En medio de un escenario energético un poco complicado, Ecuador enfrenta una nueva alerta: Colombia decidió suspender el envío de energía eléctrica al país. ¿Qué tan grave es este golpe cuando aún no se superan los meses de estiaje y los embalses no están completamente recuperados?
Para entender el impacto real de esta decisión, los riesgos que se avecinan y el papel clave de centrales como Coca Codo Sinclair y el complejo de Mazar, conversamos con Fernando Salinas, presidente del Foro Energético, quien analiza los desafíos estructurales del sistema eléctrico ecuatoriano.
Hoy se supo la decisión de Colombia de ya no proveernos energía. ¿Qué tanto nos puede afectar esta decisión, cuando los embalses todavía no están llenos por completo?
Para tener una idea de qué es lo que significa la interconexición con Colombia, pues en época de estiaje, en estos últimos días, hemos estado importando alrededor del 8% de la energía total demandada por día. De la demanda de 100,000 MW por día que tiene nuestro país, aproximadamente entre 7.000 y 8.000 MW por día se le está importando desde Colombia. Es decir, la parte digamos estratégica de la interconexión con Colombia es que nos brinda seguridad energética en un momento en que escasean las lluvias en las principales cuencas que alimentan las centrales hidroeléctricas de nuestro país.
Ahora que ya no tenemos esta energía, tendríamos que usar más el embalse de Mazar, por ejemplo, o ¿Cómo se podría suplir esa energía?
Hay algunas lecturas sobre este tema. Primero, va a haber un fuerte impacto en la generación hidroeléctrica. Vamos a dejar de importar de Colombia y la generación hidroeléctrica, especialmente aquella que tiene embalse como el Complejo de Mazar, donde está Paute-Molino y Sopladora va a comenzar a ingresar mayores unidades de generación para suplir estos 350 MWh que estábamos importando desde Colombia. Segundo, va a haber una mayor cantidad de generación de carácter térmico en el mix energético del país. Es decir, también va a haber un fuerte impacto en el consumo de energía que utilizan las centrales térmicas como diésel, como el oil.
Se va a encarecer el servicio y esto, deja entrever esa fragilidad que tenemos en nuestro sistema eléctrico. Antes teníamos dos salvavidas: el de la interconexión con Colombia y el de la generación hidroeléctrica. Ahora nos quedamos, básicamente, con el de la generación hidroeléctrica.
¿Al usar más las reservas de Mazar esto implicaría que hayan cortes de energía?
Yo no diría que hay un alto riesgo de que exista apagones, pero sí se incrementa el riesgo de que exista algún tipo de restricciones en el suministro eléctrico de aquí para los próximos 2 meses que todavía nos queda por concluir la etapa de estiaje. Ventajosamente, los últimos días las lluvias han permitido que se incremente un poco el embalse de Mazar, que ahora está en 2.142 metros sobre el nivel del mar. Se ha recuperado un poco, pero con este tema de que tenemos que hacer generar más a las centrales va a haber una presión en la optimización de esas reservas energéticas que tenemos en Mazar.
En este sentido, ¿qué papel cumple Coca Codo Sinclair? Porque sabemos que gracias a su producción se pudo parar a Mazar para que recupere su caudal.
Siempre lo he dicho, Coca Codo Sinclair es de un valor estratégico porque genera uno de cada 4 KW que demanda nuestro país en cuestión de energía hidroeléctrica, por ejemplo, en el año 2024 significó el alrededor del 32% de la energía de carácter hidroeléctrico. Es decir, tiene un peso específico muy grande dentro de la generación a nivel total como a nivel hidroeléctrico. La central CCS está generando alrededor del 40% la demanda de energía el día de hoy. Entonces, allí vemos realmente la valía, el rol estratégico que juega para suplir la demanda energética de nuestro país.
Justamente el aporte que brinda la central al país ha hecho que muchas veces se retrasen sus mantenimientos, para poder seguir brindando esa energía. ¿Cómo ve esta situación?
Bueno, esta presión que existe sobre los activos de generación es a nivel general, porque si no tenemos suficiente oferta energética para abastecer la demanda, evidentemente lo que en ciertas ocasiones, aunque de manera no técnica se hace, es postergar los mantenimientos que tienen que tener cada uno de los activos de esas centrales. Hay un manual de mantenimiento de cada central que cada cierto tiempo que pasa tienen que entrar en mantenimiento los equipos electromecánicos, eléctricos, electrónicos y pues inclusive las obras hidráulicas. Y pues esto sí se ha estado haciendo en los últimos años debido a ese desbalance que existe entre oferta y demanda energética.
