Cuando en noviembre de 2016 la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair entró en operación plena, Ecuador no solo estrenaba la obra de ingeniería más grande de su historia. Iniciaba también una transformación silenciosa pero profunda en su relación energética con los países vecinos.
Por primera vez en décadas, el país dejaba de ser un importador crónico de electricidad y comenzaba a construir una nueva posición: la de un actor capaz de generar excedentes y, en múltiples ocasiones, exportar energía a Colombia. Este artículo recorre esa historia, explica por qué se interrumpió y muestra que, cuando se toman las decisiones técnicas correctas, el potencial de Coca Codo Sinclair para sostener la soberanía energética sigue intacto.
Antes de Coca Codo Sinclair, Ecuador dependía de importaciones desde Colombia para cubrir sus déficits, especialmente en épocas de estiaje. La entrada en operación de la central de 1.500 MW cambió radicalmente ese escenario.

Según información oficial de CELEC EP, «tras su puesta en operación, en 2016, el Ecuador adquirió soberanía energética, al dejar de importar electricidad desde los países vecinos». La central, que representa más del 30% de la generación eléctrica nacional, permitió al país reducir el uso de plantas térmicas y alcanzar una matriz energética con picos de generación renovable superiores al 90%. El ahorro estimado para el Estado oscila entre 400 y 700 millones de dólares anuales por la sustitución de combustibles fósiles.
Los años en que Ecuador exportó energía. Lejos de ser un hecho aislado, la capacidad de generar excedentes se tradujo en exportaciones concretas a Colombia en múltiples ocasiones durante los primeros años de operación de la central. En diciembre de 2018, por ejemplo, Ecuador exportó energía eléctrica al vecino país durante varios días, con ingresos que superaron los 187 mil dólares en solo cuatro días de transferencias.
La planificación del Sistema Nacional Interconectado permitía ofrecer excedentes en función de la disponibilidad hídrica, y Coca Codo Sinclair, con su caudal constante y su posición estratégica en la cuenca del río Coca, era la principal protagonista de estos envíos. Durante esos años, la central operaba a plena capacidad y el país llegó a ser considerado por las propias autoridades como un «importante exportador de energía eléctrica a Colombia y Perú».
El retroceso: cuando el mantenimiento se postergó. Sin embargo, esa posición de fortaleza energética no se sostuvo en el tiempo. La falta de una planificación energética de largo plazo, el descuido en los mantenimientos programados y la ausencia de políticas que diversificaran la matriz llevaron a que, con los años, Ecuador volviera a depender de importaciones desde Colombia.
Las centrales térmicas, sin el mantenimiento adecuado, no lograban compensar el déficit en épocas de estiaje, y la fragilidad del sistema se hizo evidente. Tres gobiernos consecutivos hicieron caso omiso al Plan Maestro de Electrificación, postergando las inversiones necesarias para mantener en óptimas condiciones el parque generador. El resultado fue una creciente vulnerabilidad que explotaría en 2024.
La crisis de 2024: el costo de olvidar a Coca Codo Sinclair. El año 2024 marcó un punto de inflexión. Ecuador enfrentó la peor sequía en 60 años, con racionamientos que llegaron a catorce horas diarias en hogares y hasta cinco días consecutivos en el sector industrial. Las pérdidas económicas alcanzaron los 1.916 millones de dólares, equivalentes al 1,4% del Producto Interno Bruto.
En ese escenario límite, Coca Codo Sinclair, pese a las limitaciones propias de una central de pasada, se convirtió en el principal soporte del sistema, llegando a generar el 32% de la energía hidroeléctrica del país y evitando un colapso aún mayor. Pero la lección era clara: la central que había sostenido la soberanía energética durante años no estaba recibiendo el mantenimiento que una obra de su magnitud exige.
La recuperación de 2025: 750 MW que devolvieron la capacidad perdida. Consciente de esta realidad, el gobierno ejecutó entre junio y septiembre de 2025 un mantenimiento mayor en la fase I de Coca Codo Sinclair, el primero de esta envergadura desde 2019. Durante casi tres meses, equipos técnicos de CELEC EP trabajaron las 24 horas del día en la reparación de válvulas esféricas, rodetes y sistemas críticos.
El resultado fue la recuperación de 750 MW de potencia, devolviendo a la central su capacidad total de 1.500 MW. En septiembre de 2025, Coca Codo Sinclair alcanzó un récord histórico de generación mensual de 841.123 MWh, y el 12 de septiembre llegó a aportar el 41% de toda la energía producida en el país en un solo día.
El regreso de las exportaciones: el hito de septiembre de 2025. Con la central a plena capacidad y las lluvias favoreciendo los caudales, Ecuador volvió a hacer lo que no había logrado en años: exportar energía a Colombia. Durante el fin de semana del 27 y 28 de septiembre de 2025, el país vendió al vecino del norte un total de 11.147 MWh de electricidad generada en Coca Codo Sinclair.
El sábado se exportaron 3.961 MWh a un precio de 3,9 centavos por kWh, y el domingo la cifra se elevó a 7.186 MWh a 4,8 centavos por kWh. La operación generó ingresos directos y, además, representó un ahorro estimado de 3,3 millones de dólares al evitar el uso de generación térmica durante ese fin de semana. El gobierno destacó que estas operaciones demostraban que, con una gestión eficiente, era posible aprovechar de manera óptima la infraestructura energética del país.
Lo que ocurrió después: el retorno a la dependencia (y la lección aprendida). Superadas las condiciones excepcionales de septiembre —el fin de las lluvias intensas y el aumento de la demanda interna— Ecuador volvió a depender de importaciones desde Colombia, como ha ocurrido históricamente.
La experiencia, sin embargo, dejó una lección clara: el país tiene el potencial para revertir su dependencia energética, pero ese potencial solo se materializa cuando se toman decisiones técnicas sostenidas en el tiempo y se ejecutan los mantenimientos que infraestructuras estratégicas como Coca Codo Sinclair exigen.
Durante los primeros meses de 2026, la central ha seguido demostrando su capacidad: el 23 de enero aportó el 67% de toda la energía hidroeléctrica nacional, y el 12 de enero alcanzó un pico del 70% . Su producción sigue siendo el principal soporte del sistema, especialmente después de que Colombia dejara de enviar energía al Ecuador, el potencial está, hace falta la voluntad.
La historia de Coca Codo Sinclair en relación con Colombia no es la de un éxito continuo ni la de un fracaso irreversible. Es la historia de un activo estratégico que, cuando ha sido mantenido adecuadamente, ha permitido a Ecuador no solo abastecerse a sí mismo sino generar excedentes exportables.
Los años en que el país exportó energía demuestran que la soberanía energética no es una quimera, sino una posibilidad real. La crisis de 2024 y el posterior retorno a las importaciones muestran el costo de descuidar esa posibilidad.
Pero el hito de septiembre de 2025, con sus más de 11.000 MWh vendidos a Colombia, es la prueba irrefutable de que Coca Codo Sinclair puede volver a ser, cuando el país lo decida, el pilar de una balanza energética favorable. La lección está aprendida; el desafío es aplicarla de manera sostenida. Fin
