En un sistema eléctrico en crisis y sometido a ciclos cada vez más extremos de estiaje, la discusión sobre Coca Codo Sinclair exige menos consignas y más ingeniería. La decisión de avanzar hacia un esquema de operación y mantenimiento con PowerChina no es un acto de fe política, sino una respuesta técnica y pragmática para asegurar la disponibilidad de la mayor central del país, en un contexto donde el margen de error del sistema es mínimo.
Coca Codo Sinclair es fundamental para el despacho nacional. En periodos de alta demanda, su aporte permite aliviar la presión sobre embalses reguladores como Mazar y reducir la necesidad de generación térmica costosa y altamente contaminante. En términos de seguridad energética, contar con una central de gran escala plenamente disponible no es opcional: es condición necesaria para evitar racionamientos y sobrecostos sistémicos.
El fenómeno de erosión en el río Coca es un desafío geológico e hidráulico de gran escala, que trasciende la obra. Su abordaje exige obras de protección, modelación hidrosedimentológica y decisiones coordinadas entre el Estado y el operador. Lejos de “abandonar” responsabilidades, el nuevo esquema deberá concentrar capacidades técnicas y financieras para ejecutar medidas de mitigación y proteger activos estratégicos (oleoductos, vías y la propia central). Postergar estas intervenciones debido a litigios resultaría contraproducente, al generar desgaste institucional y desviar la atención de lo verdaderamente prioritario.
Cerrar el arbitraje internacional y canalizar una inversión económica permite reorientar esfuerzos desde la confrontación jurídica hacia la operación efectiva. Para CELEC EP, disponer de recursos frescos y de un contrato de AOM con indicadores claros de desempeño es preferible a mantener una disputa de resultado incierto que no genera un solo megavatio adicional. En sistemas eléctricos tensionados, el tiempo y la confiabilidad valen tanto como el dinero.
El esquema planteado no implica cesión de soberanía ni privatización encubierta. La propiedad del activo permanece en el Estado, con mecanismos de supervisión, auditoría técnica y cumplimiento contractual. Además, un contrato de operación bien diseñado acelera la transferencia de conocimiento, fortalecer equipos locales y estandarizar mantenimiento de clase mundial, reduciendo fallas no programadas y extendiendo la vida útil de la infraestructura.

El Gobierno de Daniel Noboa ha optado por una salida que prioriza continuidad y estabilidad en un momento crítico. La alternativa —prolongar litigios, fragmentar responsabilidades o improvisar operadores sin conocimiento de diseño— habría elevado el riesgo de indisponibilidad. En energía, las decisiones se miden por resultados: megavatios firmes, costos controlados y emisiones evitadas.
Coca Codo Sinclair no es un símbolo estático del pasado, sino un activo vivo que requiere gestión técnica permanente. Con una operación especializada, inversiones en mitigación y gobernanza, la central puede seguir siendo columna vertebral del sistema eléctrico ecuatoriano durante décadas. Apostar por PowerChina significa, por lo tanto, elegir una solución operativa para un problema real, hoy.
En el Ecuador cada megavatio cuenta y la discusión responsable no es quién opera, sino cómo se asegura la producción segura, continua y eficiente de la energía que sostiene al Ecuador. Fin
