Lo que debía ser una fiesta deportiva terminó convertido en una noche de barbarie, caos y sangre en Avellaneda. En el estadio Libertadores de América, durante el partido entre Independiente y la Universidad de Chile por la Copa Sudamericana, se desató una masacre entre hinchas que paralizó al fútbol argentino.
Las imágenes de los disturbios rápidamente se volvieron virales en redes sociales, mostrando golpes, corridas y enfrentamientos dentro y fuera del estadio.
El presidente de Chile, Gabriel Boric, reaccionó en su cuenta de X señalando que lo sucedido «está mal en demasiados sentidos, desde la violencia en las barras hasta la evidente irresponsabilidad en la organización». Además, subrayó que «nada justifica un linchamiento», aunque no precisó si se refería a algún hecho confirmado.
Por el momento no se ha informado de víctimas fatales, pero la policía argentina reportó la detención de al menos 300 aficionados de la Universidad de Chile involucrados en los incidentes.
El violento episodio vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la seguridad en los estadios sudamericanos y la urgencia de medidas firmes para erradicar la violencia en el fútbol.
