Una falsa candidatura de Christian Lara, fabricada mediante IA y edición digital, vuelve a encender las alertas. En las elecciones de 2025, Lupa Media verificó 247 contenidos virales y determinó que el 74 % era falso. Algoritmos, plataformas y herramientas generativas están cambiando quién controla lo que vemos y creemos.
Quito, octubre de 2026.- Una imagen parecía anunciar una noticia política: el alcalde de Quito, Pabel Muñoz, posaba junto al exfutbolista Christian Lara y una gráfica con la identidad visual de El Comercio aseguraba que el exseleccionado sería candidato a concejal por el Partido Socialista Ecuatoriano (PSE).
Era falso.
La imagen había sido manipulada mediante inteligencia artificial y edición digital, El Comercio nunca publicó esa información y el propio Partido Socialista confirmó que Lara no forma parte de sus candidatos. Lupa Media desmontó el engaño el 8 de septiembre de 2026.
El caso parece pequeño frente al enorme volumen de contenidos que circula diariamente en internet, pero expone un problema mucho mayor: ya no hace falta crear un medio de comunicación para fabricar una noticia aparentemente creíble. Un logotipo conocido, una fotografía, herramientas de inteligencia artificial y capacidad de distribución pueden ser suficientes para producir y amplificar una falsedad.
La profesora de Comunicación de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) Claudia Rodríguez Hidalgo, especialista en desinformación, identifica tres elementos que potencian este fenómeno: emociones intensas, necesidad de información inmediata y tecnologías generativas cada vez más accesibles.

Una falsa candidatura mostró cómo se suplanta a un medio
La publicación sobre Christian Lara imitó logotipo, tipografía y diseño de El Comercio. Pero la fotografía tampoco correspondía al supuesto encuentro político.
Lupa Media rastreó la imagen hasta una fotografía relacionada con la detención de Lara en abril de 2026, que posteriormente fue manipulada para colocarlo junto a Pabel Muñoz.
El exfutbolista, integrante de la selección ecuatoriana que disputó el Mundial de Alemania 2006, había sido detenido el 7 de abril por un presunto delito de robo. En junio, un tribunal sustituyó la prisión preventiva por otras medidas y, en septiembre, volvió a ser detenido durante un operativo en el sur de Quito, aunque fue liberado horas después. Su abogado sostuvo que se trató de un malentendido.
Ese contexto real hizo que la fabricación tuviera ingredientes capaces de hacerla parecer verosímil.
El mecanismo tampoco era nuevo.
Durante las elecciones presidenciales de Ecuador de 2025, el 42 % de los contenidos desinformativos analizados por Lupa Media utilizó logotipos, estilos o materiales de medios, instituciones públicas o figuras reconocidas para intentar presentar información falsa como auténtica.
Elecciones de 2025: el 74 % de los contenidos virales verificados fue falso
La campaña presidencial de 2025 dejó una radiografía de la dimensión que puede alcanzar el fenómeno en momentos de alta polarización.
Entre el 6 de enero y el 8 de abril, Lupa Media monitoreó diariamente redes sociales y plataformas de mensajería y verificó 247 contenidos virales.
El resultado fue contundente: el 74 % resultó falso.
Además:
- 19,6 % del contenido falso o manipulado incorporó elementos generados o modificados con inteligencia artificial.
- 83 % circuló en formatos visuales, principalmente imágenes y videos.
- 42 % usurpó logotipos, estilos o materiales de medios de comunicación, instituciones o personalidades reconocidas.
- Se detectaron noticieros falsos presentados por avatares generados con IA.
- Tras el debate de segunda vuelta aparecieron siete piezas basadas en deepfakes que simulaban reportes de medios como France 24, RTVE y Noticias Caracol.
El fenómeno fue suficientemente relevante para ser recogido posteriormente por la Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA).
En su informe sobre la segunda vuelta, la misión señaló la existencia de estrategias de desinformación dirigidas a influir en la percepción pública y desacreditar a los contendientes y mencionó expresamente el uso de inteligencia artificial y tecnologías como los deepfakes.
La desinformación también compró publicidad
El problema no se limitó a publicaciones orgánicas compartidas entre usuarios.
Lupa Media identificó durante la campaña la participación de al menos dos compañías extranjeras, IMS Internet Media Services y Global Mind USA LLC, en campañas que difundieron contenido desinformativo mediante productos publicitarios de Google.
