Ir al médico, recibir un diagnóstico y salir con un tratamiento ya no define por sí solo una atención segura. La OMS advierte que aproximadamente uno de cada 10 pacientes sufre algún daño durante la atención sanitaria y cerca de la mitad de esos eventos podrían prevenirse. El desafío ahora es acompañar al paciente antes, durante y después de cada consulta.

La seguridad de un paciente puede comenzar antes de cruzar la puerta de un consultorio y continuar mucho después de regresar a casa. Saber dónde acudir, entender un diagnóstico, seguir correctamente un tratamiento y tener orientación frente a una complicación pueden marcar la diferencia.

En Ecuador, este desafío adquiere una dimensión considerable por el volumen y la diversidad del sistema sanitario. Según datos del INEC correspondientes a 2024, el país contaba con 626 establecimientos que prestaban servicios de internación hospitalaria: 178 públicos y 448 privados.

Ese mismo año se registraron más de 1,13 millones de egresos hospitalarios.

Pero detrás de las cifras aparece una pregunta que toca directamente al paciente: ¿quién lo acompaña entre una atención y la siguiente?

El dato que enciende las alarmas: 1 de cada 10 pacientes sufre algún daño

La seguridad del paciente continúa siendo un desafío mundial.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente uno de cada 10 pacientes sufre algún tipo de daño durante la atención sanitaria, mientras que cerca de la mitad de esos daños podrían prevenirse.

Otro dato revela la magnitud del problema. Según la OPS/OMS, el 70 % de las infecciones asociadas a la atención en salud son evitables cuando se aplican adecuadamente medidas de prevención y control.

Son cifras que cambian la perspectiva sobre lo que significa recibir una atención de calidad: ya no se trata únicamente de acceder a un médico, sino de reducir riesgos durante todo el proceso.

El paciente ya no quiere solamente una consulta

Durante años, la relación con el sistema sanitario estuvo concentrada en momentos específicos: una consulta, un examen, una emergencia, una cirugía o una hospitalización.

Esa visión está cambiando.

El paciente actual también necesita orientación, información comprensible, continuidad y herramientas que le permitan tomar decisiones sobre su propia salud.

La fragmentación puede convertirse en un problema cuando una persona pasa por diferentes especialistas, establecimientos, pruebas y tratamientos sin una conexión suficientemente clara entre cada etapa.

Por eso, la seguridad no termina cuando el paciente recibe el alta o abandona el consultorio.

Seguridad del paciente: el desafío está antes, durante y después

El Día Mundial de la Seguridad del Paciente, establecido por la OMS en 2019, busca impulsar acciones destinadas a mejorar la seguridad y la calidad de la atención sanitaria.

En 2026, la discusión pone especial atención en las enfermedades no transmisibles y en la necesidad de garantizar una atención segura durante toda la vida.

Esto implica superar una visión fragmentada.

Prevención, diagnóstico oportuno, información clara, tratamiento y seguimiento deberían funcionar como partes de un mismo recorrido y no como experiencias aisladas.

La OPS sostiene además que el acceso universal a la salud supone disponer de servicios integrales, adecuados, oportunos y de calidad, evitando que su utilización genere barreras financieras para las personas.

Del consultorio a casa: el vacío que debe cerrarse

Para Julio Tarré, gerente general de Plan Vital, uno de los cambios fundamentales consiste precisamente en dejar de entender la atención médica como un episodio aislado.

“Durante mucho tiempo hemos entendido la atención médica como un momento: una consulta, un examen o una hospitalización. Hoy necesitamos verla como un recorrido”, sostiene.

La transformación, explica, está en acompañar a las personas antes, durante y después de cada atención, apoyándose en información, tecnología y coordinación para que cada paciente pueda asumir un papel más activo en las decisiones relacionadas con su salud.

Tecnología sí, pero con un paciente en el centro

La tecnología aparece como una de las herramientas capaces de conectar las diferentes etapas de ese recorrido.

Puede facilitar el acceso a información, reducir trámites, mejorar la comunicación y ayudar a mantener la continuidad entre diferentes momentos de la atención.

Pero digitalizar no garantiza por sí mismo una mejor experiencia.

El verdadero desafío consiste en utilizar esas herramientas para conseguir que el sistema sea más comprensible, seguro y humano para quien necesita atención.

La discusión, por tanto, comienza a desplazarse desde una pregunta tradicional —cuántos pacientes puede atender un sistema— hacia otra mucho más exigente: qué tan seguro y acompañado se siente cada paciente durante todo su recorrido de salud.

Y allí puede estar una de las claves de la medicina que viene: el paciente ya no busca solamente atención; busca no quedarse solo después de recibirla.

Fuente: Plan Vital 



Contenido elaborado con apoyo de inteligencia artificial, a partir de información proporcionada y verificada por la redacción.

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