El primogénito de Isak Andic, investigado por homicidio, se reunió con quien iba a ser “prologuista” y “asesor” del proyecto editorial, que no vio la luz.
La relación entre Jonathan Andic y Julia Lüderwaldt fue más allá de un trato normal entre un paciente y su terapeuta. Investigado por el presunto homicidio de su padre, el fundador de Mango Isak Andic, Jonathan se implicó personalmente en el desarrollo de la carrera profesional de Lüderwaldt, una mujer que, sin formar parte de ningún colegio profesional ni estar siquiera registrada como psicoterapeuta, logró colarse en las casas de familias de la burguesía catalana. Según fuentes del caso consultadas por EL PAÍS, ese interés de Jonathan por ayudar a Julia fue el que motivó su viaje a Quito (Ecuador) en marzo de 2025, que para los investigadores es uno de los elementos que le incriminan, pues razonan que lo hizo para desprenderse de su teléfono móvil y borrar, así, el rastro de conversaciones comprometedoras con su padre y otras personas.

El 24 de marzo de 2025, cuatro meses después de la muerte del padre en la montaña de Montserrat, Jonathan subió a un avión con destino a Quito. Fue, como dice la jueza y admite la defensa, un viaje “relámpago”, ya que regresó a Barcelona apenas dos días después, el 26. Según han explicado a este diario fuentes al corriente del caso Andic, Jonathan viajó en solitario para mantener reuniones sobre un proyecto editorial de Julia en el que se había embarcado: publicar un libro sobre las llamadas “siete cronologías”, un método que la terapeuta utilizó con los Andic y con otras familias adineradas, que carece de toda base científica y que divide la vida en siete etapas, cada una con sus enfoques y desafíos. Jonathan contó a su entorno que era un proyecto que inicialmente habían planeado Isak y Julia, y que la terapeuta lo reactivó con él tras el fallecimiento del empresario.
Jonathan Andic, inciden las mismas fuentes, participó en reuniones con un exconcejal de Cultura de Quito que iba a ser “asesor” y “prologuista” en la edición del libro, en el que supuestamente Julia, que tiene la doble nacionalidad ecuatoriana y alemana, iba a plasmar por escrito todo su conocimiento sobre las “siete cronologías”. El libro no llegó a hacerse realidad por el curso que tomó la investigación judicial. Según la declaración de Julia como testigo ante la jueza de Martorell (Barcelona) que investiga el caso, el método de las “siete cronologías” dio frutos con los Andic. La mujer citó como ejemplo de esos resultados satisfactorios el hecho de que Jonathan lograra casarse y tener un hijo —nacido nueve meses después de la muerte de Isak Andic en Montserrat— con la influencer Paula Nata.
Julia irrumpió en la vida de la familia más rica de Cataluña de la mano de la viuda de Isak Andic, Estefanía Knuth, que la recomendó para que, entre otras cosas, padre e hijo solucionaran sus conflictos. Sus biografías están salpicadas de tensiones desde siempre, pero éstas se hicieron más insoportables a partir de 2015. Apenas un año después de dejar a su hijo al frente de Mango, Isak constató que la empresa corría el riesgo de irse a pique. De modo que abandonó su vuelta al mundo en el velero Nirvana, regresó para tomar el timón de la empresa y, de paso, relegó a su hijo, que quedó señalado como responsable, al menos en parte, de la crisis de resultados de Mango.
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