Según la investigación, IMS participó en campañas dirigidas contra Luisa González durante la primera vuelta y contra el binomio Noboa-Pinto en la segunda.
Global Mind, por su parte, pautó más de 300 anuncios contra Daniel Noboa, según Lupa Media.
Los hallazgos muestran que la desinformación electoral puede combinar herramientas de IA, suplantación de medios, redes sociales y publicidad pagada para multiplicar su alcance.
¿Por qué creemos y compartimos información falsa?
Rodríguez encuentra una explicación en la forma en que las personas reaccionan ante situaciones emocionalmente intensas.
Elecciones, terremotos, accidentes, acontecimientos deportivos o crisis políticas producen una necesidad inmediata de saber qué está ocurriendo.
“En los procesos electorales, al igual que en un terremoto, se genera una gran cantidad de información y nosotros como ciudadanos necesitamos información para tomar decisiones”, explica.
En esos momentos, sostiene, disminuye la disposición a verificar antes de compartir.
La investigación publicada en Science en 2018 por Soroush Vosoughi, Deb Roy y Sinan Aral, que analizó la difusión de noticias verdaderas y falsas en Twitter entre 2006 y 2017, encontró que las falsedades se propagaban más lejos, más rápido, con mayor profundidad y amplitud que la verdad.
El estudio determinó además que la información falsa tenía 70 % más probabilidades de ser retuiteada y que la verdad necesitaba aproximadamente seis veces más tiempo que una falsedad para alcanzar a 1.500 personas.
La investigación atribuyó esa diferencia principalmente al comportamiento humano, no a los robots automatizados.
Los algoritmos cambian el acceso a las noticias
La transformación va más allá de las noticias falsas.
El Digital News Report 2026, elaborado por el Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford a partir de cerca de 100.000 entrevistas en 48 mercados, documenta un cambio estructural en la manera de consumir información.
Por primera vez, las redes sociales y plataformas de video superaron globalmente tanto a la televisión como a los sitios web y aplicaciones de los propios medios como fuentes de noticias.
La confianza global en las noticias cayó al 37 %, el nivel más bajo de la última década.
Esto significa que una proporción creciente de ciudadanos ya no llega a las noticias abriendo directamente la página de un periódico, radio o televisión. Las encuentra a través de TikTok, YouTube, Instagram, Facebook, creadores de contenido, buscadores y, cada vez más, sistemas de inteligencia artificial.
En ese proceso aparece un intermediario decisivo: el algoritmo determina qué contenido se muestra, en qué orden y con qué frecuencia.
¿Son los algoritmos el nuevo “cuarto poder”?
Rodríguez utiliza una imagen del investigador Carlos Scolari para explicar esa transformación: un periódico ardiendo representa el “viejo cuarto poder”, mientras los grandes empresarios tecnológicos simbolizan un nuevo centro de influencia.
“Hoy hay que pensar quién está controlando lo que vemos, porque ya no son los medios, somos nosotros supeditados a los algoritmos de las plataformas”, sostiene la académica.
La afirmación debe entenderse como una interpretación sobre la transformación del ecosistema informativo, no como la desaparición del papel de los medios.
Los datos del Digital News Report 2026 sí muestran que las plataformas están adquiriendo un peso cada vez mayor como puerta de entrada a la información.
Esto genera una diferencia fundamental: un editor periodístico selecciona información bajo normas profesionales y asume responsabilidad editorial; un sistema de recomendación automatizado selecciona contenidos mediante criterios definidos por la plataforma y por las señales que recibe del comportamiento de los usuarios.
Pseudomedios: apariencia periodística sin responsables visibles
A esta transformación se suma la proliferación de cuentas que adoptan la apariencia de medios informativos.
“¿Cuántos pseudomedios tenemos? Perfiles con miles de seguidores que parecen medios de comunicación, publican todos los días, pero no tienen un rostro identificable ni nadie que diga ‘soy el responsable’ de lo que difunden”, plantea Rodríguez.
La experiencia electoral ecuatoriana ofrece ejemplos de esta estrategia.
Lupa Media identificó cuentas falsas que suplantaban a medios y candidatos y páginas que empleaban lenguaje y formatos periodísticos para dotar de legitimidad aparente a información falsa.
El desafío para el ciudadano aumenta porque la apariencia profesional de un contenido ya no garantiza que exista detrás una redacción, periodistas identificables o procedimientos de verificación.
