Quito, 13 sep (Sputnik). – Ecuador posee una extraordinaria diversidad de orquídeas, con unas 4.250 especies, de las cuales al menos el 85 por ciento está bajo alguna categoría de amenaza por causas como la expansión agrícola, la minería, el cambio climático y la destrucción de los bosques.

«Cada vez la fragmentación de los bosques y de los ecosistemas es mayor y estas especies cada vez van quedando en zonas más relictuales (reducidas) y sí es un tema de mucha preocupación porque hay muchas especies que podrían perderse», afirmó Francisco Tobar, investigador asociado al Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio), a la Agencia Sputnik.

Desde la orquídea más pequeña del mundo, la Platystele enervis, hasta la Caucaea descrita recientemente, corren el riesgo de desaparecer por falta de recursos para la investigación y la conservación en el «País de las Orquídeas», declarado así desde 2013.

La segunda edición del Libro Rojo de las Plantas Endémicas del Ecuador, en 2011, advirtió que muchas poblaciones se encuentran en sitios de difícil acceso, por lo que la cifra podría estar condicionada por la falta de exploración científica.

«Uno de los grupos biológicos de interés que se empezaron a documentar en la cuenca del Pastaza fueron las orquídeas, y muchas de estas únicas de algunas pocas montañas, pero todas fuera de los Parques Nacionales Llanganates y Sangay», apuntó Marco Monteros, director ejecutivo de la Fundación EcoMinga.

El Libro Rojo determinó que el 78 por ciento de las plantas endémicas estaba amenazado en algún grado y el 32 por ciento enfrentaba un grave riesgo de extinción.

En el caso específico de las orquídeas endémicas, el panorama se presentaba más complejo ya que 1.455 especies presentaban algún tipo de amenaza y de estas el dos por ciento estaba en Peligro Crítico, el 11 por ciento en Peligro y el 87 por ciento en Estado vulnerable.

LIBRO ROJO DESACTUALIZADO

Tobar, ingeniero en Manejo de Recursos Naturales, sostuvo que desde la publicación del Libro Rojo existe poca información actualizada y ello también podría tomar tiempo ya que evaluar una familia tan extensa resulta complejo.

«Lo que sí puedo garantizar es que las estadísticas actuales no reflejan la realidad del estado de conservación de esta familia», aseveró.

Mientras, dijo, continúan apareciendo nuevas especies, ampliaciones de distribución y se hacen redescubrimientos de plantas que llevaban más de 40 años sin ser observadas.

Según señaló, en una expedición de apenas 10 días a la provincia de El Oro (sur) se encontraron alrededor de 16 especies nuevas; en tanto, en las estribaciones del Parque Nacional Cotacachi Cayapas, entre los 2.400 y 3.000 metros de altura, se hallaron alrededor de 25.

Según el Libro Rojo, únicamente 227 especies, equivalentes al 13 por ciento, habían sido registradas dentro de alguna de las áreas protegidas del país y las otras fuera de estas.

«Podría enumerar algunas especies inclusive que estamos trabajando recién, que están restringidas a zonas de no más de 100 kilómetros cuadrados. Entonces, si ese parchecito de bosque por X razones desaparece, estas especies también desaparecen», advirtió Tobar.

BOSQUES BAJO PRESIÓN

El Libro Rojo identifica la pérdida del hábitat provocada por actividades humanas como la principal amenaza para las plantas endémicas de Ecuador por causas como la deforestación para la extracción de madera o leña y el cambio de uso del suelo para agricultura, ganadería, urbanización o minería.

El problema resulta particularmente sensible para las orquídeas ya que, según esa publicación, el 82 por ciento de las especies endémicas son obligatoriamente epífitas, es decir, utilizan otras plantas como soporte, lo que evidencia la importancia de conservar también los árboles y bosques que las albergan.

Monteros indicó que durante 20 años Ecominga ha realizado labores de conservación en las provincias de Carchi (norte); Imbabura (norte); Tungurahua (centro); así como en Pastaza y Morona Santiago (Amazonía), lo que les ha permitido establecer las amenazas contra esta especie.

Según precisó, al ser un grupo de plantas muy carismático y de gran interés ornamental, se suma una presión especialmente importante como la extracción de individuos de sus poblaciones naturales, el tráfico y la comercialización ilegal, y el cambio climático.

«En el trabajo de campo estamos percibiendo cambios en los bosques, entre ellos temporadas secas más prolongadas e intensas», señaló el también ingeniero en Recursos Naturales Renovables.

Monteros, también miembro del Grupo de Especialistas de Plantas del Ecuador de la Comisión de Supervivencia de Especies de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), dijo que las alteraciones en la humedad, la temperatura o la duración de los períodos secos pueden afectar su supervivencia, reproducción y, eventualmente, provocar mortalidad en sus poblaciones.

Indicó que las orquídeas se han adaptado a una enorme diversidad de ambientes, algunos de ellos muy particulares por sus características geográficas, climáticas y geológicas, especialmente en los ecosistemas de montaña, donde existen especies altamente especializadas y con distribuciones geográficas muy restringidas.

MINERÍA ILEGAL E INSEGURIDAD

Tobar relacionó la expansión de la minería ilegal con el accionar de estructuras de delincuencia organizada que operan en territorios de interés para la conservación y que impiden a los investigadores llegar a estos sitios.

«La minería actualmente es uno de los problemas graves claves del país, la minería ilegal, sobre todo, y está anclada mucho a estos grupos de delincuencia organizada y todo lo demás de estas mafias, digámoslo así», afirmó.

La inseguridad igualmente afecta al turismo especializado en biodiversidad, que fue impulsado con la declaratoria oficial, en 2013, de Ecuador como «País de las Orquídeas».

El investigador, quien trabajó como guía de grupos internacionales interesados en observar orquídeas, señaló que algunas zonas de enorme diversidad que enfrentan problemas de seguridad han visto reducida la llegada de visitantes.

A esta situación se añade la dificultad de que buena parte de las poblaciones de plantas endémicas se encuentra en zonas de difícil acceso, por lo cual se requeriría mejorar la infraestructura para exploración y la investigación dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP).

EL COSTO DE LA CONSERVACIÓN

Tobar calcula que llevar una nueva especie desde su descubrimiento hasta su publicación científica cuesta alrededor de 2.000 dólares entre expediciones, transporte, combustible, alojamiento y contratación de guías.

Según expuso, buena parte de esos gastos es asumida por los propios científicos, lo cual sigue siendo el principal obstáculo para avanzar en descubrimientos y descripciones de las nuevas especies.

Con los recursos suficientes, el investigador considera que podrían publicar entre 50 y 60 nuevas especies de orquídeas en un solo año, una muestra de cuánto queda todavía por conocer de la biodiversidad ecuatoriana.

«Todo esto se vuelve aún más preocupante porque todavía existen bosques y territorios insuficientemente estudiados. Podemos estar perdiendo poblaciones de especies extremadamente raras e incluso especies que todavía no han sido documentadas por la ciencia», anotó Monteros.

Ambos expertos de esta especie coinciden en que la conservación tampoco puede reducirse a proteger cada flor de manera aislada, sino que requiere de una política pública y recursos para la protección de los bosques que albergan a las orquídeas. (Sputnik)

Con información de Agencia Sputnik

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