Conteo rápido otorga una ligera ventaja a Roberto Sánchez de Juntos por el Perú (50.3%), sobre Keiko Fujimori (49.7%)
Por segunda vez en el presente año, los peruanos acudimos a las urnas para elegir al nuevo o a la nueva máxima autoridad del país, léase presidente o presidenta. Y como ya había sucedido hace 5 años (2021), el conteo rápido mostró resultados opuestos al llamado ‘Boca de Urna’. En término de estadísticas, en Perú se ha producido un empate técnico que se definirá en las próximas semanas.
A las 5 de la tarde, las cifras basadas en la llamada Boca de Urna (encuesta realizada a los electores después de votar) daban una ligera ventaja de Keiko Fujimori de Fuerza Popular (50.7%) sobre Roberto Sánchez de Juntos por el Perú (49.3%), pero cuatro horas después, el conteo rápido de las encuestadoras mostró resultados contrarios.
En su aparición pública tras conocerse los resultados, la candidata Keiko Fujimori hizo un llamado a los personeros a “defender los votos”. Sin duda que la frase es el reflejo de los días y semanas de tensión que habrá en el país, durante el conteo de votos. Roberto Sánchez se mostró más eufórico, pero también hizo alusión a la labor que desempeñarán los personeros.
Sin embargo, los resultados deben analizarse más allá de “quién ganó”, sino que deben ser vistos desde la óptica que en 5 años los peruanos no han podido superar las brechas entre Lima y el interior, existentes desde hace varios lustros (período presidencial en Perú). Lamentablemente, seguimos habitando en un mismo territorio, pero que al mismo tiempo distante en sus reclamos y realidades.
Ni las autoridades y tampoco los líderes políticos han sido capaces de acercar posiciones o, tratar de atender esa realidad. Los resultados de Lima, por ejemplo, arrojan una contundente victoria de Keiko Fujimori, pero el sur andino y la sierra central respaldaron masivamente la opción de Roberto Sánchez.
Quien resulte elegido deberá mostrar mucho tacto político en sus primeros pasos como autoridad. Debe ser consciente que el pleno respaldo a su programa de gobierno no alcanzó ni el 20% de respaldo (de acuerdo con las cifras de primera vuelta, Fuerza Popular 16% y Juntos por el Perú 11%), por lo que sus primeras medidas serán determinantes.
Además, y debido a la proliferación de partidos políticos, el nuevo presidente deberá gobernar con un congreso fragmentado y sin mayoría. Ni siquiera los eventuales acercamientos y/o alianzas con partidos de ideología parecida, les permitirá alcanzar mayoría, así que necesitará personas con capacidad de lograr consenso, tanto en el congreso como en los diversos ministerios.
A ese panorama debe agregar que la economía, como sucedió hace 5 años, tendrá un freno hasta que se conozca el resultado de la elección, por lo que el discurso de Roberto Sánchez y Keiko Fujimori, en los próximos días también influirá en el país que encontrará cuando deba asumir ya como máxima autoridad.
Se vienen días de incertidumbre y rumores, donde la chismografía también juega lamentablemente, un papel gravitante en el humor de la población, desde el llamado peruano de a pie, como en el sector empresarial.
Los analistas hablan de una elección con empate técnico, y la labor atribuida a los personeros por ambos candidatos, será una especie de arbitraje respaldado por el VAR (manteniendo el léxico futbolero). Lo que está claro, es que, acabada la elección, el próximo presidente deberá hacer sus mejores jugadas y mostrar sus habilidades, desde el primer minuto, en un terreno nada favorable… es decir, manteniendo la metáfora deportiva: ganar de visitante y con el público en contra. Tarea que no es fácil en el fútbol, y mucho menos en la política.
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