Las temperaturas de hasta 33 °C y la elevada humedad en Guayaquil pueden agravar los problemas de salud de personas con hipertensión, insuficiencia cardíaca y enfermedades renales.

Un cardiólogo del hospital Luis Vernaza explica cómo el calor y la deshidratación pueden provocar descompensaciones y por qué estos pacientes deben extremar los cuidados.

El calor sofocante de Guayaquil no solo genera incomodidad. Para las personas que padecen enfermedades crónicas, la exposición prolongada a altas temperaturas puede alterar la presión arterial, favorecer la pérdida de líquidos y electrolitos y aumentar el riesgo de complicaciones cardiovasculares y renales.

Adrián, un guayaquileño de 50 años que vive con hipertensión desde hace 15 años, experimenta estos efectos cuando sale de su oficina climatizada para recoger a sus hijos durante las horas de mayor calor. El trayecto en su vehículo, cuyo aire acondicionado está averiado, suele provocarle dolor de cabeza y un aumento de la presión arterial.

“Cuando llego a casa, descanso un rato y me tomo la presión. Me sale 150/85, y eso siempre me pasa cuando hace demasiado calor”, relata.

Su experiencia refleja una de las preocupaciones de los especialistas: las altas temperaturas pueden afectar de distintas maneras a quienes tienen enfermedades preexistentes, por lo que es importante reconocer los síntomas y mantener un control médico adecuado.

¿Cómo afecta el calor a las personas con hipertensión?

Nicolás Anzules, cardiólogo y coordinador del servicio de Cardiología del hospital Luis Vernaza, explica que las altas temperaturas desencadenan respuestas fisiológicas que pueden modificar la presión arterial.

Una de ellas es la vasodilatación, es decir, el ensanchamiento de los vasos sanguíneos, que puede provocar una disminución de la presión. A esto se suma la sudoración abundante, que favorece la pérdida de agua y electrolitos, especialmente en un ambiente cálido y húmedo como el de Guayaquil.

“Esa sudoración que se emite en el cuerpo también me deshidrata al paciente”, explica el especialista.

En personas que trabajan al aire libre o permanecen durante varias horas expuestas al sol, la combinación de vasodilatación y pérdida de líquidos puede provocar una caída importante de la presión arterial. Entre sus consecuencias están los mareos, la debilidad, el malestar e incluso los desmayos.

Sin embargo, no todos los pacientes reaccionan de la misma manera. En el caso de Adrián, la presión aumenta durante los episodios de calor. Anzules señala que pueden presentarse respuestas diferentes, especialmente cuando la hipertensión no está bien controlada.

El paciente reconoce que en ocasiones olvida tomar su medicación diaria, una situación que puede dificultar el control de la enfermedad.

Por eso, los especialistas recomiendan mantener el tratamiento prescrito, controlar periódicamente la presión arterial y consultar al médico ante cambios persistentes en sus valores. No se deben suspender ni modificar los medicamentos por cuenta propia.

¿A partir de qué temperatura aumenta el riesgo para la salud?

Según Anzules, el cuerpo puede responder sin mayores dificultades hasta los 31 °C, aunque las condiciones ambientales y el estado de salud de cada persona son determinantes.

Cuando la temperatura aumenta o la sensación térmica es mayor, el organismo necesita realizar un esfuerzo adicional para disipar el calor. La humedad elevada dificulta la evaporación del sudor y puede impedir que el cuerpo se enfríe con eficacia.

Esto significa que el riesgo no depende exclusivamente de la temperatura que marca el termómetro. También influyen el tiempo de exposición, la actividad física, la edad, la hidratación y la presencia de enfermedades crónicas.

En Guayaquil, donde las temperaturas han llegado a los 33 °C durante algunas jornadas, estas condiciones merecen especial atención en personas con enfermedades cardiovasculares o renales.

Insuficiencia cardíaca: por qué beber demasiada agua también puede ser peligroso

Las personas con insuficiencia cardíaca necesitan precauciones adicionales durante los períodos de calor. Aunque la sudoración aumenta la pérdida de líquidos, beber agua en exceso puede resultar perjudicial para quienes tienen dificultades para bombear la sangre de manera eficiente.

