Cuando ya es casi un hecho que para el Mundial del 2030 habrá 64 equipos en disputa, garantizar una clasificatoria competitiva y rentable podría incorporar a Surinam y Guyana, dos países que están en el continente, pero, paradójicamente, fuera de él.

Sudamérica tiene 12 países soberanos. Sus eliminatorias mundialistas tienen 10. Los dos que faltan, Guyana y Surinam, compiten en la Concacaf, junto a México, Estados Unidos, Canadá y las islas caribeñas, a pesar de tener fronteras terrestres con Brasil y Venezuela.

La explicación histórica es comprensible: ambos fueron colonias tardías; Guyana de Gran Bretaña hasta 1966 y Surinam de los Países Bajos hasta 1975, décadas después de que la CONMEBOL fundara sus estructuras en 1916. Cuando llegaron a la independencia, el tren sudamericano ya había partido y la Concacaf les abrió las puertas primero. Lo que en 1975 fue una solución pragmática se ha convertido medio siglo después en una anomalía geográfica que el fútbol debería tener el coraje de corregir.

El argumento más poderoso para el cambio no es sentimental sino estratégico, y tiene nombre y apellido neerlandés. Virgil van Dijk, Georginio Wijnaldum, Ruud Gullit, Frank Rijkaard, Patrick Kluivert, Edgar Davids, Clarence Seedorf y varios más tienen raíces surinamesas por parte de alguno de sus padres. Es decir, la misma tierra que no puede competir contra Chile o Ecuador en una eliminatoria ha exportado a la selección de Países Bajos algunos de los mejores futbolistas europeos de las últimas cuatro décadas.

Curazao demostró en este Mundial 2026, debutando con una actuación histórica, que la diáspora caribeña formada en academias europeas puede convertirse en una selección competitiva en cuestión de años. Surinam tiene exactamente el mismo capital humano disperso en Rotterdam, Ámsterdam y La Haya. Guyana tiene el suyo en Londres y Birmingham, con futbolistas como Ryan Fredericks o Isaiah Jones. Ambos países podrían hacer exactamente lo que hizo Curazao si tuvieran el aliciente correcto: que el premio fuera enfrentar a Brasil, Argentina, Colombia y Uruguay en lugar de las Antillas Menores.

Ahora que es casi un hecho que el próximo mundial se jugará con 64 equipos, y en tres países del subcontinente, la incorporación de Guyana y Surinam a la CONMEBOL sería beneficiosa para todos los involucrados en una dirección que rara vez se menciona. Para esos países, la ganancia es obvia: recibirían a selecciones de primer nivel mundial en estadios que hoy no se llenan para ver partidos de Concacaf, generarían ingresos televisivos impensables, y tendrían un motivo real para invertir en infraestructura deportiva.

Pero para la CONMEBOL también hay algo importante: una eliminatoria de doce equipos donde el último clasificado se juega la vida ante Brasil o Argentina genera más fútbol, más drama, más derechos y más audiencia global que el sistema actual. El precedente ya existe: Curazao, Trinidad y Tobago, Jamaica y Haití han demostrado en estos años que la diáspora caribeña formada en Europa puede dar saltos cualitativos enormes cuando tiene el contexto adecuado para crecer. Como un antecedente más, Surinam llegó a la fase de repechaje –perdió frente a Bolivia– y Guyana remató tercero en su grupo. Es decir, pueden ser competitivos.

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Imagen de portada Agencia Xinhua

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