El tenista español, lesionado de la muñeca desde el 15 de abril, intensificará la rehabilitación con el objetivo de reaparecer en la gira veraniega de EE UU.

El pasado domingo, Carlos Alcaraz irrumpió en el MetLife Stadium de Nueva Jersey envuelto en un traje de color marfil y portando un cofrecillo en cuyo interior se ocultaba la Copa del Mundo de fútbol. También, con una sonrisa de oreja a oreja. Magnífica señal en un deportista especial y diferente, que vive, sueña y compite de la misma forma: bajo el lema de la diversión.

Después de más de tres meses en la reserva, debido a la lesión que se produjo en la muñeca derecha en la última edición del Godó, el tenista (23 años) por fin comienza a ver la luz y la buena evolución se refleja en su rostro. Nada que ver el gesto del 15 de abril (en Barcelona) con el del 19 de julio (en Nueva York).

“Me habéis hecho pasarlo, tío… ¡madre mía! Que parecía que estaba jugando la final de un Grand Slam y todo, macho…”, le decía a Lamine Yamal en el fugaz encuentro entre virgueros, después de dar unos cuantos botes en el palco de celebridades —acompañado ahí por Álex Sánchez (fisio e íntimo amigo) y el futbolista Sergio Reguilón (estrecha amistad)— y de que antes hubiera descubierto el trofeo dorado a pie de césped.

Al hacerlo, el murciano también dejó ver la muñequera que envuelve hoy día la articulación derecha, significativamente distinta a la que lucía en los inicios de la recuperación. De aquella aparatosa férula inmovilizadora pasó a una más ergonómica, para adoptar finalmente un brazalete que limita en menor medida la rotación.

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