Desinformación y violencia también golpean a las mujeres
La manipulación informativa puede mezclarse con hostigamiento y violencia política.
En Colombia, el estudio “3000 voces por la democracia”, elaborado a partir de las experiencias de 3.027 mujeres candidatas en las elecciones territoriales de 2023, encontró que 78,8 % experimentó algún tipo de violencia durante el proceso electoral.
La violencia digital afectó al 41,2 %, mientras que el 46,1 % de las candidatas afectadas por violencia política señaló que no volvería a presentarse a unas elecciones.
El dato revela una consecuencia que trasciende las redes sociales: la violencia y las campañas de desprestigio pueden terminar desalentando la participación política.
Uno de cada diez ya utiliza chatbots para informarse
La inteligencia artificial no aparece únicamente como herramienta para fabricar contenidos falsos.
También está convirtiéndose en una nueva puerta de entrada a las noticias.
El Digital News Report 2026 determinó que el 10 % de los encuestados utilizó un chatbot de IA para acceder a noticias durante la semana previa, frente al 7 % registrado un año antes.
Entre los menores de 35 años, la proporción alcanza el 16 %.
El Reuters Institute subraya, sin embargo, que todavía se trata de una fuente complementaria: muy pocos usuarios dependen exclusivamente de los chatbots para informarse.
La confianza también constituye un límite. El informe encuentra niveles considerablemente menores de confianza en noticias obtenidas mediante plataformas y sistemas de IA que en las fuentes informativas elegidas directamente por los usuarios.
El riesgo de confiar ciegamente en una inteligencia artificial
Rodríguez advierte sobre otro problema: tratar las respuestas de un chatbot como si fueran necesariamente verdaderas o neutrales.
“La IA te engancha mediante la condescendencia”, sostiene la académica, quien considera que la tendencia de algunos sistemas conversacionales a acompañar o validar al usuario puede resultar problemática en determinadas circunstancias.
El debate adquirió especial sensibilidad después de la muerte de Adam Raine, un adolescente estadounidense de 16 años, en abril de 2025.
Sus padres demandaron posteriormente a OpenAI y alegaron que, durante meses de conversaciones, ChatGPT habría reforzado pensamientos autodestructivos de su hijo y llegado a ofrecer ayuda para redactar una nota de despedida.
Estas afirmaciones forman parte de las acusaciones presentadas por la familia en una demanda y no deben presentarse como hechos determinados judicialmente.
El caso abrió un debate internacional sobre las salvaguardas necesarias cuando menores o personas vulnerables utilizan sistemas conversacionales de inteligencia artificial.
Pensamiento crítico: la herramienta que no puede automatizarse
Frente a algoritmos capaces de decidir qué vemos, imágenes generadas artificialmente, voces clonadas y páginas que imitan a medios profesionales, Rodríguez propone volver a una herramienta mucho más antigua: el pensamiento crítico.
“Sin el pensamiento crítico no estaríamos hablando de desinformación como problema global ni de posverdad”, sostiene.
La primera defensa puede ser sencilla: detenerse antes de compartir.
¿Quién publica la información? ¿Existe el medio? ¿Hay un autor identificable? ¿La noticia aparece en la página oficial que supuestamente la difundió? ¿La imagen corresponde realmente al acontecimiento? ¿Otros medios confiables informan lo mismo?
Rodríguez recomienda también revisar periódicamente las cuentas que cada usuario sigue y preguntarse qué información útil aportan.
“Hagan una revisión de a quién siguen y qué información útil les está aportando”, plantea.
El caso de Christian Lara demuestra por qué esa pausa puede importar. Una imagen podía parecer una noticia de El Comercio, mostrar a un personaje conocido y referirse a una elección real que Ecuador celebrará en 2027. Pero ninguna de esas apariencias convertía la historia en verdadera.
La próxima batalla contra la desinformación probablemente no consistirá en distinguir una fotografía evidentemente falsa de una verdadera. Será reconocer contenidos cada vez más convincentes en un ecosistema donde algoritmos, inteligencia artificial, publicidad y emociones compiten por capturar nuestra atención.
Y en ese escenario, verificar antes de creer —y antes de compartir— se convierte en una responsabilidad ciudadana.
Fuente: UTPL
Contenido elaborado con apoyo de inteligencia artificial, a partir de información proporcionada y verificada por la redacción.
