Quito.- La capital ecuatoriana continúa creciendo verticalmente y sumando nuevos proyectos inmobiliarios, pero bajo ese desarrollo existe una amenaza que obliga a mirar más allá de la estética y el precio de una vivienda: la seguridad frente a un terremoto. Datos atribuidos a la Cámara de la Industria de la Construcción (CAMICON) señalan que alrededor del 70% de las edificaciones de Quito se levanta bajo condiciones de informalidad y que hasta un 45% de esas estructuras podría colapsar ante un sismo de alta intensidad.
En una ciudad asentada en una región de elevada actividad sísmica, estas cifras colocan nuevamente en discusión la calidad de las construcciones, el cumplimiento de la Norma Ecuatoriana de la Construcción (NEC) y la responsabilidad de constructores y desarrolladores. El desafío ya no consiste únicamente en levantar más edificios: se trata de construir estructuras capaces de proteger vidas cuando el suelo se mueva.

El 70% de informalidad expone la vulnerabilidad de Quito
La ubicación geológica de Ecuador obliga a considerar el riesgo sísmico como un componente fundamental de la planificación urbana y de cualquier nuevo desarrollo inmobiliario.
En Quito, el problema adquiere otra dimensión debido al peso de la construcción informal. De acuerdo con cifras de CAMICON citadas por el sector, aproximadamente siete de cada diez edificaciones de la capital presentan condiciones de informalidad.
El dato más preocupante está en sus posibles consecuencias. Estudios técnicos del gremio advierten que hasta un 45% de estas estructuras informales podría colapsar frente a un terremoto de alta intensidad.
No significa que un sismo vaya a provocar automáticamente ese escenario, pero sí revela la vulnerabilidad acumulada durante décadas de crecimiento urbano y construcciones realizadas sin suficientes controles técnicos.
Un edificio sismorresistente no significa que permanecerá intacto
Uno de los principios fundamentales de la ingeniería sismorresistente es evitar el colapso y proteger la vida de los ocupantes.
Para conseguirlo, los proyectos deben partir del análisis de las características del suelo y de sistemas de cimentación adecuados para las condiciones específicas del terreno.
La ingeniería estructural también debe permitir que una edificación pueda deformarse y disipar la energía generada durante un terremoto sin perder su estabilidad global.
Es precisamente allí donde la planificación previa puede marcar la diferencia entre daños reparables y una falla estructural de consecuencias graves.
“Columna fuerte-viga débil”: ¿cómo funciona ante un terremoto?
Jorge Calero, arquitecto y gerente general de KŌEN, sostiene que la evolución del sector inmobiliario debe incorporar la seguridad sísmica desde las primeras etapas de diseño y no tratarla simplemente como una exigencia posterior.
“El desafío para el sector inmobiliario siempre será avanzar hacia modelos de construcción funcionales, sostenibles y sismorresistentes desde las bases”, señala Calero.
El especialista destaca la aplicación del criterio conocido como “columna fuerte-viga débil”, mediante el cual la estructura busca concentrar determinadas deformaciones y daños controlados en las vigas mientras las columnas conservan su capacidad para mantener la estabilidad del edificio.
El objetivo es que, durante un movimiento intenso, la energía pueda distribuirse y disiparse de manera controlada, reduciendo la posibilidad de un mecanismo de colapso.
El nuevo desarrollo inmobiliario enfrenta una responsabilidad mayor
El crecimiento de grandes proyectos residenciales y comerciales cambia el perfil urbano de Quito, pero también incrementa las responsabilidades de desarrolladores, arquitectos, ingenieros y constructores.
Un macroproyecto concentra a cientos o incluso miles de personas. Por ello, las decisiones adoptadas durante el diseño estructural, los estudios de suelo, la selección de materiales y la ejecución de la obra tienen consecuencias que pueden extenderse durante décadas.
La seguridad estructural deja entonces de ser solamente un argumento técnico o comercial: se convierte en un elemento esencial para la protección de quienes habitarán esas edificaciones.
¿Cumplir la norma es suficiente?
El debate dentro del sector apunta también hacia la necesidad de no entender la Norma Ecuatoriana de la Construcción (NEC) simplemente como un requisito administrativo.
La expansión inmobiliaria y el riesgo sísmico obligan a incorporar mejores prácticas de ingeniería, controles de calidad, análisis del terreno y diseños que respondan al comportamiento esperado de las estructuras durante eventos extremos.
La diferencia resulta crucial en una ciudad donde una parte considerable del parque inmobiliario fue levantada bajo condiciones de informalidad.
Quito seguirá creciendo y nuevos edificios continuarán transformando su paisaje. Sin embargo, frente a la amenaza sísmica existe una pregunta que debería acompañar cada nuevo proyecto: cuando llegue un terremoto de gran intensidad, ¿estará realmente preparado para resistirlo?
Fuente: KŌEN
Contenido elaborado con apoyo de inteligencia artificial, a partir de información proporcionada y verificada por la redacción.