Anzules advierte que un consumo excesivo de líquidos puede generar sobrecarga de volumen, ya que el corazón no siempre puede manejar el aumento de sangre circulante.

El especialista menciona un consumo de entre 1,5 y 2 litros de agua al día para determinados pacientes; sin embargo, esta cantidad no debe considerarse una recomendación universal. La necesidad de líquidos depende de la condición clínica, la función cardíaca y renal, los medicamentos y las indicaciones del equipo médico.

En estos casos, también puede ser necesario controlar el peso a diario. Un aumento rápido puede alertar sobre retención de líquidos, mientras que una pérdida importante puede relacionarse con deshidratación u otros cambios que requieren valoración médica.

Ante variaciones inesperadas del peso, hinchazón o dificultades para respirar, los pacientes deben contactar a su equipo de salud, sin ajustar por su cuenta los diuréticos u otros medicamentos.

Pacientes renales: el calor y la deshidratación pueden complicar el tratamiento

Las personas con insuficiencia renal también son vulnerables a las altas temperaturas. La sudoración excesiva puede favorecer la deshidratación, pero aumentar indiscriminadamente el consumo de agua tampoco es una solución segura.

El problema es especialmente delicado en pacientes que reciben diálisis y producen poca orina o han dejado de orinar. En estos casos, el líquido ingerido puede acumularse en el organismo y provocar una sobrecarga que afecte al corazón y favorezca la acumulación de líquido en los pulmones.

El cardiólogo del hospital Luis Vernaza señala que durante la última semana han recibido pacientes descompensados en medio del intenso calor.

Por ello, quienes reciben diálisis deben respetar las restricciones de líquidos que les haya indicado su nefrólogo y consultar si presentan sudoración intensa, debilidad, mareos u otros síntomas inusuales. Las recomendaciones deben adaptarse a cada paciente y a su tratamiento.

Qué hacer ante una caída de presión o una descompensación por calor

Los especialistas recomiendan tomar precauciones antes de que aparezcan los síntomas y reconocer cuándo una situación requiere atención médica.

Entre las medidas preventivas están:

  • Evitar las horas de mayor calor: reducir la exposición directa al sol y las actividades físicas intensas durante las horas más cálidas.
  • Permanecer en lugares frescos: buscar espacios ventilados o climatizados y utilizar ropa ligera.
  • Mantener una hidratación adecuada: beber líquidos según las necesidades individuales y las indicaciones médicas, especialmente si existe insuficiencia cardíaca o renal.
  • Controlar la presión arterial: seguir las mediciones indicadas por el médico y registrar cambios relevantes.
  • Cumplir el tratamiento prescrito: no olvidar las dosis ni modificar los medicamentos sin supervisión profesional.

Si una persona presenta mareos o sensación de desmayo, debe dejar la actividad, trasladarse a un lugar fresco y sentarse o recostarse para evitar una caída.

El dolor en el pecho, la confusión, la dificultad para respirar, la pérdida de conciencia o una debilidad intensa requieren atención médica urgente. No se debe intentar resolver una descompensación grave únicamente con agua, dulces o remedios caseros.

El calor exige cuidados especiales para quienes viven con enfermedades crónicas

Las altas temperaturas representan un desafío adicional para las personas con hipertensión, insuficiencia cardíaca y enfermedad renal. La combinación de calor, humedad, sudoración y tratamientos médicos específicos hace necesario adaptar las medidas preventivas a cada condición.

La recomendación central es evitar la exposición prolongada al calor, reconocer los signos de alarma y mantener el seguimiento médico. En pacientes con enfermedades crónicas, tanto la pérdida excesiva de líquidos como su acumulación pueden tener consecuencias importantes.

En una ciudad como Guayaquil, donde la sensación de bochorno puede intensificarse por la humedad, la prevención y el control oportuno pueden marcar la diferencia ante una descompensación.

Con información de – El Universo

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