La erosión regresiva del río Coca no es un fenómeno nuevo, pero su aceleración puede llevar al país a una crisis energética y estructural. A solo 3,6 km de la captación de Coca Codo Sinclair —la central hidroeléctrica más importante del país— este fenómeno geomorfológico se ha convertido en una cuenta regresiva.

Hoy, más que nunca, se necesita abandonar las soluciones temporales que han demostrado ser ineficaces —enrocamientos, muros de concreto, mitigaciones parciales— y asumir con responsabilidad que esta es una emergencia técnica de alto nivel que requiere una intervención del mismo calibre. No hay margen para improvisaciones ni para discursos políticos: estamos frente a una obra que compromete la seguridad energética del Ecuador y cuya protección exige decisiones que tengan peso técnico, financiero y operativo.
Una solución inevitable: acudir a quienes tienen el conocimiento
La única solución viable pasa por sentarse a negociar con quienes están mejor preparados tanto para su operación, como para su mantenimiento. Sí, los mismos empresa que levantaron la central que hoy abastece alrededor del 30% de la demanda eléctrica nacional. Una central que, representa una inversión que no puede ni debe quedar vulnerable.
Como bien han señalado técnicos especializados, y también exministros de Energía como Fernando Santos Alvite y René Ortíz, es momento de poner sobre la mesa una solución definitiva que incluya un rediseño del sistema de captación. Esto implica obras de gran magnitud, como un túnel de desvío o una reconfiguración del cauce del río, cuya ejecución no solo supera la capacidad financiera del Estado ecuatoriano, sino también su músculo técnico.
“Desviar el río costará mil millones de dólares; los chinos sí tienen ese dinero, Ecuador no lo tiene. Ellos tienen la técnica, Ecuador no la tiene”, ha señalado el ex ministro de energía Fernando Santos Alvite con conocimiento directo del proyecto. Y no se trata de resignación, sino de estrategia: contar con PowerChina —una de las empresas líderes en infraestructura energética a nivel mundial— podría marcar la diferencia entre una intervención sostenible y otro parche más.
El país necesita un acuerdo constitutivo que comprometa, no solo con una solución técnica inmediata, sino con un plan de mantenimiento permanente y transparente. Este acuerdo debe incluir un nuevo estudio integral del comportamiento sedimentológico del río Coca y, sobre todo, considerar la implementación de compuertas o sistemas de limpieza de sedimentos gruesos que nunca debieron omitirse.
Ecuador no está en condiciones de arriesgar la estabilidad de su matriz energética ni la integridad del sistema de bombeo de crudos en la Amazonía por orgullo político. Lo responsable —y lo urgente— es acordar con quienes pueden ejecutar obras de ingeniería a esa escala y con experiencia comprobada en entornos de alta complejidad geológica.
Un giro hacia soluciones reales
La erosión regresiva no se detendrá sola. Y si el país continúa apostando por soluciones parciales, solo ganará tiempo a un precio cada vez más alto. La realidad es que no se puede seguir postergando una decisión estructural, que debe estar anclada en criterios técnicos y ejecutada por actores con la capacidad de cumplir.
En ese sentido, un acuerdo con Sinohydro representa no solo una solución técnica sino también una garantía operativa a largo plazo, con un mantenimiento adecuado, previsión de riesgos y transferencia de conocimiento que fortalezca la soberanía energética del país. Fin
