La relación entre Ecuador y Colombia atraviesa un nuevo momento de tensión diplomática. El Gobierno ecuatoriano presentó una nota formal de protesta tras las declaraciones del presidente Gustavo Petro, quien calificó al exvicepresidente Jorge Glas como “preso político”. La Cancillería ecuatoriana rechazó esas afirmaciones y advirtió que vulneran la soberanía del país.

Ecuador eleva protesta diplomática y llama a consultas a su embajador

El Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana emitió el 7 de abril una nota de protesta oficial dirigida al Gobierno colombiano, en la que expresa su “más enérgico rechazo” a las declaraciones de Petro.

Como parte de la respuesta diplomática, Ecuador también decidió llamar a consultas a su embajador en Colombia, Arturo Félix Wong, una señal clara de inconformidad que marca un deterioro en la relación bilateral.

Cancillería defiende independencia judicial y rechaza “injerencia”

En el documento oficial, el Gobierno ecuatoriano sostiene que Jorge Glas no es un perseguido político, sino una persona sentenciada por la justicia nacional en procesos legales por delitos como asociación ilícita y peculado.

Además, recalca que cualquier intento de cuestionar estas decisiones desde el exterior constituye una violación al principio de no intervención, reconocido en el derecho internacional.

La Cancillería fue enfática en señalar que este tipo de declaraciones debilitan las relaciones diplomáticas y desvían la atención de problemas comunes entre ambos países.

El conflicto escala hacia temas de seguridad y frontera

Más allá del cruce de declaraciones, Ecuador introdujo un elemento adicional en la disputa: la seguridad fronteriza.

El pronunciamiento oficial cuestiona la falta de control en la frontera por parte de Colombia, señalando que esta situación ha facilitado el avance del narcotráfico y de grupos criminales, con impacto directo en la seguridad interna ecuatoriana.

Este giro amplía la tensión bilateral hacia un terreno más sensible, con implicaciones en cooperación regional.

Una crisis diplomática en desarrollo

El episodio configura una crisis diplomática de intensidad media, caracterizada por:

  • Protesta formal entre Estados
  • Llamado a consultas del embajador
  • Endurecimiento del discurso político
  • Disputa de narrativas sobre el caso Glas

Aunque no existe ruptura de relaciones, el escenario abre la puerta a un mayor enfriamiento bilateral, especialmente en temas estratégicos como seguridad y cooperación fronteriza. FIN

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