«Las pruebas demuestran claramente que el Ejército israelí sabía, o debería haber sabido, que Faraj y Khalil eran civiles, pero las atacó de todos modos y, posteriormente, impidió durante horas que los paramédicos las rescataran», afirmó Human Rights Watch (HRW) en un comunicado, en el que tildó lo sucedido de «ataques aparentemente deliberados contra civiles» que constituirían «crímenes de guerra».

«El Ejército israelí afirma que no tiene a periodistas como objetivo, pero los hechos y las pruebas demuestran que lo ha hecho en repetidas ocasiones. Amal Khalil y Zainab Faraj son las últimas víctimas de una larga serie de ataques de este tipo», afirmó Ramzi Kaiss, investigador de HRW para el Líbano.

El incidente ocurrió el pasado 22 de abril en la localidad de At Tiri, del distrito de Bint Jbeil, en el sur del Líbano, cuando las reporteras en cuestión se refugiaron en un edificio tras el bombardeo de un vehículo cercano.

Ataque lanzado y rescate «obstaculizado», pese a aviso de la ONU

A pesar de que la ONU notificó formalmente a las fuerzas israelíes de que había periodistas atrapadas en el lugar, drones israelíes las vigilaron y, casi hora y media después del aviso, la aviación israelí destruyó el inmueble en el que se encontraban.

La ONG acusó además a Israel de haber «obstaculizado» el posterior rescate humanitario mediante el lanzamiento de una granada aturdidora desde un dron y disparos de armas ligeras contra la ambulancia de la Cruz Roja libanesa.

Según sostiene HRW a partir de los informes médicos y la cronología de los hechos, este retraso en la evacuación provocó que Khalil falleciera por un paro cardíaco derivado de una hemorragia grave en la cabeza antes de recibir la atención médica necesaria.

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