La ciencia acaba de sumar una nueva especie a la extraordinaria biodiversidad de Ecuador. En los fríos páramos de Pichincha e Imbabura, a más de 3.700 metros sobre el nivel del mar, investigadores identificaron a Lebia urkumanta, un pequeño escarabajo adaptado a condiciones extremas y con una característica sorprendente: sus alas están tan reducidas que prácticamente ha perdido la capacidad de volar.
El hallazgo fue realizado por Sofía I. Muñoz-Tobar, del Instituto Nacional de Biodiversidad (INABIO), y Pierre Moret, de la Université Toulouse Jean Jaurès, y abre una nueva ventana para entender cómo evolucionan las especies que habitan uno de los ecosistemas más duros y singulares de los Andes.
“Habitante de la montaña”: el nombre que revela dónde logró sobrevivir
El nombre Lebia urkumanta proviene del kichwa y significa “habitante de la montaña”.
No es una elección casual.
La especie fue registrada en zonas del volcán Cayambe y Mojanda, entre los 3.715 y 3.743 metros de altitud, dentro de ecosistemas de páramo de pajonal y páramo arbustivo.
Los investigadores encontraron ejemplares escondidos entre la hojarasca, debajo de rocas y entre la vegetación.
Es decir, en un ambiente donde el frío, la radiación, el viento y las variaciones extremas de temperatura obligan a los organismos a desarrollar estrategias muy particulares para sobrevivir.

El dato que sorprende: sus alas apenas alcanzan una octava parte de su cuerpo protector
Uno de los aspectos más llamativos de Lebia urkumanta es su anatomía.
El escarabajo presenta un cuerpo marrón rojizo, ojos prominentes y una marcada reducción de las alas posteriores.
Estas apenas alcanzan una octava parte de la longitud de los élitros, las estructuras endurecidas que cubren el dorso de los escarabajos.
Esta característica, conocida como braquipterismo, es poco común dentro del género Lebia.
Y en los páramos ecuatorianos solo se comparte con otra especie conocida: Lebia paramicola.
La reducción de las alas sugiere que estos escarabajos desarrollaron adaptaciones específicas para vivir en ambientes de alta montaña donde volar puede no representar una ventaja evolutiva.
Un descubrimiento que también resuelve un misterio de hace más de 20 años
La investigación no se limitó a describir una especie nueva.
También permitió revisar a Lebia paramicola, descrita originalmente en 2005 y conocida hasta ahora únicamente a partir de ejemplares hembras.
Por primera vez, los científicos lograron describir al macho de esta especie.
Además, ampliaron su distribución conocida.
Nuevos ejemplares fueron registrados en el monte Cayambe, en Pichincha, y en Mojanda, en Imbabura, entre los 3.700 y 3.850 metros de altitud.
Al igual que L. urkumanta, estos escarabajos viven debajo de rocas, en pajonales y entre la hojarasca.
Dos especies, una montaña y un enigma evolutivo
Con la descripción de Lebia urkumanta, el páramo ecuatoriano pasa a contar con dos especies conocidas del género Lebia adaptadas a ambientes de alta montaña.
Y allí surge una de las preguntas científicas más interesantes.
Ambas especies viven en una zona geográfica restringida y aparecen juntas por encima de los 3.700 metros en la Cordillera Oriental de los Andes del norte.
Eso podría sugerir una historia evolutiva compartida.
Pero las diferencias encontradas en ciertas estructuras anatómicas apuntan a otra posibilidad aún más fascinante: que la reducción de las alas haya ocurrido de manera independiente en ambas especies, a partir de antepasados distintos capaces de volar.
En otras palabras, dos linajes diferentes habrían llegado a una solución similar para sobrevivir en el mismo ambiente extremo.
Los páramos siguen revelando especies desconocidas
El hallazgo vuelve a poner bajo los reflectores científicos a los páramos ecuatorianos.
Estos ecosistemas no solo almacenan agua y cumplen funciones ambientales fundamentales.
También albergan especies altamente especializadas que muchas veces viven en áreas muy pequeñas y que pueden pasar inadvertidas durante décadas.
La aparición de Lebia urkumanta demuestra que, incluso en zonas relativamente conocidas como Cayambe y Mojanda, todavía existen especies que la ciencia no había descrito.
Eso convierte a los ecosistemas altoandinos en verdaderos laboratorios naturales para estudiar evolución, adaptación y biodiversidad.
Una especie pequeña que cuenta una historia enorme
A simple vista, Lebia urkumanta puede parecer apenas otro escarabajo.
Pero su descubrimiento tiene un valor mucho mayor.
Su presencia revela cómo la vida puede adaptarse a altitudes extremas, cómo ciertas especies pierden la capacidad de volar cuando el ambiente ya no la favorece y cómo los Andes siguen guardando secretos biológicos.
La nueva especie se convierte así en una pieza más de un rompecabezas mucho más grande: el de comprender la extraordinaria diversidad de Ecuador.
Y también deja una advertencia implícita.
Cada especie desconocida que aparece en los páramos recuerda que estos ecosistemas todavía tienen mucho que mostrar.
Y que perderlos significaría perder historias evolutivas que quizá aún ni siquiera hemos descubierto.
La publicación científica completa puede consultarse en:
https://bioone.org/journals/the-coleopterists-bulletin/volume-80/issue-3/0010-065X-80.3.505/A-New-Brachypterous-Species-of-Lebia-Latreille-Coleoptera–Carabidae/10.1649/0010-065X-80.3.505.full
Fuente: INABIO
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