En el contexto de la crisis energética que atraviesa Ecuador, algunos medios y analistas han señalado la supuesta responsabilidad de la hidroenergía en el desabastecimiento actual. Sin embargo, la raíz del problema se encuentra en la falta de inversión en fuentes de energía complementarias, como la energía térmica, eólica y solar, que debían actuar como respaldo en épocas de estiaje y emergencias.
Desde el diseño de las grandes hidroeléctricas, se planificó un modelo energético diversificado que incluía la incorporación de un paquete de generación termoeléctrica y el desarrollo de energías alternativas, como la eólica. Pero durante los últimos siete años, las administraciones de Lenín Moreno y Guillermo Lasso no ejecutaron las obras necesarias para fortalecer estas fuentes de energía, dejando al país en una situación de vulnerabilidad ante fluctuaciones en la disponibilidad hidroeléctrica.
En lugar de fortalecer el parque termoeléctrico o promover proyectos eólicos y solares, el gobierno actual de Daniel Noboa ha decidido priorizar la producción a partir de combustibles fósiles como solución inmediata. Esta medida ha generado críticas por parte de expertos del sector y ambientalistas, quienes alertan sobre el impacto ambiental y la falta de sostenibilidad de esta estrategia a largo plazo.
“La crisis no se debe a la hidroenergía, sino a la falta de planificación y de inversiones en energía térmica y renovables. El estiaje es un fenómeno natural que se repite cada año, pero la desatención a las obras complementarias nos ha dejado sin opciones de respaldo”, explicaron analistas energéticos.
Actualmente, el sistema eléctrico nacional se enfrenta a un déficit que podría haberse mitigado con una mayor integración de fuentes energéticas alternativas. Se estima que el país cuenta con un potencial significativo para desarrollar energía eólica y solar, que sigue sin ser explotado de manera efectiva debido a la falta de políticas de incentivo y apoyo financiero.
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