esto no significa que cada vez que un padre o una madre revise su teléfono provocará automáticamente un daño emocional. Sí pone sobre la mesa un elemento fundamental: la disponibilidad emocional, la escucha y la atención cotidiana forman parte de la construcción de vínculos saludables.
Un niño que intenta contar algo mientras el adulto continúa desplazando el dedo por la pantalla también aprende algo sobre la atención, las prioridades y la forma en que nos relacionamos.
Comer sin celular: pequeños hábitos para recuperar la atención
Combatir el phubbing no requiere abandonar las redes sociales ni guardar permanentemente el teléfono. El desafío consiste en recuperar el control sobre el momento en que decidimos utilizarlo.
Algunas acciones sencillas pueden marcar una diferencia: establecer comidas sin celulares, evitar revisar notificaciones cuando alguien está contando algo importante, mantener el dispositivo fuera de la vista durante conversaciones significativas y preguntarse antes de desbloquearlo: ¿realmente necesito mirar esto ahora?
Son decisiones aparentemente pequeñas, pero protegen algo que ninguna aplicación, red social o algoritmo puede sustituir: la experiencia de sentirse escuchado y atendido por otra persona.
La paradoja de la hiperconectividad: cerca en internet, lejos en la mesa
Nunca habíamos tenido tantas posibilidades de comunicarnos de manera inmediata. Sin embargo, la presencia humana exige algo que ninguna conexión digital garantiza: elegir conscientemente a quién prestamos atención aquí y ahora.
Tal vez el verdadero problema del phubbing no sea únicamente que estamos mirando demasiado nuestros celulares, sino que estamos dejando de mirar suficientemente a las personas.
En una sociedad cada vez más digital, cuidar una relación también puede comenzar con un gesto extremadamente sencillo: guardar el teléfono, levantar la mirada y volver a escuchar a quien tenemos al frente.
Con información de UIDE
Contenido elaborado con apoyo de inteligencia artificial, a partir de información proporcionada y verificada por la redacción.
