Un bajón, muchos cuidados y otra vez de pie. Protegernos, aislarnos, quedarnos en casa, son
ahora las rutinas de la “nueva normalidad”. Es evidente que no se ha manejado la crisis, las
cifras de fallecidos no cuadran, nos lo dicen afuera. New York Times, Washington Post, CNN,
prensa europea. Muy difícil defender negligencias ante pantallas, titulares y micrófonos no
pautados. Estamos entre los peores en el manejo de la pandemia. Y en esas circunstancias el
“distanciamiento” sería un gravísimo riesgo, tanto que los GADs cantonales han resuelto
inobservarlo para proteger a la gente que observa la cuarentena como la única alternativa para
evitar el contagio.

El concepto de “inmunidad de rebaño”, sabe a macabro callejón que conduce a la cámara de
gas. Que el contagio masivo sea el generador de inmunidad no justifica el precio en vidas en
riesgo que nadie garantiza. A propósito, el Ministro de Salud Pública nos hace un relato
escalofriante con estadísticas tan frías como la muerte. Afirma que luego de 120 días de iniciada
la pandemia, esto es desde el 29 de febrero pasado, el 60% de la población ecuatoriana va a
tener el virus. Y nos consuela con que “eso no quiere decir que habrá una mortalidad brutal,
sino alrededor del 1% o menos”, o sea unos 102 mil compatriotas. ¡Nada más! ¿Qué nos pasa?

¿Tan poco vale la vida de 102.000 ciudadanos? La lectura de estas declaraciones del doctor Juan
Carlos Zevallos le recomendamos al titular del MIES que en su comparecencia en la Asamblea
Nacional intentó confundir con el argumento de que se trataba del 60% de la población del
mundo. No señor Ministro, es de la ecuatoriana. Clarito.

Como si no bastara la dolorosa afrenta de ataúdes de cartón, fosas comunes, contenedores
repletos de cadáveres, cuerpos en descomposición en los hogares o abandonados en aceras,
calles y parterres, nos vienen con mensajes casi poéticos, para que nos imaginemos que luego de
morir habrán campos extensos, claros y floridos para darnos sepultura. En vida señor, en vida, la
prioridad es salvar vidas, no prometernos un lindo sepelio. De muerto ya para qué. Otra vez el
interés del soberbio capital presiona para que la gente salga a trabajar, porque está perdiendo de
ganar. Señores empresarios, el distanciamiento en multitud no funciona. Estamos condenados a
quedarnos en casa.

Y la última del Ministerio del Trabajo que en vez de proteger, como es su razón de ser, los
derechos de los asalariados, a despecho de las recomendaciones de la OIT y contrariando la
tendencia mundial de precautelar las garantías de los trabajadores y servidores públicos, dicta la
Resolución 022 del 28 de abril último, disponiendo que el COVID-19 no es ni “enfermedad
profesional” ni “accidente de trabajo”; por lo tanto pueden ser despedidos en forma
intempestiva, sin ninguna indemnización, atropellando los derechos de la clase obrera que
tienen protección constitucional y de la normativa internacional. Y a los trabajadores quieren
meterles la mano para el fondo de la Ley Humanitaria, cuando la responsabilidad casi total debe
ser el aporte del capital.

Confirmado.net / -O- Juan Cárdenas


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