Esto le preguntaba porque justo se está hablando de un traspaso de la operación y mantenimiento de Coca Codo Sinclair a la empresa PowerChina. ¿Qué significaría esto para la central y el país? ¿Cuáles serían los beneficios de esta operación?
Yo pienso que el traspaso de Coca Codo Sinclair a manos de PowerChina significa un paso adelante dentro de lo que es la gestión técnica de esta central. Estábamos hablando de que muchas veces se postergan los mantenimientos y pues los activos se ponen en riesgo. Entonces, si es que es manejado por una empresa privada, pues ya no va a existir esta reprogramación de los mantenimientos y de alguna manera va a existir un manejo un poco más apegado a la técnica del mantenimiento de todos los activos, que en conjunto conforman la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair.
En segunda cuestión, yo creo que en esta negociación que tiene el Estado en conjunto con la empresa PowerChina, está la división de los riesgos. El riesgo más grande que afronta actualmente la central es la erosión regresiva, en la cual Celec está haciendo algunas obras para ralentizar esa erosión negativa que puede alcanzar en algún momento la casa de máquinas. Y el otro riesgo que hay en esta central pues son los propios de la construcción, que de alguna manera han sido evidenciados, aunque no han sido, digamos, aceptados en su totalidad. Pienso que si se trasladan esos riesgos hacia PowerChina, pues yo creo que la negociación que se ha llegado con el Estado ecuatoriano a más de 400 millones de dólares, inclusive en inversiones en el sector eléctrico, es altamente positiva para el país.
¿Usted cree que esa ya sería la solución final para que el estado finalmente reciba la obra?
No hay peor cosa que no se ponga fin o finiquito a la entrega de una obra tan grande, majestuosa y de carácter tan importante para la vida del sector eléctrico ecuatoriano como es Coca Codo Sinclair. Yo diría que esto de alguna manera pone un finiquito y abre la oportunidad sobre todo para el sector eléctrico a inversiones de China porque de alguna manera estaba supeditada la inversión de este país, que es líder el mundo de energías renovables, a poner sus inversiones dentro de nuestro país.
¿En todo caso, si la operación administración y mantenimiento se da en los términos correctos es algo positivo para el país?
La ciudadanía tiene que entender que no hay una venta de activos. Lo que hay es un traspaso de la responsabilidad de la administración, la operación y el mantenimiento a un operador privado. No hay una venta de activos, no hay una privatización, entonces no hay bajo ningún concepto algo que le pueda afectar al erario nacional. Lo que sí es importante es que dentro de este acuerdo haya las respectivas cláusulas para que cada uno se haga parte de los riesgos y eso que quede totalmente claro. Cuál va a ser el riesgo que va a asumir en este caso PowerChina o el estado ecuatoriano, a través de Celec.
Después de este tema del traspaso de Coca Codo, ¿qué se tendría que hacer inmediatamente para que el sector se regularicé?
Hay tres problemas fundamentales dentro del sector eléctrico ecuatoriano. El primero es el que vivimos a diario en estos últimos 3 años, esa falta de oferta energética, ese desbalance, esa brecha entre la oferta y demanda energética. La demanda crece en aproximadamente 300 MW por año y la oferta no crece a ese mismo ritmo. Actualmente la demanda está en alrededor de 5.200 MW.
El segundo problema estructural es el aspecto económico tarifario. La tarifa que tenemos en nuestro país es una tarifa muy baja, no cubre todos los costos de la industria eléctrica, tanto de generación, transmisión, distribución; y lo peor es que existen un sinnúmero de subsidios dentro de la propia tarifa que hacen que no se recaude lo suficiente para reinvertir esos recursos en nueva infraestructura, nuevas centrales, nuevas líneas de transmisión, nuevas líneas de distribución. Es un problema de un círculo vicioso que está dentro de nuestro sector y que al fin y al cabo recae en una decisión tarifaria, pero también en una decisión política.
Y el tercer elemento, que todavía es de carácter estructural, es la politización y la falta de eficiencia de las empresas eléctricas del Estado. Tenemos empresas que ejecutan el 40% de su presupuesto anual. Entonces allí se puede entender por qué no hay nuevas obras de infraestructura en la parte eléctrica que aseguran el suministro. Y por otra parte, están las pérdidas eléctricas en el sector, que rondan alrededor del 17% a nivel nacional, incluso algunas tienen el 30% de pérdida, es decir, si facturan 100 (dólares) solo recuperan 70.
Estos son elementos que hacen que no haya eficiencia dentro de la recaudación que tienen las empresas de distribución, que son la caja registradora de todo el sector eléctrico. Estas son básicamente las tres causas estructurales. Solo se está poniendo la lupa sobre el primero porque es lo más urgente, el tema de oferta y demanda energética, pero los otros problemas están todavía irresolutos. Fin
