De una fiesta que parecía anunciar la resurrección a una pesadilla difícil de explicar. Costa Rica ganaba 3-0 al descanso, pero se derrumbó en el segundo tiempo y Curazao protagonizó una remontada espectacular para imponerse 4-3 en el arranque de la Concacaf Nations League. La noche terminó con reclamos contra Fernando Batista y una afición que pasó de celebrar a cantarle “olé” a su propia selección.

Costa Rica vivió una de esas noches que pueden dejar cicatrices.

Durante 45 minutos, la Tricolor parecía haber recuperado aquello que llevaba tiempo buscando: intensidad, goles, conexión con las tribunas y una sensación de superioridad que invitaba a pensar en una victoria contundente.

Pero todo desapareció después del descanso.

Curazao convirtió un 0-3 en un 4-3 histórico, anotando sus cuatro goles en apenas 20 minutos y silenciando el estadio Ricardo Saprissa. La ficha oficial de Concacaf confirma que Kenji Gorré marcó a los 62 y 78 minutos, Tahith Chong a los 66 y Jordi Paulina completó la remontada a los 82.

Costa Rica necesitó tres minutos para encender La Cueva

El comienzo difícilmente podía ser mejor.

Apenas al minuto 3, Orlando Sinclair abrió el marcador y desató la celebración de los aficionados.

Costa Rica presionaba, recuperaba rápido y encontraba espacios ante una selección de Curazao que parecía incapaz de responder.

Entonces apareció Carlos Mora.

El atacante marcó el segundo a los 23 minutos y volvió a golpear en el tiempo añadido del primer período.

3-0.

La Tricolor se marchó al vestuario con una ventaja que parecía prácticamente definitiva. Sinclair había abierto la cuenta y Mora había firmado un doblete.

Del 3-0 a la pesadilla: Curazao necesitó 20 minutos para destrozar el partido

Lo que sucedió después fue completamente diferente.

Costa Rica perdió intensidad y comenzó a ceder terreno. Curazao tomó el control de la pelota y convirtió la tranquilidad del equipo local en incertidumbre.

Los números ayudan a dimensionar el cambio: Curazao terminó con 62% de posesión, cinco remates al arco y cinco grandes oportunidades; Costa Rica registró 38% de posesión y cuatro disparos a puerta.

El golpe inicial llegó a los 62 minutos.

Kenji Gorré puso el 3-1.

Solo cuatro minutos después, Tahith Chong marcó el 3-2.

En cuestión de minutos, un partido que parecía liquidado volvió a estar completamente abierto.

Y Costa Rica sintió el impacto.

El propio Fernando Batista reconoció después que los dos goles consecutivos afectaron emocionalmente a sus jugadores y generaron dudas en el equipo.

Gorré empató y Paulina completó lo impensable

Curazao ya había olido sangre.

A los 78 minutos, Gorré apareció nuevamente y marcó el 3-3.

La celebración del primer tiempo se había convertido en incredulidad.

Pero todavía faltaba el golpe definitivo.

Cuatro minutos después, Jordi Paulina marcó el 3-4 y completó una remontada que parecía inimaginable cuando los equipos se marcharon al descanso.

Curazao había hecho lo impensable: cuatro goles entre los minutos 62 y 82.

De la fiesta al “olé”: La Cueva estalló contra Costa Rica

El contraste fue brutal.

La misma afición que había celebrado tres goles durante el primer tiempo terminó expresando su frustración contra su propia selección.

Medios costarricenses reportaron silbidos, gritos pidiendo la salida del entrenador Fernando Batista y hasta el “olé” desde las tribunas mientras Curazao controlaba la pelota en los minutos finales.

Batista asumió la responsabilidad después del encuentro.

El entrenador reconoció que el segundo tiempo no le gustó y señaló que deberá corregir los errores que provocaron el derrumbe.

Una derrota que enciende las alarmas

El problema para Costa Rica no es únicamente haber perdido.

Es cómo perdió.

Pasó de dominar 3-0 a recibir cuatro goles consecutivos frente a su propia afición.

Y lo hizo en el inicio de una fase en la que cada punto pesa: esta ronda de la Nations League contempla apenas cuatro partidos por selección y los dos primeros del grupo avanzarán a los cuartos de final.

Costa Rica tendrá que encontrar respuestas rápidamente.

Porque una noche que comenzó con tres goles, ilusión y una afición nuevamente conectada con su selección terminó convertida en todo lo contrario:

un 3-4, cuatro goles recibidos en 20 minutos y La Cueva cantando “olé”.

FIN

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