En medio del debate global sobre el cambio climático, Oxfam Colombia lanza una advertencia contundente: la transición energética podría profundizar la desigualdad si no se construye con justicia climática. El dato es revelador: el 1% más rico genera más emisiones que el 50% más pobre, evidenciando una brecha estructural que amenaza el futuro de los territorios.
Una transición energética en disputa
Durante la Conferencia para la Transición Energética en Santa Marta, Oxfam puso sobre la mesa una preocupación clave: el abandono de los combustibles fósiles es necesario, pero el modelo actual de transición podría replicar los mismos patrones de concentración de riqueza y exclusión.
La organización advierte que muchos proyectos de energías renovables —como hidroeléctricas, parques eólicos o minería de minerales críticos— están reproduciendo dinámicas extractivas que afectan especialmente al Sur Global.

Desigualdad climática: cifras que alarman
Los datos evidencian una realidad desigual:
- El 1% más rico genera más emisiones que el 50% más pobre
- El 10% más rico concentra más de la mitad de las emisiones
- El 70% de los minerales estratégicos está en el Sur Global
- Pero cerca del 50% de las inversiones se concentran en el Norte Global
Este desbalance refleja que los beneficios de la transición energética no se distribuyen de manera equitativa.
¿Transición o nuevo extractivismo?
Oxfam plantea un cuestionamiento de fondo: ¿la transición energética está cambiando el modelo o solo transformando su narrativa?
Según la organización, existe el riesgo de que el discurso “verde” oculte prácticas que perpetúan el extractivismo, sin garantizar derechos ni beneficios para las comunidades locales.
“Los territorios no son zonas de sacrificio”, enfatizan desde la organización, insistiendo en que las comunidades deben ser escuchadas, reparadas y protegidas.
Colombia frente a un dilema estratégico
El caso colombiano refleja las tensiones de este proceso. El país enfrenta el desafío de reducir su dependencia de los combustibles fósiles sin afectar su estabilidad económica.
Para Oxfam, la solución pasa por diversificar la economía, fortalecer la agricultura, proteger la biodiversidad y promover modelos energéticos comunitarios.
Territorios como La Guajira o Putumayo muestran tanto los riesgos como las oportunidades de esta transición.
Justicia climática: la clave del futuro energético
El llamado de Oxfam es claro: la transición energética debe centrarse en la justicia climática, con participación activa de comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas.
Además, plantea que las grandes corporaciones —responsables históricas de las emisiones— deben financiar la transición y asumir los costos ambientales.
Los datos respaldan esta visión: el 72% de la población en varios países apoya mayor inversión en energías renovables, mientras que solo el 21% respalda expandir los combustibles fósiles.
Un momento decisivo para el mundo
La transición energética no es solo un cambio tecnológico, sino una oportunidad para redefinir el modelo económico global.
Sin embargo, si no se construye con equidad, podría profundizar las brechas existentes. La advertencia está sobre la mesa: el futuro energético será justo o no será sostenible.
Fuente: Oxfam Colombia
